Me recuesto en la orilla antes de partir. No digo tu nombre, pero llega. A veces me acerco al dolor como quien prueba si aún está vivo. Desde que te fuiste el mar repite tu forma: una ola que vuelve sin alcanzarme. No supe del frío hasta quedarme sin ti. Ni de la noche hasta mirarla de frente. Vuelvo a navegar. Digo que el mar es todo, pero es tu ausencia lo que me sostiene. Y aun así regreso, una y otra vez, como si en algún lugar todavía fueras orilla. Entre la sal algo cede: no el amor, solo mi manera de nombrarte. A la distancia escucho un susurro: Una vida sin amor, merece ser vivida Aun cuando el corazón no sabe a-mar.
Este poema fue escrito por Ignacio Molina Villegas.




