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Ahora, sin más, volvemos a los tres poemas, dos ensayos y un cuento de la semana
Glosa de presentación
de David V.U.
Hoy renazco agradecido Y el cielo que descubrí Hoy me deslumbra de vida Y a la alegría me doy Tengo la sangre estridente, he crecido en Veracruz, nací entre niebla y luz gentil que nutre a la mente. Orgulloso ciertamente mientras pienso en lo vivido invoco al fin mi apellido. Encontrando valentía de vencer a la apatía, hoy renazco agradecido. [...]
Nota del editor: La escritura, se ha dicho ya bastante, tiene un papel personal. Sumamente personal. La cuestión es dónde yace. El error común es creer en el escribir por sí solo como una liberación. A mi, me parece que es la consecuencia de la escritura lo que más importa. Es el colocar una idea en un papel que otros podrán encontrar. Es el decirle al mundo “heme aquí” y, en efecto, ahí estás. V.U. lo entiende como pocos. Ha perdido el miedo. Me atrevo a decir que, incluso, ve su presentación como el último paso de su auto conocimiento. Es un gusto ser parte de ello en Perpetuo.
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Encuentros
de Consuelo González Dávila Boy
Amo tanto el mar Que quise darle un abrazo. Quizá es su suavidad, Su presencia inédita en el rencor. Quizá es su movimiento, Sus olas que se mueven a su tiempo Y no esperan que pase nada para romperse. Es su inquietud; Su serenidad y, Al mismo tiempo, Su paz. Es el color que me transmite, Que no me recuerda a ningunos ojos, O quizás a los míos cuando lloro. [...]
Nota del editor: Los líquidos, dicen las leyes de la física, toman la forma de su recipiente. González Dávila Boy pareciera agregarle un grado metafórico a esta característica de la materia. No solo la forma del contenedor; el agua y el mar les caben tantas metáforas como podamos darles. Se les ajustan, como al cuerpo de uno en el mar. Poesía es el acto de eso que hace González Dávila Boy; es el tomar la naturaleza misma y hacerla propia no solo con el contenedor, también con las palabras.
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Pequeña elegía a las madres
de Diego Labrador
Al sangriento luto, ya diario Acuden lluviosas las Marías Como las lágrimas de un polvoriento rosario. Se han cansado de sangrar estas heridas Y como no hay nombre para el desastre Se tendría que llamar muerte a esta vida. Se ha secado el llanto de las madres Se han hartado de perderse los caminos Se ha instaurado como ley el aquelarre. Ahora que vivir es un delito Y nunca jamás es siempre ahora Seguirán los infiernos colmando paraísos. [...]
Nota del editor: Labrador me evade de la mejor manera posible. Ya van unas diez o quince veces que leo su poema; ya van unas diez o quince veces que me convenzo de una interpretación solo para descubrir que estaba mal. Lo suyo es pintar paisajes con palabras para que el lector los tome e interprete al gusto. Lo suyo es hacer poesía que puede ser un objeto poético en sí. Como un árbol que es hermoso de lleno pero una hoja sola, suya, al caer, también lo es; así es la poesía de Labrador. Impresionante en sus frases, magnífica en su totalidad.
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Los lienzos de El Muro
de Alonso Millet
Tijuana es una ciudad que, hasta mi amistad con Omar, sólo consideraba de paso. Incluso, a pesar de esto, durante dos años di largas a las invitaciones para conocerla: minucioso como soy con mis gastos para viajes, no veía ningún atractivo en ella; poseía el prejuicio de lo bonito y de lo feo. Finalmente, entre la culpa por el rechazo inicial a conocer el entorno de mi amigo y la motivación gastronómica que utilizó para persuadirme, organicé mi visita para el puente de septiembre, durante las festividades independentistas del frágil orgullo nacional.
Cierto es que Tijuana no me pareció una ciudad particularmente bella —en cuanto a arquitectura y diseño urbano—, pero cierto es también que existe una belleza particular en las historias que entre sus calles se respiran. No sólo eso: es una ciudad con vida, con arte, con luchas. Es una ciudad multicultural. Es violenta, es amable, es trabajadora. Es una de las ciudades, también, de El Muro.
[…]
Nota del editor: El arte más puro es ese que eleva los elementos cotidianos a los mismos reinos que las épicas griegas. Lo de Millet me parece más complicado. Él toma algo ya desproporcionado como el Muro como su objeto. Lo que es más, en estudiarlo, trata de quitarle su elemento físico y darle uno etéreo; el de las miradas que lo ven y los millones de mexicanos que, saben, al norte, yace un muro aún si nunca lo han mirado. Eso, también, es un mérito. El de desarmar el muro con ideas, al no poder hacerlo con las manos.
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Una respuesta oportuna
de, su amigo, el editor, J.L. Sabau
Hoy, agradezco no ser librero; menos aún bibliotecario. Hay pocos trabajos más complicados que recibir un libro nuevo y determinar dónde encaja entre los demás—si García Márquez habrá que ponerlo junto a Carlos Fuentes o a Faulkner, por ejemplo—.
