Oprimido por el caparazón de la cotidianidad, encerrado en la zozobra, en el desconcierto, con oscuras muecas que cercenan la libertad mis ansias de enrumbar en navíos rebeldes que corten mares perniciosos de trajín. El tedio es un cazador silencioso de pequeñas garras que socavan el espíritu y cierran, a veces infranqueables, sus puertas. Y la cura, sin duda, huir y perder toda llave ruin, correr como un loco despavorido en sinuosas carreteras de inconsciencia. Beber del somnífero remedio del silencio en una danza infinita de placebo, en un abrazo perenne de quietud.
Giovanni Hidalgo Valerio (San Carlos, Costa Rica). Licenciado en enseñanza del Español en secundaria, graduado de la Universidad Nacional de Costa Rica.



