Ya es viernes. Llegan tres poemas, dos ensayos y un cuento para acompañarte el fin de semana.
Prepárate un café, agarra un buen rincón y ve los logros del español antes de que ganen el Nobel.
Todo con tu membresía de Perpetuo.
[Finales sin fin]
de Rosario Rutilo
Finales sin fin.
Comienzos inciertos.
La vida que muta,
que mata,
que es mito:
Fabulosa y extraordinaria.Nota del editor: En español, como en todo idioma, nos hacen falta palabras que puedan explicar la rareza de la vida. Por eso, tenemos la fortuna de que existan los poetas como Rutilo, que, ante la falta de vocablos, los van uniendo entre sí, en oraciones contadas, para que nos demos cuenta de las palabras que escasean. Ahora, estoy terriblemente atento a cómo fabulosa y extraordinaria es la forma más precisa para describir a nuestra vida, pero cómo, pareciera, necesitamos un vocablo que combine ambas—quizá, ese vocablo, es “vida”; quizá, habría que preguntarle a Rutilo—.
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Domus
de Mariana Anaya
¿En qué piensas cuando piensas en tu casa? ¿Donde tus primeros pasos diste E hilaste vocales y sílabas como cuentas en un listón? Más bien es la cocina de Tita Con sopa y arroz esperando al acabar la escuela Entre siestas y nieve La Sultana, sandía después de nadar en la alberca ¿Piensas en el lugar al que llegó tu primer perro? ¡Por fin una casa con jardín! La hamaca donde cantaba el abuelo Muñequita de aserrín…. [...]
Nota del editor: “¿En qué piensas cuando piensas en tu casa?". Yo pienso en tres cosas. Pienso en el calor que te derrite la frente de mi natal Cozumel. Pienso, ahora, en el vaho que sale de las calles por las mañanas en la Ciudad de México. Y pienso, sobre todo, en los versos de Anaya, una y otra vez. Pienso en su capacidad de interrogarme y, en su experiencia propia, llegar a la ajena. Esa es una gran virtud de la poesía. Que lo que es de Anaya, se haga mío; se haga de todos
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Te deshojas
de Diana Chávarri
Te observo y veo que te estás depurando. Sueltas lo que no necesitas más. Te preparas para sobrevivir el siguiente ciclo. Te estás transformando. Tus colores y texturas ya no son las mismas. Incluso, proyectas un sonido distinto. Pareciera que hablas un lenguaje diferente al que acostumbras. Escucho. Comunicas de formas tan diversas, que resulta fascinante oírte. Pero, a la vez, percibo que me hablas lúgubre y misteriosamente. […]
Nota del editor: La prueba de fuego para la poesía, es la memoria. Este poema—Chávarri no me dejará mentirles—lo leí hace ya unas semanas. Justo cuando el verano daba sus últimos alientos. Ahora, el otoño está en vigor y los árboles mudan sus ropas. Al caminar, veo las hojas caídas sobre el suelo; al notarlas, pienso, sin duda, en estos versos. Ese es el mejor testimonio de su valor.
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Una renuncia constante
de Catalina Alemán
Hace unos meses tuve la oportunidad de escuchar por primera vez el nuevo EP de Alejandro Sanz mientras me encontraba en un viaje en auto. De manera casi poética, las letras y melodías de sus canciones fluían por mis oídos de la misma forma en que yo lo hacía por la carretera. Estaba teniendo una experiencia progresiva y acogedora cuando de pronto sonó el sencillo “Palmeras en el jardín” y toda mi concentración se resumió en un suspiro suspendido que días después evolucionó a una pregunta latente: ¿es el amor romántico intercultural la historia de una renuncia constante?
Hablar del amor intercultural me sitúa en 2022 cuando me fui a estudiar una maestría en el extranjero. Durante ese periodo, además de aventurarme a vivir en otro continente con diferentes tradiciones, también me di la oportunidad de tener citas románticas con hombres europeos. Ambas decisiones (vivir en otro país y relacionarme con otras costumbres) no solo tuvieron un impacto en mi vida, sino también en el algoritmo de mis redes sociales que desde aquel momento me recomienda cuentas de parejas internacionales (específicamente de mujeres latinoamericanas con hombres europeos o norteamericanos) que documentan su día a día.
[…]
Nota del editor: Voy a ignorar el argumento de Alemán que habla por sí solo—y es meritorio leerlo por sí solo—. En su lugar, quiero enfocarme en lo que es latente: el motivo. Lo que Alemán escribe, además de ser un reflejo de un mundo global, es un testimonio del poder de la música. Diría, incluso, evidencia de la música como precursor de ideas. Solo que hay los que escuchan música y piensan; y hay los que, como Alemán, escuchan música y crean.
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Sobre la ficción y la literatura
Cartas al editor #4
de, su amigo, el editor, J.L. Sabau
Hace unos días, pude ver cómo grababan, en vivo, un podcast sobre libros. Era un debate domesticado; más bien, habría que llamarlo una conversación, aun si la intención era discutir. La idea era que una persona hablara a favor de la ficción y otra de la no ficción.
