El desierto donde nace la luz
Foto ensayo de Valentina Vera Jaramillo
A modo de prólogo
Por Tomas Lemus, editor
Conocí a Valentina en un bar de Madrid, uno de esos encuentros fortuitos que de pronto desdibujan mi certeza de estar viviendo una vida aleatoria. Alguien había mencionado que era fotógrafa, y nos presentaron sabiendo que yo voy cazando foto ensayos. La coincidencia de nuestro encuentro es fascinante. Al hablar de su fotografía, Valentina me dijo que había documentado la ruta Wirikuta, el peregrinaje sagrado del pueblo Wixárika que recientemente había comenzado a obsesionarme.
No sabía nada de este evento hasta que leí su declaración como patrimonio de la humanidad en julio pasado. Yo acababa de regresar de Nayarit y estaba enfrascado en desentrañar la historia de los pueblos del estado. Los wixárika —a quienes había conocido por su nombre más difundido, huicholes, y con quienes había llegado a interactuar— trazaban una ruta épica que atravesaba cinco estados para alcanzar un lugar sagrado de peregrinaje en los páramos de San Luis Potosí. “Qué fortuna que ahora esté protegido”, pensé con un sabor amargo en la boca, repasando lo poco que significan esas palabras en este país,y familiarizado con la voracidad minera en San Luis Potosí y los estados colindantes, también parte del camino.
A este descubrimiento le siguieron unos días de obsesión. Seguía la ruta en los mapas que encontraba, visitaba los sitios en Google Maps; leía sus significados. Pero nada me parecía suficiente, quería estar ahí, caminar con los wixárika, documentarlos con mi cámara. De pronto me sentí consumido por un extraño exotismo y descarté la idea como extractiva; insensible. Mejor que caminen en paz y el resto los celebremos. Meses después, me descubro escuchando los detalles de la travesía de alguien con la fortuna de ser invitada a este viaje, pero que no sólo caminó: tuvo la oportunidad de fotografiarlo en gloriosos 35 milímetros.
Otra coincidencia: mi interlocutora, al contarme la historia, defendió con el mismo fervor que me caracteriza la fotografía análoga,y me explicó por qué había optado por este formato específicamente para la ruta Wirikuta. Coincidimos en que la fotografía análoga es una imagen superior. Es la profundidad ontológica del mecanismo que captura un instante. En lugar de convertir la luz en una serie numérica, transforma un momento en reacción química. En las fotografías de Valentina, los colores del desierto de San Luis Potosí no se tocan ni se comprimen: conviven, cada uno en su profundidad; la intensidad del instante que vivió se palpa en lo impredecible y eterno del grano, en oposición al píxel y su perfecta forma y predictibilidad.
Llegué a casa ansioso por ver este viaje que ahora ardía en mi cabeza, por vivirlo nuevamente a través de las imágenes de Valentina. Tres días después recibí su mensaje, saboreando esta anticipación con la certeza de que la película conservaría la intensidad de las imágenes que había creado en mi cabeza.
Historias como estas son la razón por la que en Perpetuo apostamos por el foto ensayo. Hay cosas que el texto por sí solo no captura; cosas que en los momentos más especiales se inmortalizan únicamente en una imagen. Y hay algo en la imagen que ningún sensor digital puede capturar. En Perpetuo queremos que todas las historias vivan, ya sea en la palabra escrita, hablada, o en el grano.
El desierto donde nace la luz
por Valentina Vera Jaramillo
Una de las muchas joyas ocultas de México se encuentra en San Luis Potosí: Wirikuta, uno de los territorios sagrados más antiguos y vivos del país. Para el pueblo wixárika (huichol), este lugar no es simplemente un desierto; es el escenario primordial de la creación, el sitio donde nació el Sol y donde, cada año, se renueva el equilibrio del mundo.
Año tras año, los wixaritari (huicholes) realizan una peregrinación ancestral hacia Wirikuta. Este recorrido es de más de 500 km, atraviesa cinco estados de México (Nayarit, Jalisco, Zacatecas, Durango y San Luis Potosí) y culmina en el sitio sagrado de Wirikut, San Luis Potosí. A lo largo del trayecto, visitan sitios sagrados, realizan ofrendas y siguen rituales transmitidos por generaciones.
El territorio de Wirikuta y la ruta sagrada del pueblo wixárika (huichol) cuentan, desde el 12 de julio de 2025, con el respaldo de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Antes de esto, sin embargo, se encontraba en constante amenaza por parte de empresas mineras extranjeras que buscaban explotar los minerales de la zona. Los proyectos implicaban la detonación de grandes extensiones del territorio, poniendo en riesgo no solo el ecosistema del desierto, sino también un espacio espiritual. Este reconocimiento no habría sido posible sin la labor incansable de los grupos activistas, en especial el Frente de Defensa de Wirikuta, que durante tres décadas luchó para visibilizar la importancia cultural, espiritual y ambiental del territorio. Gracias a su resistencia continua y al trabajo conjunto con comunidades, ambientalistas y defensores del patrimonio, Wirikuta logró obtener el reconocimiento internacional que hoy lo protege.
Mis viajes a Wirikuta primero en 2022 y luego en 2023 fueron guiados por Gustavo Anara, maestro de Chi kung, autor del libro La fuerza suave, participante activo del frente de defensa de Wirikuta y amigo cercano de mi familia. Él, quien recorrió este camino con los huicholes a los 18 años, nos dio la oportunidad de caminar el mismo territorio desde un lugar de profundo respeto. Para mí, estos viajes fueron una forma de parar, respirar y reconectar con mi espiritualidad.
Durante ambos recorridos tomé únicamente fotografías analógicas, porque la esencia del camino es desconectar del ruido exterior y habitar por completo el presente. Es una semana en la que cada paso y cada silencio se viven con total atención. La fotografía analógica te invita justo a eso: tienes un número limitado de imágenes—36 exactamente—obligándote a pensar qué quieres capturar; el largo proceso de revelado se convierte también en un pequeño ritual.
Para mí, la fotografía analógica es una imagen viva. Está compuesta por ese ruido, ese grano que le da cuerpo y la hace respirar. Fotografiar en analógico me ayuda a conectar de manera más profunda con el espacio; los verdes se vuelven más vivos, los azules más profundos. Creo que la fotografía debe sentirse tanto como vivirse; cada captura es un momento exacto en el que decides detenerte y registrar una forma de vida que está ocurriendo frente a ti. Estas fotografías son fragmentos de mi camino sagrado por Wirikuta. Capturan no sólo la esencia del desierto, sino también la presencia de la cultura wixárika (huichol), su relación con la tierra y la luz que habita en ese territorio donde nace la luz.











Valentina Vera Jaramillo, fotógrafa y cineasta. Nació en CDMX y vive en Madrid, donde descubrió que su verdadera pasión es contar historias a través de la imagen. Su trabajo nace de lo cotidiano, las emociones y los momentos simples con significado.











