No fue Leandro más desdichado al perder la luz venturosa de sus noches que yo —vida mía— ante esta malquerencia que anuda mi garganta y barrena el luciente pecho de Fanes: aquel que dispersa las brumas más oscuras con sus alas de oro y arrebol, aquel cuyo aleteo me envolvió en devoción cuando en tus ojos descubrí el néctar bermejo y la ambrosía del alma. No, no fue Leandro más desdichado: henchido de esperanzas, creyó que la ardua tormenta entorpecía su visión del sagrado fuego. Arrastrado por las aguas rigurosas, jamás dudó de su dulce amante. Pero tú, mi Hero, has apagado las llamas del faro mientras te veía desde la costa, y no me han hecho falta palabras para entender lo que eso significaba.
Este poema fue escrito por Angelo Chacón Sequeira



