Acabó la semana—la primera de Perpetuo—. Con ello, llega nuestro primer suplemento: el 3, 2, 1.
Verán, además de la historia principal de la semana, cada viernes, publicamos algunos de los textos más interesantes del español priorizando a autores jovenes. Piénsalo como un respiro creativo.
¿Por qué? En Perpetuo, queremos llevar a la reflexión de nuestros lectores—textos que lees una tarde pero los piensas la vida entera—. Los ensayos largos y crónicas son una manera de hacerlo, tal y como le apostamos cada lunes. Pero, también, lo son las diversas ramas de la literatura. Este es otro intento por lograrlo.
De ahí el 3, 2, 1. Tres poemas, dos ensayos y un cuento cada viernes.
Prepárate un café, agarra un buen rincón y ve los logros del español antes de que ganen el Nobel.
Todo con tu membresía de Perpetuo.
Nota del editor: Los poemas de esta semana fueron ganadores del primer concurso de poesía que hicimos en Perpetuo. Entonces, Perpetuo era una idea rascuacha sin apoyo financiero ni más recursos que una página en Instagram, una suscripción a Canva y mucha pasión. Valió la pena. Fue de las mejores ideas que tuvimos.
Recibimos más de 150 poemas de casi todos los países de habla hispana (una pena que aplicó nadie de Paraguay ni de Guinea Ecuatorial—por cierto, si alguien conoce poetas paraguayos o ecuatoguineanos, escríbanme a jlsabau@perpetuo.lat).
¿Por qué ganaron? Fui parte del jurado y de las deliberaciones. La conclusión a la que llego es la del adjetivo “pegajoso”—que es, la mejor característica de la poesía sincera—. Son poemas que se te quedan como lo viscoso se te aferra los dedos. Cada que veo caracol, pienso en el poema de Barrientos. Lo mismo con mosquitos y el de Salazar. El de Puentes es doloroso; me recuerda al pasado.
[A veces recuerdo aquel caracol]
Primer lugar del concurso
por María Fernanda Barrientos
A veces recuerdo aquel caracol
que pisé un día empacando la maleta
en el baúl del carro de alguien
Ese sonido
su brutal forma de dejarme saber que
le he desquebrajado
me persigue cuando me pregunto
hacia dónde me está llevando el mundo
Si yo pienso por el resto de mi vida
en la de ese ser diminuto
tal vez ese día no fui la muerte
fui parte de un intercambio de energía
compartimos la conciencia de que yo también
puedo levantarme lento de entre sus escombros
Aun así, me aterra
escuchar crujir mi casa
o arrastrarme por el suelo moribunda
Cada tanto soy y solo seré
la máquina de demolición
soy el terrible destino
de recordar que provoqué
la ausencia de otros.
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El vuelo de una bomba
Segundo lugar del concurso
por María Paula Salazar Hidalgo
El vuelo de una bomba
Como una mosca
Bzzz bzzz
Un ruido incesante
Que golpea mi cara
Me molesta, me nubla
No para y no para
Me asfixia, me turba
Un silbido
U N E S T A L L I D O
Un silencio
Bzzz
bzzz
bzzz
Continúa la mosca
Pero ya no hay a quien le moleste
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Avalancha [Fragmento]
Tercer lugar del concurso
por Angie Lucia Puentes Parra
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti.
-Idea Vilariño
I.
Las manos juntas, entrecruzadas
de frente, la cordillera de los Andes
las manos juntas, contemplando,
las montañas eclipsadas, cubiertas de nieve.
II.
En Santa Cruz, los árboles de Pehuén se abren
sus puntas se desparraman, abren sus hojas al sol de invierno.
En el centro de la plaza, hay tres árboles pehuén
tu voz recorre el ritmo de las calles,
hablas de tus antepasados mapuches,
de las armas, las luchas, ese árbol, epicentro de tu vida.
III.
En Algarrobo, había un bosque escondido
de fondo, estaba el mar helado,
el agua que transportaba las verdades profundas,
verdades profundas de la humanidad
La verdad que tú decías
la verdad cubierta de viento de invierno entre tus labios
La verdad, tu verdad, porque tú tenías la verdad.
Decías que somos descendientes de los animales marinos
que nuestra naturaleza humana, frágil,
desciende de las profundidades del mar, en el ártico, en el sur de este continente herido.
[…]
Lee el poema completo:
Nota del editor: Pienso mucho en violencia y poco en mí. Lo que acostumbro es verla como un acto ajeno; algo que, o se comete en el mundo sin que yo sea partícipe. Lo veo en gritos callejeros y peleas. Supongo, la diferencia con Ala Laura es la honestidad. Ella tomó una mirada crítica para ver que la violencia aplica a uno y aplica también en las palabras.
¿Mi identidad genera violencia?
por Ana Laura Citalán
Me pregunto si, acaso, he ejercido violencia a través de mi identidad. Si mi ser violenta a otros.
No me refiero a acciones abiertas o agresivas, sino a algo más sutil: a momentos en los que mi forma de pensar, de vivir, de nombrar el mundo pudo haber invalidado o excluido la de otros. Momentos en los que mi presencia pudo haber ocupado más espacio del necesario, en los que mi verdad parecía la única, en los que no supe leer los matices de otras formas de ser.
Nota del editor: Cuenta la leyenda que, cuando Canetti terminó Masa y poder, dijo que, por fin, había agarrado «al siglo veinte por el cuello». El veintiuno aún es reciente—cincuenta y seis años más joven que los que tenía el siglo veinte cuando Canetti escribió su ensayo—. Aún así, hay ya ciertas tendencias que nos dan a entender sus diferencias con el pasado. Este es mi intento por agarrar al siglo veintiuno por el cuello—aunque, sospecho, es un tanto más escurridizo—.
La generación de la zozobra
por su amigo, el editor, J. L. Sabau
Hay solo una certeza en nuestra vida: su naturaleza incierta. Es, en realidad, un principio ancestral; lo venimos cargando desde hace varias décadas—quizá, desde el alba de la humanidad—. En cada ocasión, cual camaleón, se presenta con nuevos detalles. Un mismo color que va cambiando; por más que se preserve, ha de esclarecerse u opacarse. Sigue, sin embargo, siendo el mismo rojo o azul de un principio. Lo impredecible permanece a nuestro lado como ángel de la guarda o demonio embrujado. Escaparnos de él es difícil—imposible, inclusive. A nuestra especie, aún cuando se manifieste de formas alternas, la incertidumbre sigue pegándole. No podremos amaestrarla; el entenderla es un tanto más probable.
Lee el ensayo completo:
Nota del editor: Ya lo decía Dylan; los tiempos están cambiando. La Ciudad de México de Bolaño, ya no existe. La Roma y la Condesa, se han vuelto en barrios de alcurnia; los autores ahora viven realidades distintas. Este es de los primeros cuentos que veo enfrentándose al cambio. Es evidencia de cómo, en el presente, nos aferramos al pasado—quizá más para mal que para bien—. También, de cómo en esas búsquedas, encontramos historias que contar. Lo único certero es que es una historia de un México distinto; el de Millet y no el de Bolaño.
Diálogos por la modernidad
Escrito por Alonso Millet
Era martes por la tarde, casi las cuatro, cuando discutía con Ernesto. Sesto, le llamamos entre cuates, por su parecido al cantante español de cuyo apellido sacamos el apodo. Él insistía: hoy en día no se puede escribir literatura, una buena literatura, sin ser miserable; todo buen poeta, narrador, dramaturgo, hasta ensayista o cronista, vive o ha vivido, o vivirá en la miseria. Yo no estaba de acuerdo. Para todo caso, habría que definir miseria o, más precisamente, ser miserable…
Lee el cuento completo:
Cada semana, buscamos artistas que puedan unir los seis textos de la semana de manera gráfica. Esta semana, tenemos ilustraciones de Nathalie Medina, una artista gráfica de Cozumel, México. Juega con las técnicas, como los prodigios musicales juegan con los instrumentos. He visto cómo usa acuarela, grabados, fotografías y bordados para expresar lo que yace detrás de lo cotidiano—las emociones ocultas en lo que vemos.
Puedes ver más de su trabajo aquí.







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