Anáhuac, presiento que
me deparas otra vez el diluvio,
la milpa que se encharca siempre,
el vaho denso de tu neblumo.
Aterriza siempre mi vuelo en el fango,
en húmeda histeria del valle,
si encuentro asilo es en el remanso,
de una leve tormenta que ya no cesa.
No recuerdo conocer la canícula,
Anáhuac; el olor de la tierra gris,
del copal viajando en lo delgado de la solana.
Lo extingues al anuncio de mi vuelta.
[ya. estás llorando.
Asisto solo a tu embalsamiento
y me figuro que eres todo lodazal,
tufo de las ranas, rutina del chubasco,
verde y espeso. Gran pueblo de canoas.
Y atravieso tu domingo en mi balsa,
en mi ficción de camisa suelta,
mis tardes son remar, remar, remar
por la ciénega que has hecho de mis recuerdos.
Pero remo, en fin, siempre a tu encuentro,
Anáhuac. Y cada año adelanto las nupcias
figurándome que puedo evitar la cañería.
Que vas a concederme el sequedal de tu mirada.
¡Y me niego! No quiero oír más ese evangelio.
No eres un río; no eres venecia de ningún mundo.
A todos se los tengo prohibido:
invocar la humedad de tu planicie,
meter las manos en tu suave fondo,
negar lo reseco, lo agotado de tu piedad.
Te prometo yo también mi estío, Anáhuac.
si me deparas una dulce tregua. Si me ahogas
no en tu fango, mas sí en la densidad del maíz,
en la mañana de la avena, en la burbuja del tezontle.Xavier Burguete. Es pseudónimo de una autora o autor que prefiere el anonimato. El tiempo lo revelará.



