Colibrí
aleteando sobre un níveo agapando,
frente a mi ventana veo a un colibrí,
que al tomar un descanso sobre el alambre,
[de púas
enigmático, discurre para mí.
¿Qué otras boscosas criaturas cruzan esta
triste tecnósfera de blanco concreto?
Entre mi ventana y el otro edificio
No hay bosque para ninguno.
¿y qué otra invitación hace un alambre
[de púas
sino a chingar a su puta madre?
Rateros, embusteros, mentirosos todos.
En esta ciudad no se puede confiar en nadie,
por eso levanto muros y bardas
[con púas
y pongo rejas y casetas y códigos.
Afuera, los mentirosos, adentro
mi pasto verde, mi roble, mis plantas.
Solo en ti confío, ¡oh! colibrí.
Ave verdemar y lapislázuli.
¿Por qué has decidido posarte sobre
mi edén defeño, mi siglo veintiuno?
El bosque es tuyo colibrí, las cañadas
que crecen entre el concreto, los quedos
ríos que no quieren tributar la vialidad.
Allá abajo, lo guardo para ti.
Allá en la hondonada los cedros, los
encinos, senderos de garras de león,
tupidos helechos, patas de elefante
y tú acicalando mi precaria vista.
Tú quieres posarte aquí, y ser los dos
contra el quieto estruendo de las púas
solitario agapando de solitaria esquina.
Y compartimos el rosáceo cielo,
solo nosotros. Ahí fuera nadie
se envuelve en este mantel de seda
que tiñe las demacradas paredes
y es como la mesita de los abuelos
en la casona de san ángel, escondido,
un niño que conocía ya el edén
Que conocía el miedo y los muros
[sin púas.
Quizás había divisado un colibrí.
Xavier Burguete. Es pseudónimo de una autora o autor que prefiere el anonimato. El tiempo lo revelará.