Disfruté tanto de verlo—tanto, tanto—que quise escribir de un par de ideas, unas palabras y dos subjetividades que muestran la brecha entre mundos literarios. Aunque no me hicieron preguntas a mí—es más, yo hice preguntas a los panelistas al terminar—, me quedé con ganas de alzar, con mayor detalle, una cuestión que, ni siquiera, se tocó en el debate. Me he pasado el resto de la semana pensando en el tema—tanto que, temo, me saltaré otras cuestiones pertinentes a Perpetuo para escribir de ello. La cuestión, en sí, es si el debate que vi, valía, siquiera, la pena. Si, en verdad, es digno discutir entre ficción y no ficción.
[…]
Nota: Admiro a los libreros. Tienen una labor imposible. Deben de tomar todas las sandeces de, nosotros, los autores y clasificarlas en categorías sensatas para su eventual compra y distribución. Quise ayudarles un poco; este es un tema cercano. Combina los años que viví en un país angloparlante con los muchos más que he vivido en uno hispano. Esta vez, me esperanza, creo que el español gana. Veremos si el argumento le gusta a los libreros del inglés.
Coincidentemente, tanto Alemán como su servidor, arrancamos esta semana con las mismas palabras (las grandes mentes, dicen, piensan igual).
Lee el texto completo:
Y si quieres hacerme una pregunta:
Las casas
de Jacinta Diaz-Corona
—¡Es por gracia divina que aún no haya muerto en un choque!
—Es más bien gracias a las habilidades de los demás.
—…
—Y a pesar de las tuyas.
—…
—Pero sobre todo de los demás.
—A ver, wey, no está fácil manejar en una ciudad nueva, ni le entiendo a los pinches letreros.
—No es tan difícil, cabrón: son nombres de calles; rojo paras, verde avanzas; y las flechitas te dicen el sentido.
—¡¿Quieres manejar tú?!
—…
El olor a pintura nueva, asfixiante, me sabe a hogar. Llegamos a duras penas a la casa, después de haber dado 3 vueltas a la manzana sin encontrar el número. Lucía se estacionó con una llanta sobre la banqueta cuando dimos con el domicilio. Está prácticamente sin amueblar, pero nos funciona por ahora. Dos cuartos, dos camas, un escritorio, un sillón, una mesa, cuatro sillas. El sillón está cubierto de una tela, como disfraz de fantasma, para que sea fácil de lavar. Lo primero que hace Lucía al entrar es subirle la falda al sillón y quitarnos de misterios: es café.
[…]
Nota del editor: Hay veces que, lees una frase y te dices, “carajo, tengo que publicar esto” o como yo me lo digo “no podría explicarme, en diez años, no haber publicado este cuento”. En esta ocasión, la frase llegó tarde, pero llegó. Está en la recta final del cuento de Diaz-Corona. “Entendemos cómo acomodar lo que aparentemente no tiene acomodo.” Como si el cuento buscara definirse; como si nos diera una clave, muy pequeña, para entenderlo. Ahí supe que teníamos que publicarlo.
Lee el cuento completo:
Cada semana, publicamos una crónica o ensayo en formato largo. Son las apuestas que hacemos y están disponibles para nuestros suscriptores pagados.
Esta semana, Natalia Gelós explora la figura del yaguareté (o jaguar) a lo largo de América Latina. Lo que comenzó como un estudio del animal, se transforma en una biopsia de América Latina, la justicia y le ética. Es un estudio del yaguareté, sí, pero también sobre los humanos que viven alrededor de él, su admiración y miedo; rituales que loe veneran y personas que los cazan.
Yaguareté
Caza, juzgados y una madre de tres patas
Lo que suele asomar es su huella, el rastro de que anda cerca, la certeza de que ese sello contra el suelo fue dejado por un cuerpo potente y plomizo que sabe habitar el silencio. El yaguareté aparece en los relatos de los cronistas de Indias; en máscaras de distintos pueblos—jaguar guerrero, jaguar místico, panthera onca—; en imágenes de cámara de seguridad en estos tiempos—en un patio, por ejemplo en la noche templada de Iguazú, en Misiones, Argentina—. En fotos de las oenegés, postales inmaculadas, belleza contra el verde. O lo vemos carneado, colgando de las patas, el cuerpo tieso, en el medio del monte, tres hombres alrededor, la sangre encharcando la tierra en un campo en la selva.
Lo que distingue a cada yaguareté son sus manchas, las rosetas. Cada una forma un patrón particular, como las callosidades de las ballenas, como nuestras huellas dactilares. Es el tercer felino más grande después del león y el tigre, y el único en su tipo, rey de reyes, en América. Un paseo por distintas vidas de algunos de ellos permite completar un tapiz que habla de desmonte, propiedad privada, miedo a lo que no se conoce y libertad.
[…]
Nota del editor: No quiero alargarme más en comentarios. Me limitaré a un par de hechos. A Gelós la conocí por un reportaje maravilloso del aguará guazú—una bestia indómita en el sur de nuestro continente—. Le escribí tan pronto lo acabé y le dije que escribiera de lo que quisiera. El resultado—esta crónica—es primo hermano, siento, de ese primer reportaje. Es una historia más grande, como el continente mismo; quizá, incluso, como la humanidad entera y nuestra relación con los animales.
Lee la crónica completa:








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