Siento eso, sobre todo, esta tarde, que termino de leer el nuevo libro de Alex González Ormerod, La derecha no existe (pero ahí está) —cuyo avance, además, está disponible en Perpetuo—. Mismo que, muy probablemente, es el mejor intento por desentrañar los problemas modernos de México y entender qué ocurre en el país. Para ello, enfrentarse a la pregunta latente del México actual: ¿qué le pasó a la derecha? ¿dónde está? Contestarla es tan complicado que termina siendo una odisea por géneros y, de paso, una confusión para el bibliotecario.
[…]
Nota: Mientras más tiempo le dedico a Perpetuo—es decir, mientras más textos leo—más abandono la noción que exista tal cosa como un género. Esas categorías hegemónicas dicen muy poco, logran aún menos. Los buenos textos se les niegan y le causan un dolor de cabeza a los libreros. Por eso, en las noches, agradezco ser escritor y no bibliotecario.
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Tus manos bailaban
de Andrea Ceballos
Me acuerdo de tus manos. No sé por qué siempre me llamaron la atención. Eran largas y morenas, elegantes. Su movimiento contrastaba con la forma en la que el resto de tu cuerpo lo hacía. Tú siempre con prisa como si la vida te persiguiera. Tú siempre irritable, como si el mundo te perteneciera. Tus manos, en cambio, bailaban ballet o danza contemporánea. Eran sutiles, hermosas, frágiles. Sentía que se podían romper como cerámica, que las tenía que tomar con cuidado. Desde el principio me cautivaron y se robaron toda mi atención. No las podía dejar de ver y ni siquiera me daba cuenta. Mi mirada se perdía en tus nudillos, tratando de descifrar su mensaje. Investigaba el ritmo de tus dedos, pero no alcanzó el tiempo para descubrir cuál era la canción que bailaban.
[…]
Nota del editor: Leo a Ceballos como un imperativo. Ese que dicta que, para entender la emoción, hay que llevarla a sus extremos. Como lasa formas se definen con base a sus lados, también, la vida misma, se forma en sus fines. Ya sea el salir de la patria de uno, el encontrarse con el amor cara a cara o el ver, en el amado, todo lo que uno, antes, pensaba sería ajeno. Lo de Ceballos es reconocer que para encontrarse hay que ir al final de uno. Quizá—y solo quizá—mover las fronteras también.
Lee el cuento completo:
Cada semana, publicamos una crónica o ensayo en formato largo. Son las apuestas que hacemos y están disponibles para nuestros suscriptores pagados.
Esta semana, Alex González Ormerod de The Mexico Political Economist habla de la derecha en México. Mejor dicho, de la falta de la derecha en el país. Su ensayo—que es la primera parte de un libro, ahora disponible en librerías—busca entender qué le pasó a la derecha mexicana
Derecha por eliminación
México no tiene oposición. El país ha tropezado hacia un virtual estado de partido único sin que el partido en el poder lo hubiese pedido. El Movimiento Regeneración Nacional, Morena, el partido en cuestión, no soltará las riendas voluntariamente. Ni lo debería de hacer; necesita que se las arranquen de las manos en las urnas, desde los municipios, los estados, las organizaciones sociales y en las calles. Y vaya que lo necesita, porque un partido incuestionado en el poder se osifica y se pierde. Los demás partidos políticos de México observan esta situación y abdican su responsabilidad. El país entero se ve arrastrado por su ineptitud.
Esta guía para una oposición política en México sirve para componer este desvío. En sus páginas podrán encontrar las instrucciones para la creación, movilización, manutención y llegada al poder de una alternativa política viable. Un nuevo manual apto para derechistas que por fin se reconozcan como lo que ya son y para izquierdistas preocupados de por dónde surgirá la siguiente reacción. Estos son los caminos disponibles.
[…]
Nota del editor: Es la primera vez, en Perpetuo, que publicamos el adelanto de un libro. Como editor, me di la tarea de hacer lo inaceptable: editar un texto que ya había sido enviado a impresión. González fue generoso en demasía; me lo permitió como, también, me confió el libro para que encontrara su hogar en Perpetuo. Por eso, le estoy muy agradecido.
Lee la crónica completa:
Y si quieres el libro completo:
Tiempos charros
Ana Joaquina fue a Estados Unidos para encontrar un fragmento de México. Para ser precisos, el de la charrería. Misma que decenas de mexicanos han llevado consigo al otro lado del muro—ese del que escribe Millet en esta misma edición del 3,2,1—. Ahí, donde domina el futbol americano y el beisbol, ahora hay, también, un lienzo charro.






Nota del editor: Las imágenes de Ana Joaquina son una negación de la fotografía. Me atrevería a llamarlas un acto de rebeldía. La mayoría ruega moverse; implican un dinamismo que la cámara no puede capturar. Los caballos, las cuerdas, los dobleces de la falda. Todo parece decirle al que las mira: “aquí hay más; tanto más”. Tanto que la cámara no captura.
Ve el foto ensayo completo:
Hoy es el último día para enviar cuentos a nuestro concurso de cuentos. Queremos encontrar a los mejores autores del idioma—y pagar 500 USD al ganador—. Por favor, se los rogamos, ¡tomen nuestro dinero!
Puedes leer las bases en esta publicación:



























