Ya es viernes. Llegan tres poemas, dos ensayos y un cuento para acompañarte el fin de semana.
Prepárate un café, agarra un buen rincón y ve los logros del español antes de que ganen el Nobel.
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El domingo es el último día para enviar cuentos a nuestro concurso de cuentos. Queremos encontrar a los mejores autores del idioma—y pagar 500 USD al ganador—. Por favor, se los rogamos, ¡tomen nuestro dinero!
Puedes leer las bases en esta publicación:
Sin más, volvemos al 3,2,1…
Pronóstico de lluvia nocturna sobre la pasión
de Antonella Magliocco.
Lluvia. No es solo lluvia. Es el cuerpo que se olvida de cómo respirar, de cómo moverse sin romperse. Se mezcla el agua con el deseo y no sabemos si mojamos las manos o la piel. ¿El amor o la tormenta? ¿Nos mojamos de pasión o de miedo? [...]
Nota del editor: Me parece innegable que al mundo le importamos poco. Si estamos desgarrados o coléricos, el día no se torna de otro color ni la temperatura elige ajustarse. A pesar de ello, quiero creer que lo hace. No hay nada más poético que el imponer nuestro significado ante un mundo que lo carece. Solo que pocos, han tenido el valor de Magliocco por batallar con esa idea, quizá perder y, todavía, sentir algo cuando el mundo no siente cosa alguna.
Lee el poema completo:
[No termina]
de Ray Tarazona
No termina juro que no termina meto los piecitos se enfrían la infinidad no termina porque la arena y las montañas limitan hay más. Los pies ahora están calientes el mar sigue inmenso a mí no me ven ni me nombran no hay ojos del otro lado que me alcancen —en la infinidad no hay miradas encontradas—.
Nota del editor: Hay algo humano en este deseo, indescriptible, por recordar lo pequeños que somos. Acá, hay una larga lista de metáforas que ya se han vuelto cliché—somos un “grano de arena”, un “pedazo de polvo en medio del universo”—. A todos esos, espero, se le sume que, en la infinidad, en verdad, no hay miradas encontradas. Tenemos fortuna de toparnos con tantas otras en un mundo donde, constantemente, nos recuerdan, la norma hubiera sido la soledad; la pequeñez.
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Poema II
de Neftalí Reyes.
Quiero quererte cuando el querer sea escaso. Oasis romántico en desierto melancólico, toma mis aguas para saciar tu sed. En noches sin estrellas, nublado firmamento, quiero ser el destello solitario que, de la mano, guíe a tu querer. ¡Quiero tantas cosas! Recuerdos que me llaman; abrazos cálidos en frío atardecer. Pero, sobre todo, amada que me faltas, quiero quererte cuando falte el querer. Solo así quiero quererte. Sin un mundo que lo pida, por iniciativa propia. Simplemente por el hecho de querer.
Nota del editor: Es una pena que, en estos tiempos, el mayor triunfo de la poesía sea en contenido y no en forma. Hemos perdido, en gran parte, el apetito por crear frases memorables y creativas que se te aferren a la memoria. Así inició la poesía, con creaciones tan pegajosas que se podían recordar aún en un mundo donde no existía el papel. El primer verso de Reyes me hace pensar en eso. Tres quereres que se van ayudando. La forma está viva, todavía.
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Ensayos que queremos que escribas
del Consejo editorial
Por lo general, a Perpetuo llegan autores por cuenta propia. La gente ve lo que publicamos, tiene una idea y nos contacta para que se haga realidad. También, a los editores, nos parece que es mejor así. Queremos que los autores vengan con sus propias ideas y locuras. No se va a generar un nuevo García Márquez si andamos imponiendo perspectivas. Hay que ser creativos.
Hicimos una lista de ideas que nos gustaría comisionar a autores de cualquier rincón del español. Si crees que eres la persona para contar una de estas historias, manda un correo a nuestro editor general a jl@perpetuo.lat.
Nota del editor: Fue una pelea interna hacer esta convocatoria. Los ensayos que he comisionado en Perpetuo suelen ser los que más me decepcionan. Me he convencido que los autores les va mejor cuando les das libertad absoluta. Pero hay tantas ideas que quisiera vieran la luz del día—y tan poco tiempo para realizarlas—que me ganó la tentación.
Lee la convocatoria:
Sobre el comunismo del capitalismo
de, su amigo, el editor, J.L. Sabau
Ser comunista es como hacer el amor en público o vengarse de un enemigo: todos quieren hacerlo, pero nadie lo reconoce. Hay algo tentador del comunismo; hasta atrevido. Supongo que, en gran medida, es el acto de rebeldía por el cual a los jóvenes les gusta la música de vanguardia o, en la adolescencia, parecemos predispuestos a irnos por la persona más opuesta a nuestros padres que nos sea posible. Lo mismo con la política. Nada más radical que el modelo que niega a todos los modelos; que llama a su revocación e, incluso, tiene el coraje de decirles que se equivocan.
A pesar de ello, profeso que el comunismo está latente en nuestra sociedad. Tanto en lo bueno como en lo malo. Hay un ámbito comunista que me parece indiscutible en el capitalismo moderno; tanto que Marx, si estuviera vivo, quiero suponer que sonreiría ante un par de cosas de la empresa moderna y se reiría de otras tantas. Pues no hay nada más comunista que la empresa moderna. Así lo sostengo.
