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Ahora, sin más, volvemos a los tres poemas, dos ensayos y un cuento de la semana
Las de voz de pájaro, Doon y Amy
de Azul Ramos
I.
hijas: allá afuera los niños se empañan los peces pierden el nado y el mar es quien va a contracorriente ustedes deben saber esto: la vida no es nada de lo que planeamos los senos nos crecen nos dicen que estamos para provocar pero sólo nos provocan la rabia los cuervos también pueden amar ellos habitan el corazón en las tinieblas y no los ojos [...]
Nota del editor: Quisiera un día, al menos, en mi vida, que el mundo me hablara como parece hablarle a Ramos. Que los cuervos me dijeran más que un graznido y los peces pusieran mostrarme más que los roces de sus aletas por la superficie de un estanque. Solo un día, quisiera esa mirada de poeta donde todo habla y todo abruma con que escribe Ramos. No sé si aguantaría la vida entera o si podría escribir poemas que lo reflejaran, como estos. Pero, para eso tenemos a Ramos.
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México y yo
de Consuelo González Dávila Boy
México y yo tenemos una relación de amor-odio: lo amo los domingos en la tarde, los días de celebración, en las canciones y poesías, en los libros y en María Izquierdo. lo amo porque nos dio a Rosario Castellanos, la casa azul y a Elena Garro. Lo amo, lo amo, lo amo. Pero también le guardo rencor. Porque no puedo transitar sus calles sola sin tener que estar vigilante de mis espaldas. No puedo llevar una falda sin que sea tema de conversación, no puedo decir lo que pienso porque de pronto estoy loca. No puedo hacer casi nada y, sin embargo, puedo escribirle este poema. [...]
Nota del editor: En una época donde hemos abandonado, casi de lleno, el patriotismo y en la literatura, abundan, las criticas a la nación-estado, González regresa la mirada y rescata esa tradición poética nacional. Lo hace, además, demostrando la forma más alta de patriotismo: aquella donde se atreve uno a criticar a la nación en esperas de que mejore.
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Desalojo
de Samantha Alvarado
La casa que vence la sombra su entrada de nombres desaparecidos que se desplaza infinita hasta un reloj que campanea funebre las guacamayas gimiendo una tierra de nadie colillas de cigarro en la grama condones usados la maternidad alza el niño fecundado en el latex las guacamayas tienen crussing detrás de las canchas de tenis [...]
Nota del editor: Alvarado escribe de tal forma que no puedo dudar que el lugar de sus versos es real y no puedo creer, a su vez, que lo sea. Si la poesía, por estereotipo, es la avenida literaria para enaltecer y hacer más bella la existencia, Alvarado tiene el poder de resaltar las crueldades de la vida y reconstruir horrores por medio de estrofas. Esa rareza es tan digna de aplauso como los poemas que hablan de mares o praderas. También evoca una emoción profunda en el lector, como lo hacen los cuentos de Allan Poe o las películas de terror.
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La Charca
de El Director
Los sapos gobernaban la charca. Siempre lo habían hecho. No porque fueran más fuertes ni más sabios, sino porque así debía ser. Cada año, las ranas votaban por cuál de ellos las gobernaría. No lo hacían con entusiasmo, pero tampoco con miedo. Simplemente votaban. Escuchaban los discursos de siempre, las promesas de siempre, y al final elegían a uno. Era importante votar, decían los más viejos. Decidir el futuro.
Pero daba igual. Daba igual quién ganara. Siempre era un sapo. Siempre decía lo mismo. Siempre terminaba en el rincón seco, con la piel limpia y la voz pausada, vigilando desde arriba.
Abajo, en el lodo, la vida seguía igual.
[…]
Nota del editor: Aplaudo dos cosas de El director. La primera es, en un mundo de medios constantes y marcas personales, su refrén a la fama. Optó desde un principio por el anonimato y lo mantiene en la correspondencia—ni siquiera sé con qué género referírmele—. La segunda es la ambición con la que toma conocimientos del pasado y los vuelve a contar; la visión con que toma de ellos y los presenta a un nuevo público que no sabe, quizá, de Socrates y su caverna pero ahora saben de Apolo y las represas.
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Anunciando: La cantera
Una beca para autores
del Consejo editorial
¿Traes una idea chiflada, rara, curiosa, disparatada, excesivamente original, rompegéneros, parteaguas o francamente incomprensible?
¿Ya lo traes avanzado pero en las otras revistas no te lo publicarían?
Y más importante:
¿Quieres aparecer en Perpetuo pero tu proyecto no encaja en ninguna de nuestras categorías?
Si dijiste que sí a más de una de estas preguntas, la cantera es para ti.
