El río que vuelve a imaginarse
de Andrés Sierra Martínez y Andrea Villarreal Rodríguez
A modo de prólogo
de Tomas Lemus
Escribo desde una ignorancia que no me enorgullece: nunca he visitado Monterrey. Siempre he querido, pero algo desvía mis planes.
He pensado siempre en Monterrey como una ciudad con poco en común con la capital. Mientras la Ciudad de México es herencia de 700 años convertida en caos posmoderno, Monterrey se me figura más cercana al sudoeste estadounidense: una explosión fugaz que vomita una ciudad automovilística sobre la serranía norteamericana. Como muchas ciudades de Estados Unidos, Monterrey es carreteras, centros comerciales, montañas y grandes paisajes. Donde es bella, lo es desde la ventana de un coche, un rascacielos o una casa en la sierra. El resto: asfalto, trajín urbano y mala calidad del aire.
En la capital no estamos mucho mejor, pero tenemos siempre la melancolía virreinal, el furor del siglo XX y el amargo placer de ver todo decaer para reinventarse. Monterrey, a pesar de moverse en ese ritmo marcadamente norteamericano—y por ende, joven—, conserva algo que México perdió: presencia pluvial. El río Santa Catarina es aún en Monterrey, y a pesar de todo, esencial para el balance urbano y para el espacio conceptual que la ciudad construye. Como en las ciudades más antiguas, el río aún organiza el espacio. No han faltado intentos de enterrarlo o transformarlo—como se hizo en la capital—pero los ciudadanos se han impuesto.
Celebro esta serie de fotografías que demuestran el valor intrínseco de un oasis en medio de la vorágine: su capacidad de restituir calma, de organizar el espacio urbano y simbólico.
El río que vuelve a imaginarse
escrito por Andrés Sierra Martínez con fotografías de Andrea Villarreal Rodríguez
I. El río está vivo
Para los habitantes de Monterrey, el Río Santa Catarina no es solamente un río. Hasta hace poco era, más bien, un lugar metamórfico: terreno para jugar futbol, practicar golf, aprender a conducir o inclusive, por un periodo de tiempo, una alberca olímpica. Si bien para algunos , incluyendo la flora y fauna que lo habita, nunca dejó de ser río, con cada gobierno se ha convertido en un espacio diferente: terreno “perdido” del que había que sacar provecho.
A pesar de atravesar la ciudad, el Río Santa Catarina brilla por su ausencia en el imaginario colectivo. En los medios se discute como si se tratara de un espacio muerto, que solo pudiera ser imaginado para proyectos inmobiliarios, de infraestructura o inversión. La imagen del río se ha tergiversado con cada nuevo render de proyectos inmobiliarios.
Tras el huracán Alex en 2010 y los años que le siguieron, el Río Santa Catarina se volvió una señal de alerta. Las fuertes lluvias se llevaron todo lo construido sobre su cauce, reclamando su ruta natural. El tiempo permitió que la vegetación rebrotara y las especies endémicas de su cauce regresaron a su hogar.
II. La ciudad sin imaginación
La perspectiva asociada al desarrollo inmobiliario y los proyectos de inversión o regeneración urbana especulativa impone una única manera de habitar y vivir el espacio. Impulsada por la lógica de la ganancia, le cierra la puerta a cualquier otra posibilidad de habitar la ciudad. ¿Por qué no dejar, simplemente, que el río sea un río, y no otro negocio?
III. Cuando el río se defiende
Darnos cuenta de que el río estaba vivo, fue como descubrir que la luz aún puede salir tras de las grietas. El río resiste y gracias a su redescubrimiento empezamos a resistir con él: a soñar en futuros más allá de la hegemonía de la especulación. Defender al río es pensar en vivir una nueva forma de relacionarnos con el territorio que habitamos. Monterrey es más allá de una ciudad industrial; el renacer del río lo demuestra.
En julio de 2023, tras un desmonte iniciado por el gobierno de Nuevo León sobre el cauce del Río Santa Catarina, un grupo de ciudadanos se organizó para protestar y detener la destrucción. Así nació la coalición y movimiento Un Río En El Río (UREER), cuyo objetivo es defender al río, buscando que se le proclame como área natural protegida, bajo la categoría de corredor biológico ripario. Desde entonces, comenzó a formarse una visión alternativa, enraizada en la protección, el cuidado mutuo, la resistencia y la imaginación.
Ese proceso ha sido tanto de imaginación como de acción. La coalición ha logrado detener, mediante protestas y acciones legales, proyectos como el viaducto elevado de cuota sobre la avenida Morones Prieto y la cortina Rompepicos 2. Además, ha impulsado iniciativas de mapeo y reconocimiento de biodiversidad, proyectos de educación ambiental, monitoreo del agua y especies que habitan el espacio y recorridos abiertos a la ciudadanía a través de Conecta con el Río, donde cualquiera puede acercarse, observar, aprender y dialogar sobre el agua, el ecosistema, sus emociones y el territorio.