[…]
Nota: Ya han sido tantas las veces que un amigo llega a comentarme de un comentario dictatorial de su patrón que, sin duda, tocaba escribir de ello. Estpy seguro que muchos lectores compartirán sus ideas. El tema me ha consumido por años. Me parece nos falta mucho para entender el modelo de producción moderno. Esto son solo apuntes que, espero, algún día, lleven a más hallazgos en ese sendero.
Lee el ensayo completo:
Y si quieres hacerle una pregunta a nuestro editor, presiona este botón:
Fat Goblins
de R.J. Núñez
— …Vos si sos culero, ¿vea, maje?
— Ej, está loca. . . Vos solo repetis la misma mierda, cerote.
Le arrebato al gordo el papel de la mano. Es quizás la quinta o sexta vez que me dice lo mismo cuando me animó a mostrarle algo que escribo. Lo sigo haciendo no por nada, pero es que él es al único que le puedo mostrar estas cosas sin que se burle. Pega una carcajada ahogada, le siento el olor a caña rica y a cigarro por cómo abre la boca.
— Es una broma vos, sí que no aguantas nada. Ya estás todo empurrado, duende.
— Si pero es que también te pasas, gordo. Vos me dijiste que esta vez lo ibas a criticar seriamente, entonces ponéte a hacer eso mejor.
— Ya, ya, pásalo pues, dejá que lo vea bien.
Sus dedos regordetes rodean el papel, arrugando un poco el borde de este. Si no fuera ya costumbre que sea tan brusco para hacer las cosas, estaría enojado.
[…]
Nota del editor: Lo de Núñez es engañosamente sencillo. Él no lo sabe, pero leí tres veces el cuento para asegurarme que no se me escapara cosa alguna. Al terminar mi tercera lectura concluí que, la primera, fue como la segunda y la tercera. Estaba todo ahí; toda la emoción y la ternura de un escritor que quiere ser leído; también la crueldad de una sociedad plagada de violencia. Nos hemos acostumbrado a una literatura abigarrada, que todo oculta. El gran mérito es para los autores que, como Núñez, dicen todo con una honestidad que te desarma.
Lee el cuento completo:
Cada semana, publicamos una crónica o ensayo en formato largo. Son las apuestas que hacemos y están disponibles para nuestros suscriptores pagados.
Esta semana, Verónica Bonacchi escribe sobre Añelo, un pueblo al norte de la Patagonia argentina. Hace ya más de una década, el gobierno aprobó una medida que permite la extracción de petroleo en la zona, plagando a Añelo con promesas de desarrollo. Ahora, tras años de explotación petrolera, el pueblo sigue lejos de ser Dubai.
Añelo
El Dubai que nunca fue
La música suena fuerte. Es una cumbia que retumba en el local, un lugar desproporcionadamente amplio convertido en lavandería. Al fondo hay tres lavarropas y en una de las paredes, de un verde esmeralda recién estrenado, cuatro repisas de metal. En sus estantes se apilan más de 40 bolsas con ropa limpia y doblada: son mamelucos, algunos rojos, la mayoría azules. El sitio es tan grande que también se venden productos de limpieza, aromatizantes para autos, comida para perros, de todo un poco. Queda en la parte de arriba, como le dicen en esta ciudad a los barrios que crecen efectivamente arriba, en la meseta que balconea sobre un valle cada vez más escuálido.
Es sábado. Son las 10:30 de la mañana. Afuera sopla un viento insaciable que levanta hojas, y desparrama la tierra de las calles. Todo parece opaco, apagado.
La mujer que atiende la lavandería está sentada detrás del mostrador. Lleva su pelo oscuro recogido bien alto, sonríe. Tiene 29 años y hace 17 que vive acá. Nació en un campo que queda a 15 kilómetros, pero a los 12 se vino porque acababa de ser madre y quería que su hijo pudiera estudiar.
[…]
Nota del editor: De entre los muchos motivos por los que existe la escritura, me gusta pensar que el mayor es el de la reivindicación. Aunque, he de reconocer, con una definición un tanto distinta de la palabra. La tomo como el dar validez a eso que la carece. Es decir, contar historias que no se creían dignas o que, por uno u otro motivo, no se pensaba en contarlas. Bonacchi hace justo eso con su crónica; le da voz a Añelo; lo reivindica.
Lee la crónica completa:
Vimos, hace ya unas semanas, las fotos que Mercedes Cerrotta compartió en Substack de su viaje más reciente a Bath. Nos mostraban una serie de enigmas e historias que, hasta le fecha, no entendemos del todo. Pero la intriga basta para merecer ser contada. De ahí, el foto ensayo de la semana.






Nota del editor: Esta semana me he movido vergonzosamente poco. A eso, sin embargo, le pondría un asterisco. Gracias a estas fotos, unos breves momentos, pude salir de mi hogar y ver un país lejano. Por ello, le agradezco a Cerrotta.
Ve el foto ensayo completo:













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