Esbozo de sumario del Papa Francisco
El pensamiento del papa Francisco ilumina y provoca no sólo a católicos sino a la humanidad en su conjunto. Un liderazgo universal, sin barreras.
Rodeados de un mundo inmerso en una constante subjetividad de crisis, donde el pasado parece ser un significante vacío, el presente un estrés epistemológico y el futuro una falta de espíritu de esperanza, su voz propone una alternativa para pensar y actuar en la vida social. Porque su inclinación es a las ideas de la acción (no a las ideas de las ideas).
Su actual pontificado, en diálogo con la historia del pensamiento de la Iglesia Católica, invita a reflexionar cuatro principios “que orientan específicamente el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común” (Evangelii Gaudium, 221). En otras palabras, principios que guían la constante interlocución del individuo y la sociedad: el vivir juntos.
Este es un pequeñísimo esfuerzo por reconstruir sus principios mencionados en sus citadas intervenciones y dejar testimonio de su voz que llegó al Vaticano desde nuestra Argentina (pues ya los afirmaba hace más de medio siglo) o en otras palabras, “el fin del mundo” como dijo en su primer llamamiento (Papa Francisco, 2013).
El tiempo es superior al espacio
Habla de la tensión entre lo inmediato y lo mediato, entre el corto y el largo plazo, entre el ahora y el futuro, entre la plenitud y el límite.
Desde “La sociedad del cansancio” de Byung-Chul Han (2012) hasta la hiperproducción humana (y su posterior estrés), el espacio pasó a ser el centro de nuestra vida social (hacer, hacer y hacer sin pensar ni transformar). La invitación es abrir el camino y otorgar una dirección que se anime 1- al hacer consciente y 2- a no forzar los resultados.
“Uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios” (…) A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo, más que por obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana” (Evangelii Gaudium, 223 y 224).
Este principio trata de generar procesos más que de dominar espacios. Cualquier renovación o transformación precisa y lleva tiempo. Y aún más, comienza y termina después de nosotros.
La unidad prevalece sobre el conflicto
El conflicto no puede ser dejado de lado, debe ser admitido (mirando a los ojos y tomando acción). Pues el roce con uno mismo y con el otro no es eliminable, es parte de la vida personal y social. La diferencia es qué hacemos con el conflicto, cómo nos paramos sobre él y cuál es la prioridad que le daremos.
Así lo dice Francisco I:
“El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad (…). Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso” (Evangelii Gaudium, 226 y 227).
Aceptar el conflicto es reconocer su legitimidad pero sin acorralarse en él, sino haciéndolo parte del proceso. Hacerlo útil y consumirlo como parte del crecimiento de la transformación.
La realidad es más importante que la idea
La idea debe estar al servicio de la realidad. Eso, siempre.
“La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma (…). La idea —las elaboraciones conceptuales— está en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento” (Evangelii Gaudium, 231 y 232).
La idea no es mala palabra, pero la realidad tampoco. Una conversación constante entre ambas es esencial para mantener vivo el espíritu de renovación y transformación. Pues, el hombre tiene el ser humano tiene cabeza para pensar y manos para hacer.
El todo es superior a la parte
Un principio que proviene del libro “Metafísica” de Aristóteles (350 y 340 a.C): el todo es más que la parte y es más que la suma de todas ellas.
Pensar y hacer cosas juntos no es lo mismo que hacerlo solo. Somos zoon politikones (animales sociales) y ese rasgo puesto en práctica nos diferencia no necesariamente de los demás seres vivos (pues gran parte viven una vida en “manada”) sino que nos diferencia del hacer solista.
“Entre la globalización y la localización también se produce una tensión. Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra (…). Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es un don de Dios. Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia. Del mismo modo, una persona que conserva su peculiaridad personal y no esconde su identidad, cuando integra cordialmente una comunidad, no se anula sino que recibe siempre nuevos estímulos para su propio desarrollo. No es ni la esfera global que anula ni la parcialidad aislada que esteriliza” (Evangelii Gaudium, 234 y 235).
La parte y el todo, ambas necesarias y necesitadas. Como la posición de la visión humana es de 180° con su perspectiva periférica, el papa Francisco invita a hacerla parte de nuestro actuar.
En conclusión, este texto intenta provocar y llama a iluminar nuestras acciones con estos principios. Pensarlos, repensarlos y ponerlos sobre la mesa. Como consecuencia, pensarnos, repensarnos y ponernos en el centro. Para así amar y servir.
El valor de este texto es el de aclarar vuestro testimonio de vida a través de estos pilares o mejor dicho, estas directrices orientadas a la acción cotidiana.
Al fin y al cabo, el papa Francisco propone que hay una vida mejor juntos convocada con la realidad en la mano e iluminada por la ideas (la realidad es más importante que la idea), centrada en iniciar procesos sentidos e independientes más que en perseguir el resultado inmediato (el tiempo es superior al espacio), comprometida por lo que nos une más que por lo que nos separa (la unidad prevalece sobre el conflicto) y haciéndola con otros desde una mirada amplia (el todo es superior a la parte).
Este texto fue escrito por Valentín Olavarría para Perpetuo.



