Ya es viernes. Llegan tres poemas, dos ensayos y un cuento para acompañarte el fin de semana.
Prepárate un café, agarra un buen rincón y ve los logros del español antes de que ganen el Nobel.
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IV
de Montserrat Montano
Miro desde la ventana una vida compartida contigo bajo la lluvia. El cielo, encerrado en gris, viaja infinitamente a través de la tarde. Palabras de amor y agua van de mi boca a tu boca, a través de árboles airados, como húmedo terciopelo. Me asomo a la tibieza de esta tensa verticalidad, esta cortina de plata que separa nuestro mundo del otro y nos lava a ritmo de silencio.
Nota del editor: Espero que Montano no lea este poema en voz alta. Si lo hace, al menos, que no me invite a ello. Me rompería descubrir la entonación que usa y lo que confiere. Sigo sin entender si este poema es profundamente romántico o abismalmente melancólico. Así es la mejor poesía; te agarra desprevenido y en cualquier época. Demuestra que la dicha y la desgracia son lados de una misma moneda o lo que es lo mismo, pero menos metafórico: una palabra puede significar dos cosas opuestas. Buen poeta es el que lo usa a su antojo.
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[Ando anestesiada]
de Rosario Rutilo
Ando anestesiada; yendo a lugares por inercia, viviendo por cortesía. Mi vida es un tobogán en el que todas las emociones resbalan: Trepan, descienden y se van. Me arrastro por el limbo.
Nota del editor: El poeta es ese ser capaz de hacer mucho con poco. A Rutilo le bastan solo tres palabras para dar una frase memorables; esa de “viviendo por cortesía”. Al instante, en mi mente, aparecen bosquejos de tantos momentos pasados que ahora entiendo, tan solo, con esa frase de la cortesía del vivir. Me aterra profundamente porque lo sé real; lo sé humano. Hay algo admirable en lograrlo; aún sí, al hacerlo, terminemos llorando.
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soñé que conocía a hayley williams
de Sara Hernández
soñé su cabello encendido -una medusa de lava, ella- incendiarme hasta quedar limpia ambas vestimos de gris ambas coleccionamos mariposas disecadas compartimos una feroz devoción por el peróxido nunca aprendimos a aplacar nuestra furia de vez en cuando nos aflora una tristeza subyacente cuando vemos a una yegua [...]
Nota del editor: Soy un esclavo de la puntuación. Eso me hace buen escritor pero mal poeta. Muchas veces, me evade el ritmo de las palabras que logra imitar, sin necesidad de un punto, el final de una oración. Si hay méritos a la poesía, ese ha de ser uno de los mayores: entender el idioma a tal grado que puedas replicar sus pausas sin usarlas. Ese mérito se lo doy a Hernández, sin duda alguna, por este poema que me desafía y me supera.
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Almas viajeras; almas creadoras
de Juan Puebla
En 1942, Edward Hopper presentó ‘Nighthawks’, una obra icónica del realismo americano. En ella, captura la soledad existencial de la vida urbana, reflejada en los rostros cansados de un grupo aislado en una cafetería nocturna. Están juntos, pero solos. La fatiga en sus figuras muestra la soledad existencial que aqueja al individuo. Las pinceladas de Hopper, sobrias y melancólicas, expresan una tristeza persistente que aún nos acompaña.
Entre tanto tumulto, muchedumbre y actividades, no somos capaces de definir nuestra identidad—de ver los rostros en ese comedor que pintaba Hooper—. Como almas viajeras, huimos de nosotros mismos, refugiándonos en la imitación y en las costumbres; en una búsqueda desmesurada de apreciación y aceptación de los otros, cuando en realidad, la gran persona es aquella que, en medio de la multitud, salvaguarda su independencia.
Nos movemos; pero no hacemos mucho.
[…]
Nota del editor: Ya no sé si mi alma—si es que siquiera existe—viaja o crea. Si crea porque viaja o viaja porque le aterra crear. No sé dónde entro en la dicotomía de Puebla. Sé, tan solo, que entro en ella y que la pienso y que me evade y que trato de entenderla. No se puede pedir más de un ensayo.
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Casparín, rey de Palenque
de, su amigo, el editor, J.L. Sabau
Esta es una historia del tiempo; de cómo nos evade, por más que lo queramos controlar—y como, me voy percatando, yo evado hablar de él—. Es un relato de cómo, inevitablemente, nos supera. Ya es una regla que, constantemente, nos volvemos a encontrar. Puede que la ignoremos un instante; un par de años quizá. Pero, tarde o temprano, volverá con su indiscutible brutalidad. El tiempo nunca fue nuestro; solo nos llega a pasar. Y en su paso, me temo, encuentra su mayor crueldad.
Todo inició hace un par de meses. Me vino, en la peor de sus formas, esta verdad constante: el hallazgo. Concretamente, el percatarme que, hasta el pasado mismo, nos ha de olvidar. Es el tiempo más cruel. Del futuro y del presente poco escribiré; sus crueldades son tan certeras que en sus definiciones. Lo uno nos supera en el mañana. La naturaleza del futuro es la incertidumbre que, eternamente buscamos derrotar e, inevitablemente, nos derrota. Lo otro, a su vez, nos gana en lo efímero. El presente pasa tan rápido que vivir en él es iluso. Cuando al cerebro ha llegado la imagen de un instante, me temo decirlo, el instante ha pasado. Lo uno no lo conocemos, lo otro lo vivimos en el ahora, pero, de inmediato, lo vivimos en el pretérito.
