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Ahora, sin más, volvemos a los tres poemas, dos ensayos y un cuento de la semana.
Soneto #3
de Juan Carlos Maldonado
En tu jardín secreto descubro la ternura, el néctar que en tus labios se destila, y siento que mi boca se perfila hacia un festín de fresas y sabores únicos. Es dulce la pasión que se apresura, un río de placer que me aniquila; me pierdo en ti, mi ser se reconcilia, y el tiempo se disuelve en su espesura y al temblar. [...]
Nota del editor: Hacia harto tiempo que no me encontraba con un soneto que aprovechara de la rima. Tanto que, en el patrón que elige Campuzano, sentí la audacia del que sabe rimar y entiende el poder de limitarlo. Basta con ver sus cuartetos. La rima está oculta en el segundo y tercer verso; el primero y el cuarto se niegan a participar. Es esa la osadía del que entiende cómo nuestra mente busca estructura y sabe el poder de negarla. Mucho tiempo sin ver un mérito en la forma en lugar del fondo; mucho tiempo que ahora acaba.
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Poema XV
de Neftalí Reyes
Me pregunto si la luna sigue en el cielo al amanecer para pasar el día con el sol. Me pregunto, querida mía, si los cielos son tan ilusos; tan ilusos como soy yo. Unas horas bastan; con el paso del día ambos nos percatamos del error. [...]
Nota del editor: Sé que, si buscamos, hay una explicación científica para la permanencia de la luna en el cielo; sé que se explica. Pero, en este caso puntual—así como en tantos otros—prefiero creer en la poesía y sentir esa permanencia como un amor contrariado entre los astros. La vida es mejor cuando dejamos de lado la razón en instances contados y dejamos que la emoción nos domine. La vida es mejor, en términos concretos, cuando seguimos el ejemplo de Reyes.
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¿Jueves?
de Alfonso V. Acuña
Mis piernas tocaban el buró. Desorientado, ¿qué hora sería? ya sentía los primeros indicios de la fiebre. Era Octubre, claramente. Por una re-obsesión reciente, temprano Daft Punk sonaba a un volumen bajo. Me decían que ya era hora de levantarme, pero no quería Y no quise. Me dieron casi las diez, algo me raspaba la garganta, y algo más me raspaba el cerebro: Cinco años en el mismo trabajo, y no avanzo. Este micromanashment me está enfermando. Sería eso, o el haber convivido con el virus días antes. [...]
Nota del editor: Solemos darle un romance enorme al acto poético. El poeta, recién destrozado su corazón, se lanza a un bosque y encuentra una grulla que inspira sus versos. Y sí, algo habrá de ello. Pero el mérito de Acuña es desenmascarar la otra cara más mundana y cruel de la poesía; esa que, en un momento cualquiera, como un despertar inoportuno, oculto entre la cotidianeidad tan nefasta de un trabajo de oficina; ese también es un espacio donde nacen versos. Basta con leer esa última estrofa suya.
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Ciudadanos de segunda categoría
de Ángel Salgado
Imagina por un momento ser un mexicano del valle de México o de alguna ciudad del norte del país; no solo eso, imagina también que tienes una posición económica acomodada, holgada, bastante bien centrada. Ahora imagina que compras o heredas una casa o un departamento de verano en alguna paradisíaca playa mexicana—Cancún, Careyes, Puerto Vallarta, Los Cabos o Acapulco—; te enamoras de la vida en esos lugares, de su deliciosa y variada gastronomía, de su clima, de su gente, de las playas cálidas, las vistas gloriosas al mar y las puestas de sol, tanto que decides mudarte por completo a esa segunda vivienda en alguno de esos hermosos puertos.
[…]
Nota del editor: Yo soy uno de esos hijos criollos de los que habla Salgado. Quizá, por eso, quise que su texto saliera en Perpetuo. Porque mis padres son de la Ciudad de México peor yo nací y crecí en Cozumel; porque entiendo las fuerzas de las que habla: la oposición entre un pasado de cultura y un presente idílico sin ella. Su ejercicio mental es el de mi vida y mis tensiones, mismas que no resuelve en los párrafos que dedica—no sé si, siquiera, podría resolverse en tan poco espacio—. Es raro encontrarse ensayos tan directos como una pintura impresionista; eso, también, tiene enorme mérito.
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Sobre el triunfo del fracaso
de J.L. Sabau
Por primera vez desde que vivo en la Ciudad de México, fui a una de las galerías que retoñan en este invierno de febrero por los rincones de la capital. Es decir, fui parte de la semana del arte de la ciudad.
