Este cuento es de Juan Polanía. Puedes leer más de él en la biografía al final del texto.
Alfonso camina una vez más hacia el viejo cementerio del pueblo. Lleva, como siempre, un clavel en la mano derecha y una sombrilla en la izquierda, aunque jamás le haya llovido al visitar aquel lugar. Todos los días, a la misma hora, sale de su casa y recorre como una sombra las calles que lo separan de su anhelado destino, pues nada hay en el mundo de aquel anciano más que aguardar el momento de tomar su sombrilla, arrancar un clavel de su jardín e ir a regalárselo a su esposa.
Ella murió un par de años atrás, y para Alfonso fue como si le quitaran la mitad del alma. La otra mitad, al parecer, se quedó nomás para recordarla y su existencia parece hallarse sólo en los pasos que da para acudir a su infaltable cita. Su esposa quiso siempre que al morir la cremaran y que sus cenizas las esparcieran en su gran jardín de claveles, pero él la amaba demasiado como para dejar que sus restos terminaran en cualquier lugar non sancto, donde nunca podrían encontrar la paz.
Alfonso está ya a medio camino cuando, para su sorpresa, comienza a llover. Echa mano de su sombrilla, pero al abrirla se da cuenta de que está rota. Decide seguir andando bajo la lluvia y lo cierto es que nadie se extraña al verlo atravesar las inundadas calles, con su traje negro empapado y su clavel aplastado por las gruesas gotas. Ni siquiera el portero del cementerio se sorprende al verlo acercarse y entrar por la puerta abierta de par en par, sin cruzar saludo ni palabra. Es Alfonso el que se queda perplejo cuando, luego de recorrer el camino de siempre y llegar al mismo lugar, no encuentra allí la anhelada tumba de su esposa.
La tumba que ha visitado cada mañana sin falta, esa cuyo lugar se sabe de memoria y a la que acude hasta en sueños, no está ahí, y ningún rastro se ve de ella. Alfonso voltea hacia todos lados, confundido en medio de la lluvia torrencial, sin encontrar sentido a lo que ve; o, más bien, a lo que no ve. Revisa todas las lápidas, pero ningún nombre se parece a aquel que ha venido a buscar. Una y otra vez se asegura de estar en el sitio correcto. Incluso vuelve hasta la entrada y recorre de nuevo el camino, pero nada cambia. Ningún lugar hay para dejar su deshecho clavel.
En pleno desconcierto, decide acudir donde el portero. Este verifica en su presencia los listados, pero por ningún lado aparece el extraviado nombre. Alfonso le reclama por el error, pues es evidente que lo hay y arma allí mismo un escándalo que nadie oye en el fragor de la lluvia. El anciano no para de manotear y de agitar su sombrilla; tiene el rostro enrojecido y amenaza con denuncias contra la parroquia, o contra quien sea. El portero permanece impasible. Al principio parece querer explicar alguna cosa, pero al final se limita a decirle que su esposa no está ahí, y que no hace falta buscarla. A Alfonso le sorprende el cinismo de aquel hombre. De nada servirá seguir discutiendo con él. Tampoco tiene sentido quedarse ahí, buscando en medio del aguacero que todo lo confunde. Así, con el alma consternada, se da media vuelta y se marcha.
En el camino de regreso, la lluvia va cediendo mientras Alfonso siente que algo se le escapa. Trata de retener sus ideas, pero una especie de vacío se le acumula en la mente y no lo deja pensar. Al llegar a casa, justo al cerrar la puerta, decide que definitivamente algo le falta. Hace un esfuerzo por recordar, pero sus pensamientos se deshacen, se escurren en el vacío y solo entonces se da cuenta de que ya no tiene el clavel. No pudo haber salido sin él, de eso está seguro, así que tiene que ser eso lo que le falta. Se queda viendo su mano vacía, y se sonríe. Luego pone la sombrilla en su lugar, justo donde la tomará al día siguiente a la misma hora, segundos antes de arrancar un clavel de su jardín y dirigirse al cementerio a visitar aquella tumba a la que ni un sólo día ha dejado de ir.
Juan Polanía (Neiva, Colombia) es abogado y máster en Filosofía. Su desbocada pasión por las historias lo llevó a renunciar a las Leyes para radicarse en España y dedicarse a la escritura de ficción. Fue ganador en el Concurso de Cuentos Cortos para Esperas Largas de la Corporación Casa Creativa (Colombia, 2024); tercer lugar en el concurso de cuento de Biblioteca Popular del Paraná (Argentina, 2023); Finalista en el concurso de libro de cuentos “Ciudad de Coria” de la Diputación de Cáceres (España, 2023); dos veces ganador en el concurso de cuento de Gold Editorial (Colombia, 2022 y 2023); y ganador del concurso de microrrelato de Letras Como Espada (España, 2025); entre otros reconocimientos y menciones especiales.





