¿Cuánto carcinógeno se ocupa
para matar al cartógrafo en delirio?
«Cartuchos de sí mismo absorben,
lo que ostentaré para decir
por aquel trombón mudo».
Archívalo ya todo en lontananza
si quieres, etéreo y viejo sordo,
que sobre tus pedregosas láminas de brea,
mi acoso no desafina.
Para ver el brote
de tu lirio atómico
he tatuado mi mapa
y no te equivoques
seguiré
hasta que estos
furcios quehaceres
resuelvan mi espiral
en un tintero de ceniza.
«¿Cuánto carcinógeno se ocupa
para inmolar a quien vive
de verter su baba al viento?»
Oculto y entumecido
a veces me vuelvo a mi bóveda
de alcanfor perenne
tintado con lóbrega noche
mas el silencio
de mi lengua y las otras
te inflama en una cólera
sin raíz, sin firmamento,
y sin saber cómo
me sueltas tus hojas y plumas
mustias, delirantes,
y mi dulzor sin ley
otra vez le pertenece
a tu balada y huyo
huyo
huyo
huyo
«y vuelves
vuelves
vuelves»
desde el lugar donde partí:
útero de madre, persiana de cristal
¿Por qué astillar mi alma con cuerpo?
Para qué orquestar mi defenestre
y volverme arriero de verdades,
cuando el eco redundaba exquisito
entre tus cortinas ilusorias.Jonás García Agüero. Vive la Ciudad de México y sus sueños, a veces, transcurren en Campeche. Es yucateco y estudiante de letras, vacunado con Sputnik.