[…]
Nota: Este ensayo lo escribí en mi último año de carrera, sentado en la biblioteca de la universidad. Lo escribí aterrado tras ese hallazgo y juré que, entonces, había logrado mi gran mérito literario. Ya no sé si es el caso. Si la hubiera escrito hoy, hubiera divagado menos; hubiera tratado de hacer más historia y separado, con claridad, lo que pasaba de lo que pensaba. He cambiado. Así pasa siempre con los autores. Ya no sé a quien quiero más. Me entra nostalgia por esta escritura; mi impulso, aún así, es el de editarla. Sé, tan solo, que he crecido. Ya decidirán los lectores si les gusta hacia dónde lo he hecho—yo, por lo menos, estoy satisfecho con quien soy—.
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Un fuckboy más
de Pavo Goff
—La de rojo quiere contigo— señaló Daniela.
Fingí darle un trago a mi paloma y miré hacia el otro lado de la pista. Ahí estaba la de rojo, con los ojos puestos en mí. Se pasó la lengua sobre los labios. No me estaba mirando; más bien, me estaba sabroseando.
—Obviamente —respondí—. Fue mi free en la prepa, seguro quiere un recalentado.
Continué mirándola. Parecía que sus senos iban a reventar la parte superior de su vestido en cualquier instante. En otro momento de mi vida me hubiera podido seducir la piel bronceada de sus piernas o se me hubiera antojado morderle los labios. Pero esa noche, mi mirada estaba apuntando hacia otro blanco.
—Entonces, ¿por qué dices que no hay solteras? Ya tienes para hoy.
—Ella sería mi plan zeta, quiero algo nuevo.
[…]
Nota del editor: La literatura es el acto de empatía radical. Solo a través de ella logras sentir lo que otros y, en muchas ocasiones, de esos otros que quisieras ignorar de lleno. No hay, en la sociedad moderna, otro sujeto tan generalizado y detestado como el fuck boy. Lo de Goff es un reto herculeano: usar la literatura para ponerse en sus zapatos.
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Cada semana, publicamos una crónica o ensayo en formato largo. Son las apuestas que hacemos y están disponibles para nuestros suscriptores pagados.
Esta semana, Pedro Sosa Tabio nos narra sus últimos meses en Cuba, cuando todo se desmoronó. En la isla, era periodista comprometido con la verdad. Eso fue hasta que el estado le siguió la pista y le hizo lo mismo que a otros tantos: lo interrogó; lo censuró; lo dejó con pocas alternativas además del exilio.
No es país para nosotros
Memorias de Cuba
La primera casa terminará siendo una de las más difíciles. Son dos niñas. Una está verdaderamente entusiasmada por mi presencia. A la otra le duró la atención hacia mí lo que tardé en entregarle sus juguetes, como suele ocurrir.
Llegué por sorpresa hace unos minutos. Hice sonar la campanita que me dieron con el traje. Saludé con la risa redonda característica de mi personaje. Entregué los regalos y les dije que fueran buenas y se portaran muy bien. Eso es todo, pensé, pero llegó la abuela y la visita se torció en un segundo. ¿Este no tiene música ni baila como el del año pasado?, preguntó la señora, sembrando la semilla del mal. La música la ponemos nosotros, acabó de germinarla la madre e hizo sonar, en el televisor, un villancico cualquiera, cantado con voces infantiles.
Es 24 de diciembre de 2022, la temperatura es la más fría registrada para una Noche Buena en Cuba desde 1991. Pronto empezará a lloviznar, me queda una larga tarde de recorrer el municipio Cotorro en moto, disfrazado de Santa Claus, y me estoy cagando terriblemente.
[…]
Nota del editor: El mayor mérito de Sosa Tabio es el de la universalización. Su historia se niega a ser individual; se entreteje con las de otros periodistas y artistas que sufrieron el mismo destino que él. Va más allá, incluso; va hasta hacer que Cuba se sienta como el epicentro del mundo y la indignación llegue a todos los rincones. Es una lectura obligada.
Lee la crónica completa:
Dado el éxito que tuvo nuestro primer foto ensayo la semana pasada, quisimos repetirlo. Esta vez, con una serie de fotos de Victoria Huelin quien, con su cámara, quiso capturar la vida en el campo español. Misma que es, a su vez, la vida de la mitad de la población global que vive en un contexto rural.






Nota del editor: Lo que más me impresiona de Huelin es su capacidad de capturar lo latente. Hay tanto una nobleza en estas fotos como una crueldad. El placer de vivir de mano propia y la desgracia de tener que matar lo que uno come. Todo eso son palabras, en el movimiento de una horca y la mirada de unas vacas.
Ve el foto ensayo completo:










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