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A la sombra del mundial

de Arturo Trujillo

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jun 08, 2026
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Esta crónica fue escrita por Arturo Trujillo. Puedes leer más del autor y sus publicaciones en la biografía que incluimos al final.


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Este ensayo parte de una serie de fotografías realizadas en el Pedregal de Santa Úrsula, a un costado del Estadio Azteca.


La colonia Pedregal de Santa Úrsula se encuentra al sur de la Ciudad de México; ahí donde la piedra volcánica reemplaza las bases pantanosas del centro capitalino y los rascacielos descansan momentáneamente. Es una colonia de casas chatas, calles estrechas y el enmarañado de cables característico de México entero; una más de las cientos que conforman la capital.

Caminando entre sus calles, no sospecharías lo que yace a escasos metros; lo que está a la vuelta. En su cordillera posterior, donde el barrio pareciera acabar, aparece el gigante que toma su nombre como apodo. Ahí está el coloso de Santa Úrsula; el Nido del Águila; el famoso Estadio Azteca—recientemente rebautizado como Estadio Banorte—.

El estadio ocupa una prominencia enorme en el mundo del fútbol. Para el mexicano, es el hogar de las Águilas del América y sus múltiples campeonatos—ya sea para aplaudirlos o abuchearlos—. Para el mundo, es donde Pelé se coronó con Brasil y Maradona, asistido por Dios, ganó el mundial para los argentinos. Dos veces sede de finales, decenas de eventos, cientos de partidos de liga.

Pocos espacios ponen una sombra tan grande. La sombra que cae sobre el Pedregal de Santa Úrsula. Y sombra que, ahora, es más grande todavía.

Por casi dos años, el estadio cerró sus puertas por remodelaciones para el siguiente mundial. Ahora, que se abre de nuevo, lo hace con nuevos colores.

Ahí está, listo para el mundial.

Mientras tanto, la gente a su alrededor, no sabe cómo seguir adelante.

Fueron excluidos desde la planeación desde la creación de un cerco policial implementado por la FIFA.


Cuando fui por primera vez, era casi imposible caminar por la zona alrededor del estadio—al menos no sin arriesgar la movilidad de tu tobillo—. Las obras que consumieron al estadio por dos años fueron eso, cambios y construcción. Santa Úrsula, mientras tanto, seguía con sus calles de siempre y sus problemas cotidianos.

Faltaba poco para que se reinaugurara el Azteca. Fui con mi bicicleta, como acostumbro al conocer un sitio nuevo. Me gusta hacerlo. Me da cierta libertad de recorrer y conocer muchas de las calles. Pasa que el Pedregal de Santa Úrsula, me fue imposible. Las obras me cerraban el paso a cada esquina.

El polvo, las banquetas rotas, el ruido y el tráfico son algunas de las cosas a las que ya se acostumbraron sus vecinos. Se habían acoplado a los cambios del Azteca; a la sombra de sus remodelaciones.

Eso no implica que lo apoyen; solo que lo reconocen como parte de su realidad. Les ha tocado vivir el groso de los cambios para el mundial sin, siquiera, oportunidad de vivirlo.

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