Ya es viernes. Llegan tres poemas, dos ensayos y un cuento para acompañarte el fin de semana.
Prepárate un café, agarra un buen rincón y ve los logros del español antes de que ganen el Nobel.
Todo con tu membresía de Perpetuo.
Pero También
de Iñigo Ayala
Bendita ambivalencia
a la que me he entregado.
Ahora eres mi maestra.
A una vida le dije: “no eres verdad”
y se esfumó como un gato avergonzado.
¿Cuántas fantasías caben en un átomo?
¿Puedo vivir sin futuro?
En ambivalencia desinhibida,
sin “peros”, sin “es esto
o lo otro”, vivir en “sí, y también”:
lo que viví fue real,
y también un sueño.
La palabra está preñada de mundos.
Tengo mil pasados y ninguno ocurrió.
Nota del editor: Mi opinión es que, en la poesía, como en el ajedrez, hay poetas que amaestran partes distintas del juego. Está el principio, el medio y el fin. Este poema, único que pongo íntegro para el 3,2,1, me parece un ejemplo brillante de un talento nato hacia el juego final.
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Descamino
de Iñigo Ayala
Mi camino es la vida al revés; un río que fluye hacía su fuente. A destiempo el tiempo da marcha atrás: lo aprendido se desaprende, lo obtenido se desobtiene, y todo se deshabitúa. Los años tropiezan y despiertas a la niñez: [...]
Nota del editor: La poesía es un rumbo para encontrarse. Creo que Ayala, también, está de acuerdo con eso—así me lo ha demostrado en nuestras pláticas repetidas sobre su poesía—. Pasa que, en ciertas ocasiones, hay que seguir la ruta contraria para el encuentro. Ese, para mi, es el propósito de estos versos.
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Tejiendo en agua
de Iñigo Ayala
A veces dudo si escribir,
no quiero descuidar el tan gentil
silencio.
Sé que es porque sigo verde: dicen
que los sabios enuncian sin hablar.[…]
Nota del editor: Hace tiempo, escalé una montaña con una amiga querida por primera vez—aunque ella, seguro, me corregiría y diría que eso era un cerro—. En la cima, vi un paisaje prístino, donde los colores del otoño comenzaban a salir entre los del verano tardío. Nunca he escrito, formalmente, algo sobre esa vista. Así, tengo muchas que prefiero ahorrarme. Será por miedo a no poder lograrlo o será, como dice Ayala, por querer cuidad aquel tan gentil silencio cotidiano. Supongo que el poeta también debe tener control.
Lee el poema completo:
Desarmarse para amar
de Vause
El amor y la vulnerabilidad parecen dos palabras que no deberían encontrarse. Una suena a plenitud; a alegría. La otra a fragilidad, a grietas, a riesgo. Pero cuando se unen, cuando se tocan, cuando se entrelazan, descubren su verdad más profunda: Amar es mostrarse; es entregarse; existe amor verdadero sin vulnerabilidad y no existe vulnerabilidad fecunda sin amor.
Amar es mostrarse; es entregarse y que el otro vea lo que el mundo nunca ve: los temores que escondemos, las cicatrices que callamos, los sueños que no nos atrevemos a contar en voz alta. Amar es quitarse la armadura que nos protegía del rechazo y decir: “Aquí estoy, con mis luces y mis sombras, aquí estoy, aunque tiemblo, aquí estoy, aunque no sé si me vas a cuidar o a romper”.
[…]
Nota del editor: Vause es de esos regalos de la época moderna. Sé poco de ella—de hecho, no sabía su género hasta anoche que me compartió su biografía—. Aún así, hablamos por Substack y escribió estos aforismos hechos ensayos para Perpetuo. De ellos, lo que más me llama es la forma más que el contenido. El amor, si hubiera que resumirlo, se me asemeja a un balbuceo. Es el saber exactamente lo que es pero no poder definirlo en una sola expresión. Así, siento yo, le hace Vause, también, entre tanta definición que pelea entre sí.
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Cartas al editor: Poesía como comunión
de, su amigo, el editor, J.L. Sabau
No me considero una persona religiosa. Aun así, lamento, en parte, la pérdida de la religión.
