Esta semana, el 3,2,1 de Perpetuo es cortesía de Polilla.
Polilla es una librería independiente en la Ciudad de México y una editorial que comparte nuestra misión de dar más voces a los mejores autores del español. Están en la Ciudad de México pero su visión es más grande: darle un espacio a la literatura latinoamericana.
Si quieres aprender más de Polilla, su espacio y su editorial, puedes hacerlo aquí:
Ahora, sin más, volvemos a los tres poemas, dos ensayos y un cuento de la semana.
Líquido
de Ana Victoria Guevara
Compramos sucedáneos del encuentro tierras sin mapa, nómadas, posibles. Habituados a lo inestable y yo me detengo siempre en tus lunares.
Nota del editor: Podría pasarme una vida descifrando lo que Guevara quiso decir en estos versos. Podría pasarme todo el tiempo explorando sus significados y cómo una palabra cambia con la otra. Podría dedicarle años; décadas. Todo para encontrar que no hay palabras más sinceras que esas últimas; que el detenerse en los lunares de la persona amada. Solo la buena poesía logra provocar emoción y reflexión como hace la de Guevara.
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Poema VII
de Neftalí Reyes
Te has vuelto tan necesaria, como el mismo respirar. Pasa, sin embargo, una terrible hecatombe. El aire está siempre y hoy tú me faltas.
Nota del editor: No es necesario irse por la complejidad. Los versos abigarrados no suelen trascender en la conciencia ni citarse en conversaciones a altas horas de la noche, entre dos amantes que se dicen todo con poesía. No. Los poemas que perduran suelen ser más sencillos y directos como, tantas veces, lo son las mismas emociones. Así pienso de estos versos de Reyes. Así pienso que debería ser más la poesía.
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Dos poemas
de Javier Hidalgo
Hoy he sido lo que nunca osaron ser los turbiones al borde del horizonte. *** En la muerte somos silencio desmedido, fuga rapaz de todo aquello que fuimos y que como ínfimo destello lunar en desagües desiertos nos indujo al Ser —o a su búsqueda, o a un ligero vestigio, al menos—; allí somos destino inevitable, consumado, inescrupuloso y repetitivo: trozos de carne pútrida, cerviz alada, articulaciones rotas, sangre pulverizada espíritu desvanecido; retorno a la matriz.
Nota del editor: Al final, no nos quedarán palabras. No quedará más que eso que describe Hidalgo. Nos quedará la carne y nos quedará el espíritu desvanecido. Pasa que lo olvidamos. Pasa que necesitamos poesía para recordarlo y para endulzar la triste realidad que nos depara. Pasa, pues, que necesitamos lo que escribe Hidalgo; una poesía imperativa.
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Los Óscares: Dos reseñas y media y una protesta
de Tomás Lemus
Empezaré esta reseña con dos aclaraciones.
La primera, que no soy un crítico de cine, ni pretendo ser nunca un crítico de cine. Soy un cineasta a quien lo conmueven todas las películas, que trata de verlas todas en la gran pantalla, y realmente no hay ninguna, o casi ninguna, que no disfrute, ni que lo obligue a salir del cine o lo haga terminar enfadado cuando se prenden las luces—con la excepción, quizás, de The Substance, pero esa es una historia para otra ocasión.
La segunda es un addendum al ranking de las tres mejores películas del 2025, que publicamos en Perpetuo en diciembre. Mi elección fue más deliberada de lo que dejé ver en ese momento, y además de intención, confieso, hubo un poco de maña. Declaré que Bugonia y Eddington eran la primera y la tercera mejor película del año pasado. Y aunque Bugonia sigue siendo la película que he disfrutado más del año pasado, escogí a estas dos pensando que no iban a ganar casi nada. No ganaron nada, y Eddington, de hecho, no recibió ninguna nominación al Óscar—lo cual me pareció un despropósito—.