En 2025, UREER lanzó el programa de formación-acción Guardianes de la Cuenca, para dotar a más personas de herramientas para la defensa del río y de su cuenca. De ahí nacieron diversos proyectos enfocados en su protección. Entre ellos, surgió el Círculo de Imaginarios por el Río Santa Catarina, un espacio para dialogar sobre lo que recordamos, imaginamos y deseamos para el río. Un lugar donde hacemos una pausa para sentir, pensar y soñar qué queremos ver en él; también para definir qué no queremos volver a ver.
En el marco de este proyecto, hemos realizado actividades de mapeo de emociones, círculos de diálogo, recopilación de relatos, y talleres artísticos para conectar con los recuerdos y representaciones del río. Todo esto se ha ido plasmando en un fanzine colectivo, todavía en proceso, donde distintas voces y miradas se entrelazan.
IV. ¿Para qué imaginar?
Imaginar algo distinto para el río importa porque es una forma de no resignarnos a que todo está dicho para el futuro de la ciudad, pero también del país, e incluso del planeta. En ocasiones pareciera que no hay nada que hacer ante amenazas como el cambio climático, o que no podemos revertir problemas como la degradación del suelo, la escasez de agua, y la contaminación del aire que respiramos. Parece imposible actuar y parece que no hay otra manera de existir. Bajo este discurso, los medios aseguran que la única forma de avanzar es seguir construyendo, consumiendo, desarrollando, como si estuviéramos condenados a la catástrofe ecológica.
La crisis que enfrentamos hoy es, como dice Sidarta Ribeiro, una crisis del sueño colectivo, donde nuestra posibilidad de soñar e imaginar están bajo amenaza. Por eso, ejercitar nuestra capacidad de soñar no es un lujo, sino que es una forma urgente de resistencia. No podemos aceptar que la explotación, la competencia desmedida, y la degradación ecológica sean la única realidad. Hay alternativas, pero para verlas necesitamos pensar más allá de los renders del desarrollo.
¿Cómo sentir y pensar de nuevo, invitando a la creatividad, la interdependencia y la empatía? La crisis ecológica actual es una invitación urgente a ir más allá de las lógicas del crecimiento económico ilimitado y de la extracción de ganancias y riquezas a toda costa. En su lugar, necesitamos caminar hacia una forma de vida centrada en el cuidado de lo común.
Al hacerlo, empezamos a construir un porvenir donde el río no sea un espacio muerto para “desarrollar”, sino un río vivo que queremos cuidar. Un lugar con el que podamos coexistir y conectar, no consumir y no explotar. Ante la lógica de la especulación, construimos una forma distinta de imaginar.
Cuando empezamos a defender el río y a re-existir junto con las especies que le habitan, abrimos la puerta a un futuro diferente.
Queremos ver un río en el río, no un discurso extractivo más.
V. Imaginar en colectivo
Lo más valioso de nuestro proyecto es imaginar un río en colectivo. Para ello creamos el fanzine del río, diseñada con las comunidades que visitamos el río cada mes y que todas las voces ilustren nuestra visión. Imaginamos juntos para abrir la conversación, para decidir colectivamente qué ciudad queremos.
La imaginación abre la posibilidad de convertirnos colectivamente en algo nuevo. La invitación es a ser con el río, junto al río. Convertirnos, con el agua, la tierra y las otras especies, en una comunidad nueva, y defender esta comunidad de quienes buscan borrarla. Es un llamado a pasar de la culpa, la inacción y la resignación, al cuestionamiento y la creación, construyendo vínculos basados en el cuidado mutuo. Imaginar el río es imaginar la ciudad. Y en esa imaginación comienza otra forma de vivir
Andrés Sierra Martínez. Doctor en Estudios Sociológicos por la Universidad de Sheffield y Maestro en Estudios Urbanos por el Colegio de México, es apasionado por entender y atender los problemas socioambientales de las ciudades y sus consecuencias en la vida cotidiana de comunidades locales. Busca contribuir con su experiencia en proyectos que promuevan soluciones innovadoras a los desafíos contemporáneos con un enfoque de justicia ambiental. Forma parte de la primera generación del programa de formación y acción Guardianes de la Cuenca organizado por el movimiento Un Río En El Río.
Andrea Villarreal Rodriguez. Narradora visual y organizadora comunitaria con sede en Monterrey. Su trabajo destaca el liderazgo de las niñas y las mujeres en la lucha contra la crisis climática. Ha aparecido en la revista MIT Technology Review y en National Geographic en Español. Fundó The Storytelling Lab, que empodera a los jóvenes para crear narrativas impactantes a través del cine documental. Andrea se enorgullece de ser exploradora de National Geographic y becaria de Future Rising. Forma parte de la Asamblea #UnRíoEnElRío, un movimiento dedicado a la protección del río Santa Catarina en Nuevo León. También es miembro de Viaje al Microcosmos, un colectivo liderado por jóvenes que combina la ciencia y el arte para involucrar a los miembros de la comunidad local en la conservación del río.
Es asesora juvenil tanto del Observatorio de Calidad del Aire de Monterrey como del Comité U-Report de UNICEF México. Además, Andrea es miembro del primer Consejo Ciudadano para la Protección del Medio Ambiente y el Cambio Climático de Monterrey.




















