El Juez nació en Estación Marte, su viuda en Muzquiz. Está engordando a un cabrito para vender atado en el descanso de una sombra. El Juez barrenaba las minas. Amasada con sus manos, una casa de barro. En la zona del silencio, una bóveda de estrellas tiene millones de años muerta. Cuando el agua salpica sobre arena hecha grieta, el desierto entierra un suspiro. Nunca supimos por qué lo llamamos el Juez.
Este poema fue escrito por Pablo Vela para Perpetuo.