La causa la tengo clara. A eso de los quince, mi padre me regaló Así habló Zarathustra, jurando que era un libro de poesía. De ahí, todo fue cuesta abajo; se esfumaron los años de educación católica—que muy buena no sería, para ser tumbada por un solo texto—. Aunque el motivo es irrelevante. Importa la consecuencia: hoy día, no soy religioso; muchas veces, lo lamento.
Lamento esta ausencia que, en tantas gentes de estos tiempos, se ha hecho la norma. Nuestro siglo es uno en el que la religión pierde cancha; pierde espacios. Las iglesias, los domingos, tienen bancas vacías y las cruces, en cuellos por montón, son más un regalo de algún familiar que un testimonio de fe.
[…]
Nota del editor: La reseña me parece un género intolerable. Me sorprende que haya gente que lo disfrute y que, en lugar de leer un par de páginas del texto en sí, quiera que alguien lo lea por ellos. Por eso, cuando reseño, me enfoco en un par de cosas diferentes. Quiero que el lector salga, de mi reseña, con ideas que le permitan leer todos los textos de una manera distinta; así como, el texto en sí, me lo hizo a mí. Quiero que entiendan al autor y saquen, de mí, lo que no podían del texto aislado. Y sobre todo, quiero que la reseña sea un ensayo digno aún si no lees el texto del que hablo. Así que, no piensen en mis reseñas como las acostumbradas. Denles un poco más de paciencia.
Lee el texto completo:
Y si quieres hacerme una pregunta al editor:
Uno más
de Michelle Bermúdez Betancourt
Lluvia. Obscuridad. Estruendo.
Lo ignoraba; sin embargo, conocía el mundo más que cualquier otra persona a su alrededor. ¿Conocía o vivía?
¿Vivía? Esa es la verdadera pregunta.
Encarcelado en la eternidad del tiempo, vivía en muerte y moría en vida. Era imposible ver la diferencia. Claro que a los seis años de edad no sólo no pensaba en eso, sino que no lo hubiese podido entender.
[…]
Nota del editor: Cuando hablamos de desigualdad, hablamos, usualmente, de pobreza. En el discurso político, suele ser sinónimo de precariedad. Se nos olvida que, en verdad, habla de distancia entre extremos. Bermúdez tiene el mérito de dejarlo claro en una ficción cuyos personajes son inventados pero son arquetipos que todos, en América Latina, hemos visto. Pienso en lo que decía Javier Marías en su discurso para entrar en la RAE: en un mundo de post-verdad, solo nos queda la ficción. Aprendí más de desigualdad de Bermúdez que de muchos periódicos.
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Cada semana, publicamos una crónica o ensayo en formato largo. Son las apuestas que hacemos y están disponibles para nuestros suscriptores pagados.
Esta semana, Jericca Warren se adentra en un rincón de Honduras del que se habla poco fuera de los folletos en cruceros internacionales. Nos cuenta de las Islas de la Bahía y su resistencia cultural en un esfuerzo por que le llegue a todos los rincones donde se habla español—aún si, en las islas, se habla inglés—.
El alma indómita de las Islas de la Bahía
Allá a finales de los noventas, a mis cinco años de edad, el asombro me perseguía mientras bailaba alrededor del Palo de Mayo. Llevaba una cinta color rosa amarrada desde lo más alto de ese tronco hasta mis pequeños dedos. Los otros niños también reían y giraban, cada uno sosteniendo su cinta y, poco a poco, nos íbamos entrelazando unos con otros, tejiendo una espiral alrededor del palo, sin darnos cuenta de la belleza que dejábamos detrás.
No era solo bailar en círculos; era una tradición caribeña llena de ritmo, casi como si nuestras risas se mezclaran con el band dance que sonaba; esa música isleña cargada de tambor y movimiento que hacía que todo latiera con más fuerza. A nuestra corta edad no entendíamos la profundidad de tal tradición en la isla de Roatán.[…]
Nota del editor: Me obsesiona América Latina. Me obsesiona entender todos sus rincones. Cuando me llega una crónica, como la de Warren, que me revela un rincón del que desconozco, no puedo hacer más que reconocer mi ignorancia, educarme y publicar con tanto esmero como pueda.
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