Después del tono
Hola, ¿cómo estás?
Hace tiempo que no hablamos.
Han pasado semanas desde que me senté frente a frente
a la hoja en blanco,
al cielo nublado,
al espejo.
Esperando que fueras tú la primera en llamar.
Supongo que me dejé llevar
por la constante tentación de existir
y no pensar,
ignorando a la pluma,
empeñada en llorar
hasta que la cargue.
Una vez en mis manos sentí mi cráneo descomprimirse.
Abrí la llave,
saqué el corcho
para ahogar el
“No tienes tiempo”
“Mejor más tarde”
“De nada sirve”
y enfocar la vista.
Verás,
paso demasiado tiempo esperando el llamado
cuando debería ser yo
quien tome el teléfono.
Aún así, espero
que el beep sea incesante
y me mande a buzón.
Enfín,
no hay nada nuevo que contar
salvo lo mal que me pone ver anochecer a las 6 P.M.
y que mi tarea de física es abrumadora;
que prefiero enfrentar el vacío de mis palabras
al de mi mente.
Quisiera prometerte regresar pronto, pero no puedo mentir.
Sin embargo haré una cita mental en mi calendario
para finales de diciembre,
cuando la nostalgia me obligue
a sentarme de nuevo,
a seguir la corriente,
a llamarte.
Este poema fue escrito por Mariana Anaya para Perpetuo



