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Ahora, sin más, volvemos a los tres poemas, dos ensayos y un cuento de la semana.
Frenesí
de Giovanni Hidalgo Valerio
Oprimido por el caparazón de la cotidianidad, encerrado en la zozobra, en el desconcierto, con oscuras muecas que cercenan la libertad mis ansias de enrumbar en navíos rebeldes que corten mares perniciosos de trajín. El tedio es un cazador silencioso de pequeñas garras que socavan el espíritu y cierran, a veces infranqueables, sus puertas. [...]
Nota del editor: Lo que me aterra de estos versos de Hidalgo es lo contrario a lo que me aterra del Quijote de Cervantes. En las aventuras del caballero de triste figura, me aterra que la literatura pueda llevar al humano a la locura, a tal grado que lo abandone todo y se ponga a vivir sueños de caballeros donde lo ignoran. En los versos de Hidalgo, me aterra que la literatura ya no pueda hacer eso siquiera y que vivamos todos con la fantasía pero sin el poder de cumplirlas. En ese giro está la historia reciente de la humanidad; habita en los versos de hidalgo.
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Sobre la economía emocional enferma
de Angelo Chacón Sequeira
El vínculo afectivo suele pensarse bajo la expectativa de un equilibrio: dar y recibir, entregarse y ser correspondido. Esa expectativa orienta de forma tácita nuestra relación con los otros y con nosotros mismos, como si el afecto pudiera organizarse según un principio de equivalencia. Sin embargo, esa suposición no se sostiene en la experiencia. Las emociones no responden a criterios de compensación ni admiten un cierre definitivo. De esa tensión entre ilusión y realidad surge lo que aquí se entiende por una economía emocional enferma. [...]
Nota del editor: Lector querido, sé que te llevas una sorpresa viendo este poema. Estoy seguro que Chacón se llevará la misma cuando vea que sus palabras las clasificamos como poesía y no, como quizá esperaba, como un ensayo breve. Es justo por ese último adjetivo que opté por darles el título de poemas en lugar de ensayos o aforismos. Lo de Chacón es un duelo por resumir la experiencia humana del amar en tan pocas palabras como se puede. En espíritu, comparte la ambición de la poesía de decir más con menos. Por ello, aunque sea radical, me atrevo a ponerlo en esta sección y espero Chacón me perdone—sé que la historia de la literatura lo hará—.
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Poema XVIII
de Neftalí Reyes
Me pregunto si nuestras golondrinas, cuál Bécquer dijo, nunca volverán. Esas que vieron besos y lágrimas; esas que fueron parte del amar. Jugando en mis manos, llevo sus plumas. Oscuros recuerdos de suavidad. Solo ellas me quedan en tu ausencia; prueba de que su cariño fue real. [...]
Nota del editor: Quizá el mayor acierto de Bécquer cuando escribió su famoso poema de las golondrinas, fue algo más abstracto como lo muestran los versos de Reyes. Es que el amor, como las golondrinas, va y viene con los siglos y, aunque ahora nos separen tantos de los tiempos de Bécquer, siguen volviendo sus ideas en nuevas encarnaciones. Quedará al juicio del lector determinar si son igual de validos los versos de ahora que los de antes o si, en el transcurso de las migraciones, algo se habrá perdido.
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Automóvil como herramienta de opresión
de César Bustamante
En 1894, México recibió a su primer automóvil: un Delaunay Belleville con 21 caballos de fuerza y una velocidad máxima de 16 km/h. Su llegada causó gran alboroto en la Ciudad de México: una maravilla y, al mismo tiempo, un terror absoluto.
En las notas de la época se menciona cómo lo veían como un aparato del diablo, ¿cómo no habrían de pensarlo así? Un colosal armatoste de metal que se movía por su propia voluntad sin necesidad de mulas o caballos era algo que parecía inconcebible. Desde ese momento y hasta el día de hoy, el automóvil se ha integrado como un miembro de la familia mexicana, se le tiene que alimentar, bañar, llevarlo a sus citas. Nos hemos doblegado ante él, todo con el fin de facilitarle la vida a esa máquina.