Mi participación se limitó a una sola galería; pero, tras hablar con otros tantos amigos y colegas, concluyo que, de haber visitado más, mi conclusión habría sido la misma que me llevé de esa solitaria experiencia. Nunca, en mi vida, había visto tanto arte que no me evocara emoción alguna. Nunca había salido de una galería decepcionado. Y, a su manera, lo agradezco.
[…]
Nota: Por años he batallado con la realidad tan opuesta que veo entre museos y galerías contemporáneas; los unos, meritorios de pasar ahí horas entre obras maestras, los otros, solo un par de minutos entre intentos fallidos. No fue hasta esta semana que logré formar una teoría para explicar esa disonancia y, lo que es más, llegar a apreciarla. Es este mi intento de hacerlo.
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Luces titilantes
de Joyce Sotalín
La luz se va en un sólo movimiento.
— ¿A qué hora vuelve hoy?— pregunto.
— Se supone que a las once. Se supone — dice mi hermano.
— ¡Mamá, mamá! ¡Ponme la canción del monstruo de la laguna!—gritan mis dos sobrinas.
Mi cuñada saca su celular del bolsillo, busca la canción y empieza a sonar: “Al monstruo de la laguna…”
[…]
Nota del editor: La vida consiste de fragmentos. Pasa que no están en orden y tampoco representan tiempos. Unos son solo emociones que aparecen como la luz de un foco intermitente; otros son hechos que, si no vivimos, pasaron en el colectivo y entendemos como parte de la historia. Lo de Sotalín es un intento magistral por combinarlos todos y, en hacerlo, escribir como vivimos y no como creemos que lo hacemos.
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Si hay algo en lo que concuerdan los modelos educativos al por mayor, es que la lectura es algo netamente bueno. Si tan solo leyéramos más, tendríamos mejores resultados como sociedad; avanzaríamos con firmeza. El tema es que, dichos argumentos, suelen venir en absolutos: leer a toda costa, no importa lo que sea.
Ahí el riesgo. Creamos una sociedad obsesionada con leer mucho cuando, en su lugar, deberíamos pensar en cómo leer mejor. Ese es el argumento de Antonio Flores Ramayo, esta semana, en el estelar de Perpetuo. Mismo que les comparto para que piensen en todo lo que han leído hsta ahora—y todo en lo que leerán—.
Cuando leer mucho no significa leer mejor
En los últimos meses de 2025 viví dos experiencias contrastantes en torno al tema de la lectura. Una de ellas me inquietó profundamente por la forma en que este ámbito suele abordarse en México; la otra, por fortuna, me reconcilió con el sentido más humano (y más esperanzador) de formar lectores.
La primera ocurrió durante mi participación en un congreso educativo, más específicamente en una mesa de trabajo sobre el papel de la cultura en la formación integral. Mientras dialogábamos, fui interpelado por una ex funcionaria, ferviente defensora de las acciones de un solo día, quien deploraba la idea (al parecer casi subversiva) de que la lectura debiera trabajarse no únicamente en términos de cantidad, sino también (y sobre todo) de calidad.
La segunda experiencia tuvo lugar durante el desarrollo de un taller literario para niños, donde pude observar cómo jóvenes universitarios lograron, en apenas unas cuantas sesiones, lo que muchos programas institucionales no consiguen en años: despertar en su público una genuina curiosidad por la lectura. No
[…]
Nota del editor: Flores es, sobre todo, un innovador en el fondo. Su ensayo es uno en el que he pensado una y otra vez esta semana. Lo hago regurgitando sus ideas sin poder referirme a frases concretas. Y, estoy convencido, ese es un logro contundente. En un mundo obsesionado con las apariencias, Flores es un maestro de las ideas. Lo suyo es lo que yace de fondo; lo que se te queda aún cuando la memoria nos traiciona en lo preciso.
Lee el texto completo:
El río que vuelve a imaginarse
El debate sobre el Río Santa Catarina es uno de los más interesantes del México contemporáneo. Es uno de los intentos muy contados en que la ciudadanía ha visto de cara al imperativo modernizador—mismo que es, casi siempre, sinónimo de industrialización—. Al ver cómo el río renace, la gente ha hecho todo por preservarlo, sabiendo que sus aguas bien podrían irse tan pronto como llegaron.
Para Perpetuo, es un gusto compartir esta historia e ideas a modo de imágenes que cuentan la tenacidad del pueblo regiomontano.






Ve el foto ensayo completo:























