Hoy he sido lo que nunca osaron ser los turbiones al borde del horizonte.
En la muerte somos silencio desmedido, fuga rapaz de todo aquello que fuimos y que como ínfimo destello lunar en desagües desiertos nos indujo al Ser —o a su búsqueda, o a un ligero vestigio, al menos—; allí somos destino inevitable, consumado, inescrupuloso y repetitivo: trozos de carne pútrida, cerviz alada, articulaciones rotas, sangre pulverizada espíritu desvanecido; retorno a la matriz.
Este poema fue escrito por Javier Hidalgo.