[…]
Nota del editor: Hay algo que Lemus entiende muy bien en esta crítica de un no-crítico de cine —aunque sí un férreo amante de la disciplina: las formas de consumo del séptimo arte han cambiado. Esto se percibe en los puntuales señalamientos que hace de las películas ganadoras —en contraposición a las no-ganadoras— y nos formula una gran pregunta: ¿qué hace de una historia algo novedoso?.
Lee el ensayo completo:
ANUNCIO: Concurso de ensayos
del Consejo editorial Perpetuo
Es oficial. Acabamos de lanzar nuestro primer concurso de ensayos. Lo hicimos porque dicen que nadie escribe ensayos. Sabemos que es mentira. Por eso, vamos a dar 500 USD al mejor ensayo. Ya pueden leer toda la convocatoria y aplicar.
Lee la convocatoria completa:
El hombre en su exilio
de Alonso Millet
Tres meses pasó aquel hombre en el arrecife Los Alacranes, huyendo del terror que le ocasionaban los años sesenta. «Aquí estaré seguro», pensó el primer día, «mejor esconderse un rato a que te desaparezcan para siempre». Las autoridades cubanas no lo encontrarían ahí; ¿quién pondría tanto esfuerzo en seguirle la pista hasta poco más de setenta millas náuticas al norte de Puerto Progreso, en la costa yucateca? ¿De verdad ameritaba tanto empeño su caso? Dudaba. Tenía motivos para hacerlo. Sabía que todo era posible.
No había matado a nadie, ni tampoco conspirado para derrocar al nuevo régimen de Fidel Castro. Simplemente especuló sobre lo que más tarde sucedería: la expropiación de empresas y la pérdida de toda propiedad privada. Carismático y con talento para los negocios, convenció al entonces presidente del Banco Nacional, Ernesto Che Guevara, de que le otorgara un préstamo con valor similar al de todas sus posesiones en Cuba para abrir «Negocios a beneficio de la economía insular». Nunca regresó, y no pensaba hacerlo…
La misión salida tomó cuatro años. Durante ese tiempo, el Che marcó cada viernes sin falta al teléfono de su casa en Mérida: «¡Eh, mexicano! ¿Cómo van esas inversiones?», preguntaba, pero era su esposa quien atendía y quien justificaba su ausencia: «Me disculpará por los dos, señor Guevara, pero se encuentra de viaje… Sí, ya sabe, cosas de negocios, usted entenderá; yo le paso recado, con gusto».
[…]
Nota del editor: Este cuento me sorprendió. Pone a Millet a la altura de los autores que ven su trayectoria y se niegan a seguirla. Se siente, salvo su final, como un autor distinto. Reconoce que su estilo experimental no era el indicado para esa historia y, en su lugar, la cuenta con un estilo vecino al realismo mágico. Si algo, esa humildad de poner la narrativa propia como secundaria a las necesidades del texto, lo hacen verse alto entre los demás autores.
Lee el cuento completo:
Por años, Nemesio Oseguera, mejor conocido como “El Mencho” lideró al cártel más poderoso de México desde las tinieblas: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En el país entero se conoce su nombre y la foto única que perdura de un arresto hace años.
Lo que no se conocía era su historia.
El Mencho ha sido un misterio para observadores por montón. Lo ha sido hasta ahora. Esta semana, Chris Dalby escribió una de las biografías más completas del capo, explorando su infancia en Michoacán y sus primeros negocios turbios en California, hasta su apogeo en tierras tapatías.
Las siete vidas de El Mencho
de Chris Dalby
El niño se sentó al borde del campo mirando el camino.
Había nacido en un México que prometía arreglar lugares como este. La Comisión del Tepalcatepec invertía dinero e ingenieros en los valles de tierras bajas, construía represas y canales de riego en un esfuerzo por llevar a Tierra Caliente—como le llaman a la cuenca del Río Balsas entre los estados de Michoacán, Guerrero y el Estado de México—; que prometía llevarla a la modernidad.
Nada de eso llegó a Culotitlán.
Incrustado en los pliegues michoacanos de la Sierra Madre del Sur, el pueblo donde Nemesio Rubén Oseguera Cervantes vino al mundo en 1966 era accesible únicamente por un camino de terracería que se convertía en lodazal cuatro meses al año.