La cantera es una beca para escritores y creativos que quieran pasar tres meses desarrollando una obra a conciencia. Queremos apoyar a personas que tengan ideas descabelladas que no encajan en otros medios y que necesitan un empujón para ver la luz del día.
Así como los equipos de futbol tienen canteras donde forman a sus siguientes talentos, queremos hacer lo mismo para escritores. Una cantera de autores y de obras.
[…]
Nota: Pocos proyectos nos han entusiasmado tanto como éste. Queremos empujar al español a sus fronteras. Parte de ello es apoyar a autores y hacerlo, sobre todo, con tiempo y dinero. La cantera es nuestro primer intento de lograrlo. Nuestra primera beca para desarrollar talentos.
Lee el ensayo completo:
El eterno retorno
de Juan Polanía
Alfonso camina una vez más hacia el viejo cementerio del pueblo. Lleva, como siempre, un clavel en la mano derecha y una sombrilla en la izquierda, aunque jamás le haya llovido al visitar aquel lugar. Todos los días, a la misma hora, sale de su casa y recorre como una sombra las calles que lo separan de su anhelado destino, pues nada hay en el mundo de aquel anciano más que aguardar el momento de tomar su sombrilla, arrancar un clavel de su jardín e ir a regalárselo a su esposa.
[…]
Nota del editor: En el dolor, existe también una fuerza mayor que inspira a seguir adelante. Polanía lo captura desde el título del cuento hasta el tesón de aquel hombre caminando al cementerio a pesar de los elementos y el mismo mundo que le niega la despedida. Aún con todo en su contra, con un pesar enorme, el hombre sigue rumbo al cementerio. Hay algo profundamente humano en ese acto; lo hay en la prosa de Polanía.
Lee el cuento completo:
Cuando Mateo García Elizondo llegó a Perpetuo y nos habló de su crónica, pensamos que sería un viaje a los rincones más abigarrados del México moderno. Así lo sugería el tema. Una crónica sobre la catedral a Satanás en Pachucha. Una que inicia con la oración: «Me acabo de colar a la fiesta de cumpleaños del mismísimo Diablo».
Lo que encontramos, en verdad, es harto más complejo. Sí, hay satanismo y oscuridad y rituales. Pero también hay gente común y corriente, líderes sindicales hechos pastores de una congregación y sonrisas entre cervezas a mitad de la misa. Una lectura indispensable para entender las periferias ideológicas—y cómo, a pesar de lo mucho que disten de la norma, comparten tantos rasgos con lo que consideramos cotidiano—.
El palacio negro
Cultos y santería moderna en México
Me acabo de colar a la fiesta de cumpleaños del mismísimo Diablo. La música de cobres es estridente y el aire está espeso por el humo de un incienso floral con un ligero aroma a jabón. Las paredes y columnas de este antiguo mercado techado están cubiertas de arreglos florales, globos negros y papel picado. Del techo de lámina cuelgan listones de colores, lámparas chinas, paraguas viejos y, sentados en sillas de plástico dispuestas en hileras, treinta personas fuman y beben cerveza mientras escuchan a una banda que toca un repertorio de corridos norteños frente al celebrado del día; un diablo negro con cuernos de chivo del tamaño de un niño de tres años, que preside la asamblea desde un confortable sillón de cuero hecho a su medida, impecablemente ataviado con botas de cuero y un traje de charro rojo adornado con patrones de gamuza dorada.
Detrás de él, de pie y sentados en tronos de terciopelo, hay dos docenas de estatuas del ángel caído. Uno de ellos está sentado en posición de loto sobre un pedestal y tiene el cráneo y las patas de un chivo real. Otros visten ropa casual; jeans y saco, sudaderas, camisetas Levis, cachuchas de béisbol, tenis deportivos. Hay un diablito diminuto como un bebé recién nacido sentado en un modesto banco de madera, con el cuerpo cubierto de brillantina y billetes de cien dólares, y un ángel bicéfalo con dos enormes alas cubiertas de plumas de gallina negras. Está desnudo y de su verga erguida cuelga un listón rojo que alguien ató ahí como parte de un rito de fertilidad. El piso de mármol frente a los festejados está repleto de ofrendas: ramos de flores, veladoras rojas, doradas y negras, botellas de licor y de cerveza Corona, y en una charola de aluminio yace la cabeza cercenada de un puerco dentro de la cual los invitados insertan, debajo de los párpados y por los orificios de las orejas, la nariz y el hocico, diminutos papeles enrollados con notas de agradecimiento, o favores que le piden al Santo que celebran este día: el “Angelito Negro”.
[…]
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