San Trópico
Ella llegó gracias a los memes.
Una tarde envié uno a un amigo
(lo que hago gran parte del día),
era un meme cualquiera, pero lo que siguió cambiaría mi destino:
preguntó si quería adoptar una de las gatitas de la camada.
Fue la última en destetarse.
Era un ovillo de algodón entre mis manos.
Cada vez que llegaba a casa, estaba del otro lado de la puerta esperando,
maullando para que la cargue en brazos.
Cada vez que llegaba a casa era lo mismo.
Hoy ya no maúlla. No es necesario.
La veo y sé que quiere que la cargue.
Como escritor —y todo artista es igual— gozo del egocentrismo
que me permite creer que puedo burlar momentáneamente la naturaleza,
y este es un intento de preservar lo que aún respira:
un intento de inmortalizar a mi fiel compañera felina Mackenna… Para Mackenna
Luego de beber,
su cabeza reposa
entre mis manos.Después de almorzar la recojo del sillón. Acurrucamos.
Patas colgando sobre el armario; vigila mis botas… Su presa.
Masa en mis piernas, sus garras de rodillos. No quiere parar.
Tirita al verlos, Copos imitan su pelaje. Maullido ahogado.
Con nariz fría me despierta, esparce pelos y vómito.
El aire, tan denso… La gravedad nos atrae… La Kenna sigue…
Desde su caja le gruñe al perro enfermo, tensa a su dueño.
Muerde el cuello. Lo hace de nuevo, vamos. Me desespera.
Nube dormida, Tengo que prender la luz. Ya pestañea.
Ya en mis brazos tengo a su rival, gruñe, mira y maquina.
Va sobre mamá; pisa un mueble más, mis bolas siguen.
Golpeo su cola levemente, bosteza. Se aburre, muerde.
No quiere volver al mundo en una caja, un sol sin calor.
Kenna se apura al salir su némesis, enseñan garras.
Escucha el refri: dos aceituna fijas— solo es la miel.
Ella se lame, paso mi mano a la par. Dientes de azúcar.
Mackenna salió. Maqui ronca, la busco para abrazarla.
Enana blanca por el serbal invernal. Va con su casco.
Ella no entiende, pero siempre está cerca mientras la extraño.
Uso audífonos. Ella salta al escritorio, y yo le sigo.
La tengo en brazos, rasco su barbilla, rie… no dejo el pensar.
Toma mi dedo con su mano completa, rápido ataca.
Una tenue luz, leo mientras ella espera. Su cabeza cae.
Muy atenta está: mi siguiente caricia costará un dedo.
Joshua Restovich, es biólogo y escritor autodidacta. De Puerto Natales, Magallanes. Con interés en el naturalismo y la observación como acto reflexivo, he publicado en cuento, poesía y ensayo en revistas, antologías y concursos.
Actualmente curso el Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Destaco como ganador en la categoría juvenil del “VI Concurso Internacional Jbernavil”, 2025 y mención honrosa en categoría poemario en el “X Concurso Literario del Cementerio Metropolitano”, editorial Aguja Literaria, 2025.



