El jueves que entra, saldrá un hombre en traje por unas puertas blancas con detalles dorados. En México, al menos, serán altas horas de la mañana. Alrededor suyo, habrá cámaras por montón y el bullicio calmado de periodistas tratando de acercársele lo más posible. Todos quieren escuchar cómo lee lo que viene en un sobrecillo—muchas veces decorativo, pues las palabras las sabe de memoria—; en él, está el nombre ganador del Premio Nobel de Literatura.
Así, cada año, en un ritual que lleva más de un siglo con interrupciones contadas. Sale el secretario permanente de la Academia Sueca; el mundo corre a librerías para leer a un nuevo autor.
Esa tradición la conocen todos. Ahora, quiero contarles una tradición similar y vinculada pero, por mucho, de menor importancia: mi predicción del premio. Cada año, en las vísperas del Nobel, hago lo imposible por deducir quién será el ganador. Cada año, hasta la fecha, he errado y me he obsesionado todavía más por predecirlo. Un ciclo vicioso que me hace leer y leer hasta que un día le atine al ganador y me vuelva insoportable entre mis amigos.
Este, ahora les digo, no es la excepción. En octubre, sin falta, el Nobel da a su ganador. En octubre, igual, sin falta, yo trato de adelantármeles.
Esta vez, mi predicción es la del título del ensayo. Estamos viviendo el año del español. Cuando salga el secretario permanente en su traje perfectamente planchado, escucharemos un nombre hispano. Y, me atrevo a ir más lejos, apostaría que será uno de estos gallos:
Enrique Vila-Matas
Cristina Rivera Garza
César Aira
Raúl Zurita
Javier Cercas
Mi conclusión no es por mérito solamente. El Nobel como institución tiene que hacer un acto de balance entre distintos idiomas, géneros y culturas. Ahí se van formando patrones. Siempre—o bueno, casi siempre—el mérito es la base para el galardón. Hay un mínimo de proeza necesario para ser considerado. De ahí, lo que sigue, es tratar de representar al planeta entero y debatir las voces que deben ser elevadas.
Por ello, a lo largo de la historia, aparece un puñado de patrones. De ellos, tres me parecen cruciales. Primero, es muy raro que, salvo el inglés, se premie un mismo idioma en años consecutivos—aunque ha pasado—. Segundo, y similar, es casi imposible que se dé el premio a gente de un mismo país en años consecutivos—la última vez que pasó fue en los cuarentas—; incluso diría que es un tema de región. Por último, y esta es la regla más laxa, no se suele premiar el mismo género en años seguidos con la excepción de novelas. Si es poeta un año, es raro que sea poeta el que sigue.
(Agregaría una cuarta regla que espero se rompa pronto; no ha pasado, en más de cien años de historia, que dos mujeres ganen el premio en años consecutivos).
Así que nos toca hablar de patrones. Más que discutir quién merece el Nobel, hay que hablar de quién ya lo tiene y quién no. Este año, la ausencia clara es la del español. Este año, le debería tocar el Nobel a nuestro idioma.
Lo es, al menos, por tres motivos, a su vez. El primero es meramente temporal. Han pasado ya 15 años desde el último Nobel de habla hispana. Lo que es más, ese Nobel, Mario Vargas Llosa, era, de por sí, parte de una generación ya vieja para 2010. No olvidemos que García Márquez, también miembro del boom literario, ganó el Nobel veintiocho años antes. Hay una generación entera de autores que no se han llevado el premio.
El segundo es por un panteón. Este año falleció Vargas Llosa, el único Nobel hispano vivo. Seguro llegó la noticia a Suecia y ayudará a hacer el caso. El año pasado, murió Javier Marías, eterno favorito del idioma; quizá, a su vez, otro motivo que meta presión.
El tercero es por una coincidencia. No soy de apostar, pero en lo que al Nobel se refiere, suelo seguir casas de apuestas para ver qué opina la gente del galardón. La lógica ahí es que el dinero habla. No meterías cantidades considerables al Nobel si no supieras quién ganará o tendrías una buena teoría de ello. Por meses, he monitoreado a los candidatos posibles y he visto cómo perfilaban, tan solo, dos viejos lobos de mar: el argentino César Aira y el chileno Raúl Zurita. Luego, hace una semana, de la nada, se cuelan dos hispanos más entre los seis candidatos más probables: Cristina Rivera Garza, de México y Enrique Vila-Matas, de España. Alguien con dinero los apoya; algo dirá eso.