[…]
Nota del editor: Ya no hay marcha atrás. No puedo subirme de nuevo a un coche y tolerar el tráfico capitalino sin pensar en las palabras de Bustamante. Lo que es más, ya no sé si puedo, siquiera, pensar de la misma manera. Hay, incluso, un elemento paranoico que me evoca—si hay algún sentido positivo en la palabra, espero se me otorgue el permiso de usarlo—; uno que me hace pensar de todas las estructuras que han de operar sobre de mí sin que me percate. Bustamante escribió sobre el coche; quizá sin percatarse, escribió sobre la vida misma y sus dificultades.
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Cien rezos y una pizza fría
de Karla Córdoba Brenes
Costa Rica es el único país de América Latina que no tiene Estado Laico. El único país de América Latina con una religión oficial del Estado: la católica, apostólica y romana. Un estado confesional. ¿Qué será lo que confiesa?—no lo tengo tan claro—. Eso del estado no laico tiene cosas buenas y cosas malas. Las malas, muchas (muchísimas) me quedan para otros textos. No estoy hoy para tristezas. Las buenas, algunas tradiciones por demás pintorescas.
Entre ellas, las posadas en Navidad, la quema de Judas en algún momento después de la Semana Mayor (o la Semana del Turismo como le dicen en Uruguay, que sí tiene Estado Laico), las procesiones con santos de yeso o con santos humanos, siempre asoleadas porque son en pleno verano. Y los rezos del Niño. Estas tradiciones están impregnadas en el tejido institucional y social tico, incluso para quienes no somos practicantes. El otro día fui al banco a renovar mi tarjeta y había pasito o portal, como le decimos al nacimiento. Y de seguro habrá rezo.
[…]
Nota del editor: Como Córdoba, crecí en un hogar donde el catolicismo estaba presente pero no era ley. Era como una obra de arte colgada en la cocina de la cuál se hablaba constantemente y que su brutalidad, en muchas ocasiones, me incomodaba. Quizá esa es la experiencia generalizada de América Latina: católica sin ser exagerada. No había encontrado un texto que afrontara este sentir tan como lo hace Córdoba: la de saber que hay mucho mal en el catolicismo pero, por la crianza de uno, encontrar algo de paz en un par de sus costumbres y en los recuerdos que agarra. Hay un valor inmenso en contar esa realidad que tanto evadimos y tan poco escribimos.
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La casa de las brujas
de Aashisha Chakraborty
Rabindra Sarani era más un huracán que una calle—o una calle que probablemente resultó de un huracán—. Líneas de tranvía entrecruzadas, carretas jaladas a mano y autobuses pesados y ciegos luchaban por dominar los carriles húmedos e inflexibles de Kumartuli en Kolkata.
La familia de Tariq había llegado a Kumartuli décadas atrás. Provenían de una familia de fabricantes de pelucas de Parbatipur—un pintoresco pueblo en Bargachia que estaba a una hora en tren desde Howrah—. Eso sí, solo si lograbas apretujarte y aferrarte a las barras oxidadas del tren local. O podías caminar durante unos cinco días. A Tariq no le importaba terriblemente ninguna de las dos opciones.
[…]
Nota del editor: Aún estando a miles de kilómetros de la India y no tener vínculo alguno con esas culturas milenarias, me vi incapaz de soltar el cuento de Chakraborty hasta que no solo lo acabé sino que, también, lo traduje entero. Esa magia perversa de la que sus personajes temen se manifiesta, en su escrito, como una magia pura de la historia que te atrapa y se niega a dejarte ir. Si algo admiro de la literatura es esa capacidad de trascender barreras e idiomas para hacerse de nuevas audiencias sean en el mundo hispano o las provincias de la India.
Lee el cuento completo:
Cada día, miles de personas abandonan sus patrias para tratar de hacerse con una mejor vida. A ese proceso lo conocemos como migración y se le piensa, por lo general, con base en sus extremos: el país de donde se sale y el país al que se llega. Existe, sin embargo, un trayecto intermedio que conforma la parte más brutal del andar migrante. Uno que se expresa en tantos lugares como, para muchos, lo es la frontera sur de México.
Esta semana, Marina de la Sierra explora la experiencia migrante en una crónica compuesta de tres relatos. En ellos, trata de mostrar un lado más personal del trayecto que suele ignorarse: lo que ocurre entre los extremos. Una lectura obligatoria para entender la realidad contemporánea de América Latina.
Relatos de la frontera
Sobre la migración, el tesón y la crueldad
La cotidianeidad de la vida fronteriza entre Guatemala y México revela, primero, que no somos tan diferentes como pensamos; luego, que nuestras diferencias tienden a exagerarse a razón de una línea impuesta que se ha trazado y fortificado, asimétricamente, alrededor de la prosperidad; tercero, que los privilegios o pesares que surgen por nacer de tal o cual lado de la frontera caen sobre una total arbitrariedad moral semejante a los privilegios feudales de tiempos pasados.
El sentimiento de vivir en la entrada a México significa, para muchos chapines—como se autodenominan los guatemaltecos—, vivir el comienzo de un recorrido hostil, que se interpone entre ellos y el sueño americano. Significa, también, estar continuamente conscientes de la posibilidad de realizarlo: de ello les recuerdan los retornados; los que ahorran para emprender el viaje; los que reciben dinero de fuera y fotos de Houston o Los Ángeles; los que vienen del sur y se encuentran a la mitad del camino. Fuera de una pequeña élite—generalmente capitalina o de lo contrario terrateniente—, que envía a sus hijos e hijas a estudiar en universidades estadounidenses, que viaja una vez al año al extranjero y que tarda no más de seis horas en pisar otro país, la imagen de ese recorrido y lo que cuesta cruzarlo atraviesa la vida del chapín profundamente.
[…]
Nota del editor: Suelo creer que, como mexicano, peco de sabelotodo y que leo cuanto libro sobre México como me cae en las manos. De la Sierra es de las primeras veces en mucho tiempo que leo un texto capaz de hacerme cambiar de perspectiva sobre el país donde vivo. Tanto al notar los privilegios que tiene México y la imagen que, de fuera, tienen de nosotros en el resto de América Latina, como al evaluar la brutalidad y negligencia con que tratamos a miles de migrantes día con día. Si hubieran más autores como De la Sierra—no muchos, con otros diez bastaría—, nunca nos acercaríamos a entender al país de lleno. Y quizá, eso sería algo bueno.
Lee el estelar de la semana:
La falta en la nada del hoyo
En Perpetuo, queremos ser la referencia para todo el arte en español y por artistas que hablan (o piensan) español. Yo sé, aún no hemos publicado una pieza de música académica en exclusiva, ni tampoco tenemos una forma de compartir directamente una escultura con nuestros lectores. Pero para mí, el foto ensayo es un paso en esta dirección. Técnicamente, la literatura puede ser –y siempre ha sido– un medio para comunicar sobre otras artes. Entonces el foto ensayo, que mezcla el poder de conjurar de la palabra, con la capacidad comunicativa de una imagen, es el paso más grande en esta dirección, y es una puerta a una forma híbrida de comunicar todas las artes.
Naturalmente, el paso más corto es el arte contiguo: el cine; fotografía en movimiento. El cine no es nuevo en Perpetuo: hemos cubierto ya las mejores películas del año y hemos hablado incluso sobre los vicios de los “ñoños” del cine. Pero así como perseguimos el Nobel de literatura, también buscamos contar, en nuestras filas, con la próxima Palma de Oro de Cannes. Esta semana inauguramos este esfuerzo con una serie de fotogramas, extraídos del cortometraje La Falta en la Nada del Hoyo, de Bruno Aramburu.
(Palabras de Tomas Lemus, editor, en el prólogo al foto ensayo).






Ve el foto ensayo completo:

























