Todavía no me enamoro de este sistema, de andar con el arte en los dedos, mendigando oportunidades y certezas que permitan enraizar y germinar. En mi país de origen, asesinan defensores de derechos humanos. Más que en Ucrania. Primeros en el mundo. Estamos en escena, en resistencia. La mayoría, ambientalistas, cuidadores del territorio, rugen como el viento y el mar, por los recursos no renovables, recogen las cenizas de lo nuestro, en cuevas de persecución, amenaza y muerte. Mientras tanto yo, me escondo en una tonta sonrisa, en una lectura del horror del cambio climático, en los veranos naranjas y el vermut de barril, en la ilusión de encontrar algo significativo, como el dulce del día, y poner letras a lo que muchos no pueden decir, tapando esta herida de la marcha que machaca, porque acá no es mejor. Los cueros de las uñas en sangre, deseando que un terremoto enfurecido permita desaprender la colonización, el egoísmo, que nos aleja como eco-sistema, y nos ayude a remediarla, a curarla, para dejar de ser fragmentos de basura.
Andrea Ortega Jiménez es periodista, escritora y creadora de Una Andrea Más. Trabajó en Editorial Gedisa y en el Instituto Cervantes de Países Bajos.



