I.
Escucha el juego de la luz, El claroscuro. Ya sé que dirás Que no puedes oírlo con los ojos, Que ya empecé con mis sinestesias extrañas Pero mira hacia afuera Entorna los párpados Y deja entrar un halo de sol El murmullo: Las ramas batiendo flores Un pájaro trinando viento Mi aliento agitándose en tu cuello. El árbol de tu balcón Perdió las hojas, Y ahora naufragan hacia adentro. Secas, Con su sonido de muerte dulce Jugando a la vida Con una desnudez Que recuerda a la nuestra: Tú, Yo, Con este otoño en la boca, La carne misma La nostalgia intacta.
II.
No pasa nada Ya lo estás viendo: Ninguna luz en la noche oscura Que alerte de un incendio Ningún maullido de gata en celo En los tejados que frecuentas Deslizándote a escondidas Como sombra de nadie. No hay una sola hoja arañando el asfalto Partiendo el silencio nocturno Sin embargo hay ruido, Un bramido que no cesa, Uno que solo tú escuchas, Como un aguacero en el pecho. Quieres pedirle que se calle Gritarle a tu grito que no aúlle Despojarte de lo roto Fingir la risa Escaparte al lugar ese Donde todo es nuevo Como si atravesar la tierra Enmudeciera el eco de adentro.
Este poema fue escrito por Adriana Mosqueda.



