Dicen que ya nadie escribe ensayos. Nosotros no nos la creemos ni de cerca. Por eso lanzamos nuestro primer concurso de ensayos para autores en español.
Puedes participar con cualquier ensayo de cualquier extensión de cualquier tema. Así como lo leíste. Lo único que importa es que sea bueno.
El primer lugar se lleva 500 USD.
Acá la convocatoria completa:
Pero ahora, volvamos a la literatura…
Micrommata
de Ordalvas
Tus pálpebras son oscuras atmósferas Que preservan dos planetas distintos: Uno es verde, huevo de Micrommata, El otro azul, canto a las cataratas. Arrullan con sopores saprofíticos De una suave ilusión hidrotermal... Luego, en los pliegues del canto, ¡enterrar! [...]
Nota del editor: Hay una labor del poeta poco reconocida, pero esencial. Son los guardianes del idioma. Son esos que encuentran palabras que caen en desuso y les dan una nueva vida. Las colocan en sus versos y las moldean en frases que explican, sin necesidad de un diccionario, el significado que han ido perdiendo—o, incluso, el que el poeta quiere darles con este segundo aliento—. Quizá esa es la verdadera labor de un poeta; rescatar vocablos. Eso me hace pensar este poema de Ordalvas—quien, agradezco, haya hecho de Perpetuo su hogar—. Desafío a que se lea sin diccionario; es más útil la guía del poeta.
Lee el poema completo:
Soneto I
de Juan Carlos Campuzano Maldonado
Me dices con tus ojos: «¿Por qué me miras?» y enmudecen mis labios al momento, pues llevo en la pupila el sacramento de todo lo que callo y lo que inspiras. Te miro porque en ti las horas giras, porque en tu gesto habita el fundamento del mundo, de mi mundo, su ternura y su tormento, y en tu mirar las sombras se retiran. [...]
Nota del editor: He pensado por harto tiempo que la mejor poesía es esa que desentraña un instante; que le va quitando cada capa hasta que no queda más que su sinceridad más profunda. Así pienso, también, de los versos de Campuzano que hablan de una sola mirada pero que hablan, en esa mirada, de la vida entera—¿qué es la vida si no lo que pasa entre mirar los ojos de la persona amada?—.
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Kairos
de David Rubiano
Ya entendimos que eres serpiente, víbora, reptil. Entendimos que te arrastras sobre vientres, deslizas tus tripas en el suelo para saborear las brasas de las tierras. [...]
Nota del editor: Rubiano entiende eso que nos separa de los cristianos tempranos y los humanos de las posguerras. Hemos vivido tantos cataclismos que ya hay cierto hartazgo de las profecías que todo quieren terminar. Si algo, lo que caracteriza al siglo XXI ha de ser eso que escribe sutilmente—como hace la buena poesía—en estos versos contados. Es el sentir las mismas alarmas pero enfrentarlas con cierto desconcierto. Sean de política, del medio ambiente o de nuestra cotidianeidad. Este siglo es el de Kairos constante y atrapado por la coleta; del Kairos que no logra cumplir la promesa del fin.
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De amor y desamor: Los años nuevos
de Juan Puebla
He terminado de ver la serie española Los años nuevos; esa del aclamado director madrileño Rodrigo Sorogoyen. Me arrepiento de no haberla visto antes.
Sus diez episodios serie son un retrato auténtico y ágil del amor y sus circunstancias en tiempos modernos. La vida es compleja; las emociones prevalecen en las nuevas generaciones con tal fuerza que impiden ver con claridad lo que nos depara el futuro. La serie retrata de forma fidedigna la revaloración del amor y de las sensibilidades en una época de incertidumbre e instantaneidad.
[…]
Nota del editor: Hacía tiempo que una reseña no me llevaba a consumir algo de contenido. De hecho, mi regla general es la de huirles. La mayoría son resúmenes sin más; otras son alabanzas vacías. La de Puebla es algo distinto. Es personal pero general; es un intento muy profundo de conectar con la obra de la que habla de tal forma que el lector no puede evitar cuestionarse si también podrá sentir lo mismo al ver esa serie. Por mi parte, ta me tienen descifrando cómo ver Los años nuevos.
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La muerte del periódico
de su amigo, el editor, J.L. Sabau
Soy de la creencia—radical, para algunos—que el periódico está viviendo sus últimos días. Que, delante nuestro, viene una era distinta en lo que a la comunicación concierne y en cómo pensamos y nos relacionamos con los hechos. Es decir, y con toda franqueza, viviremos para ver la muerte del periódico. Quizá, incluso ya la hemos visto.