No había electricidad. No había agua que llegara por tuberías. Las casas eran de adobe —tierra apisonada con paja y fibra de agave— y los únicos edificios cercanos construidos de otro material eran la iglesia y el palacio municipal más al sur, en Aguililla.
[…]
Nota del editor: Es momento de ver al narco por lo que es: una parte indiscutible de la historia mexicana. Esta historia es un fragmento que toma a El Mencho como su sujeto. Pero es, sobre todas las cosas, la historia del México moderno; el que vive en la periferia y que ve al narco como una realidad y no una noticia. Que esta historia sea parte de un esfuerzo mayor por entender lo que ocurre en el país.
Lee el texto completo:
Oscuridad, vacío, éxtasis
de Álvaro Sánchez
La fotografía tiene cierta cercanía con la poesía. Ambas toman su base—la palabra y la imagen—para crear significados que van más allá; mucho más allá. Cuando Sánchez nos propuso un foto ensayo que, además, combinada verso con imagen, sabíamos que había que publicarlo. Tocaba entender como ambas artes podían, a su vez, construir. El resultado son tomas que transforman una borrosa mañana en los contornos precisos de un volcán tal y como las palabras se hacen en poemas.






Ve el foto ensayo completo:
Esta semana tenemos algo especial. Tenemos el primer adelanto que publicamos de un libro en exclusiva para el 3,2,1. Agradecemos a Álvaro Valenzuela por la generosidad. Estamos convencidos que les encantará.
La maldición de Eluchans
“Déjamela a mí”, dijo Juan Eduardo Eluchans a su compañero mientras acomodaba la pelota en el césped del estadio Municipal de Calama a poco más de veinte metros del arco que defendía Fernando Hurtado, arquero de Cobreloa. Frente a él una barrera de cuatro hombres que se paraba casi al borde del área grande para impedir el gol de la Universidad Católica.
En ese momento nosotros, los hinchas de la UC, nos mordíamos las uñas esperando que se diera el milagro y pudiésemos rescatar un triunfo y tres puntos vitales para quedar en la cima del Torneo de Primera División del 2010. El partido ya casi se acababa y ese tiro libre que decidió patear Eluchans parecía ser nuestra última oportunidad.
Aquella calurosa tarde de primavera en Santiago, pegados frente al televisor, a más de 1600 kilómetros de Calama, estábamos mis dos primos, Felipe y Antonio; mis dos hermanos, Samuel y Tomás, y yo, sentados alrededor de mi tío Juan Andrés, nuestro anfitrión.
Era una tradición reunirnos en su sala de estar para ver los partidos en que la UC jugaba de visita o en regiones y no podíamos ir al estadio. Compartíamos unas cervezas y sufríamos los partidos ante el implacable rosario de puteadas de mi tío. Estas no perdonaban a ningún jugador (ya sea nuestro o del rival), árbitro o periodista del canal de televisión de turno. Era el costo de disfrutar de su pantalla plana de cincuenta pulgadas y de las cervezas o bebidas heladas que la mayoría de las veces, por no decir siempre, pagaba él. La picadita, las pizzas o el asado de rigor también corrían por su cuenta.
[…]
Nota editorial: La premisa de La Maldición de Eluchans es magnética: un gesto durante un partido histórico de la Universidad Católica de Chile, “La Católica”, termina en una funesta maldición que trae desdicha al equipo. Lo genial de Valenzuela está en adentrarse en los claroscuros de una de las experiencias más intensas y universales de nuestro continente a través de la vida del protagonista que sufre esta oscura maldición. Valenzuela mezcla hechos históricos con autobiografía ficcionada, fundiendose ambos con la textura de la vida en el cono sur y su cultura futbolera. Les presentamos este primer capítulo, convencidos de que inculcará en nuestros lectores —aficionados e indiferentes al fútbol por igual— el deseo de saber cómo termina esa maldición.
Lee el adelanto completo:


























