Amo tanto el mar Que quise darle un abrazo. Quizá es su suavidad, Su presencia inédita en el rencor. Quizá es su movimiento, Sus olas que se mueven a su tiempo Y no esperan que pase nada para romperse. Es su inquietud; Su serenidad y, Al mismo tiempo, Su paz. Es el color que me transmite, Que no me recuerda a ningunos ojos, O quizás a los míos cuando lloro. Lo amo tanto porque me ha enseñado Que todo se va y todo regresa. Que todo existe y a la vez no. Me ha enseñado que su familia es lluvia, Son ríos, lagos, Hielo,nubes, Y todo se condensa en una sola bahía. En una sola forma del agua. Hoy nadé en él Y lo quise tanto que intenté darle un abrazo. Abrí mis brazos y los cerré Solo para encontrarme conmigo misma. Es eso: Yo soy el mar, Yo soy los tres estados de agregación, Soy yo mi propio tiempo Mi propio amor que comparto con los demás. En el agua nos reflejamos Y en el mar nos encontramos. Quizá lo que amo no es tanto al océano Sino la sensación de mi piel regresando a su origen.
Consuelo González Dávila Boy. El arte y la escritura son los dos ejes que orientan mi vida. Egresada de la Facultad de Psicología de la UNAM, cultivo un profundo interés por comprender la experiencia humana a través de las palabras. Escribir ha sido siempre el lente desde el cual observo, interpreto y experimento el mundo. Entre los cuentos de Cortázar y Garro, los poemas de Castellanos y las novelas de Bolaño y García Márquez, he encontrado refugio, preguntas y caminos. Ahí descubrí mi impulso por crear nuevos mundos a partir de las rimas y la prosa. Mi trabajo busca dialogar con esas influencias mientras exploro las emociones, la memoria y los gestos cotidianos que conforman lo humano. Ah, y tengo una hija, mi cuenta de poesía @rimasamarillas.