No siento lástima por su final. Si algo, siento que tenerla es un error enorme que cometen los medios al por mayor (sobre todo, los del mundo hispano). El periódico no tiene un espacio en el siglo XXI. La nostalgia no nos llevará a sitio alguno. Ese es mi argumento.
[…]
Lee el ensayo completo:
12:10 p. m.
de Fernando Hernández Tovar
12:10 p.m.
Francisco se cepilla el (poco) cabello (que le resta). Llegó de paso a casa de su mamá en la colonia Nuevo Repueblo. La calle es Capitán Diego Rodriguez, para ser más precisos. Hoy es jueves, día de la visita semanal. Le trajo el mandado, un dominó, un vasito de café y varios abrazos. Ya va de salida; hoy le toca trabajar hasta la una. Se despide tranquilamente, se termina el panqué casero con el que acompañaron su café y pasa por última vez al baño.
De salida, Francisco recoge de la mesa las llaves de su Ford pickup del ‘99. Se abre un portón blanco que anuncia la partida, se sube a la camioneta y doña Lupita le manda la bendición a distancia, que se pierde al cierre del portón.
[…]
Nota del editor: Quizá, América Latina es una sociedad de instantes; de instantes que te cambian la vida por fuerzas que van más allá. Lo que es verdaderamente terrible de este cuento de Hernández, es su sinceridad y transparencia. Es una realidad que todos hemos, por lo menos, escuchado entre murmullos de América Latina. Es la realidad de cómo, en una hora exacta, pueden cambiar todos los minutos subsecuentes.
Lee el cuento completo:
Estás sentado en un café. Pagaste por un americano que pudiste hacer en casa. Te acaban de despedir. Estás en una crisis y sientes que no has logrado lo que prometía la juventud; no tienes una página de Wikipedia y eso, en el siglo XXI, puede leerse como un fracaso.
De esta sensación escribió Gallo Molina para Perpetuo. Es un ensayo personal que refleja lo que han sentido tantos autores a lo largo de la historia y que siguen sintiendo; ese sentimiento de no haber logrado lo suficiente y la calma que puede nacer de esa crisis momentánea.
La constante insatisfacción de no aparecer en Wikipedia
de Gallo Molina
Escribo desde una cafetería cuyo nombre nunca recuerdo porque no tiene nada de especial; no es una palabra rimbombante ni una de esas que parece que eligieron al azar abriendo un diccionario. Yo suelo llamarle el “café gentrificado”, tanto porque forma parte de un edificio con departamentos que se rentan en Airbnb, como porque, a menudo, se llena de extranjeros.
Frente a mí está una pareja que lleva varias maletas. Seguro van al aeropuerto después de su estancia en el edificio colindante. A mi izquierda trabaja una mujer joven que da indicios de ser mexicana y a mi derecha un gringo, con un acento seseante, metido en una videollamada de negocios dadas las cantidades tan altas de dinero que menciona a cada rato. Acaban de poner música navideña. En medio estoy yo, sintiéndome culpable por haber pagado por un café (caro para ser un americano aunque hay que decir que es un muy buen americano) que pude haber preparado en casa. Lo cierto es que necesitaba salir, despejarme, tocar pasto, sentir el sol en mi cara, aunque sólo fuera porque es gratis.
[…]
Nota del editor: Me he sentido como Molina muchas veces. Nunca he tenido el valor de escribirlo. Mi estrategia es más la anglosajona del fake it ‘til you make it. Es dañina, lo sé bien. Ahora aún más leyendo las palabras de Molina y sintiendo la sinceridad que hay en ellas. Eso hace un buen autor. Hace que lo personal se sienta universal. Eso es lo que logra en su ensayo.
Lee el texto completo:
La ciudad barroca
de Andrés López Benítez
No había pensado en el valor de lo barroco—o la nostalgia que podría provocarme—hasta que vi las fotos de López Benitez y leí su foto ensayo. Es una nostalgia por un tiempo donde cada detalla, por más ínfimo, cargaba significado. Es el entrar a una iglesia y sentir una fugaz impotencia de no poder entenderla toda en un momento como acostumbramos con tanto arte.
Vean sus imágenes. Lean sus palabras. Valdrá la pena.






Ve el foto ensayo completo:
