Los otros favoritos son el australiano Gerald Murmane, el húngaro, László Krasznahorkai y el rumano Mircea Cărtărescu—quien, por cierto, ha sido mi gallo dos años seguidos—. A Krasznahorkai y Cartarescu los descarto por recordar que, apenas en 2023, el Nobel fue a un europeo. Para Murmane no tengo buen argumento y su novela “The Plains” me parece ejemplar; solo tengo la premonición que el inglés ya lleva muchos galardones y la Academia busca equilibrarse con otras regiones. Quizá, por ello, en años recientes, han elevado un par de voces sorprendentes. La más clara es la ganadora del año pasado, Han Kang, novelista y poeta coreana. Mismo hecho por el cual, creo que Asia está fuera de la ecuación—y, con ello, los chinos Yan Lianke y Can Xue así como el japonés Haruki Murakami—.
Por todo lo anterior, me atrevo a creer que este año, el Nobel hablará español. La pregunta, entonces, es: ¿quién?
Aquí una diatriba más complicada. Vila-Matas me parece la elección obvia. Se asemeja a Marías, quien es el claro vacío; ha ido coleccionando premios en español. Es a él a quien le apostaría.
Rivera Garza me fascina—es, de los listados, mi favorita—. Me atrevo a votarle en contra porque su estilo de no ficción escrita con los recursos de la ficción ya ha sido tema en el Nobel. Es muy cercano a Ernaux; quizá también a Alexievich. Además, sigue el problema de no tener dos mujeres en años consecutivos. Quizá, le juegue en contra la figura del único Nobel mexicano; es difícil comparar su obra con los monumentos titánicos de Octavio Paz. Si yo pudiera dárselo a alguien en la lista, sería a ella. No es la apuesta obvia, pero es la mía.
Aira y Zurita llevan años en la contienda. Ninguno ha trascendido. A ambos les ha de pasar algo similar que a Rivera Garza; hay fantasmas monumentales en sus países. Aira tiene que competir con el hecho indiscutible que su paisano, Borges—quizá, el mejor autor de nuestro idioma—, nunca ganó el Nobel; Zurita con estar a la par de Neruda o, por lo menos, de Nicanor Parra que nunca se llevó el premio. Ambos ya son mayores, ninguno ha trascendido en la cultura popular como lo hicieron los autores del boom—y como ha hecho Rivera Garza en años recientes—.
A Cercas lo incluyo como un impredecible. No está en las casas de apuestas, pero sí que figura en la conciencia colectiva. En la RAE, le dieron la silla de Javier Marías. Es un autor que ha arrasado con premios y se ha ido forjando un género propio entre la crónica y la investigación. No me sorprendería que se lo lleve.
Me faltan muchos autores dignos del galardón en español. Hay quien traerá a la mesa a Homero Aridjis; en redes, he visto mucho entusiasmo por Samantha Schweblin. Y sí, podrían ser; y sí, podrían ganar. Pero Aridjis ya es parte de una generación premiada—coetáneo de Paz— y Schweblin es muy joven todavía. Así, probablemente, pueda descartar a varios más.
Si tuviera que ordenarlos en probabilidad, diría que sería el siguiente listado:
Enrique Vila-Matas
Cristina Rivera Garza
Javier Cercas
Raúl Zurita
César Aira
(Me parece menor la distancia de Zurita a Neruda que la de Aira a Borges; feliz de que el mundo entero me deteste por ello).
Pero, en verdad, mi predicción es más amplia. Mi predicción es que ganará un hispanohablante, sea quien sea. Si le atino a ese detalle, me doy por bien servido y celebraré el jueves entrante. Si, además, está en esa lista, prepárense para que me vuelva insoportable un año entero—hasta que el siguiente me regrese a mi lugar—. Y si es Vila-Matas, espero me invite un café en España, por lo menos, el condenado.
Nota: Acá una predicción loca y contraria a lo que digo. Si, por algún motivo, no es hispano el Nobel, yo le apostaría al sirio Adonis. No me sorprendería que, con las tensiones en Gaza, el Nobel de Literatura se atreva a ser más político que el de la paz.
JL Sabau es el editor general de Perpetuo. Puedes escribirle una carta presionando el siguiente botón:




