“James Talarico Puts His Faith in Texas Voters,” de Tad Friend se publicó en inglés el 23 de febrero del 2026 en The New Yorker. Derechos reservados ©️ 2026 de Tad Friend.
El estelar es nuestra historia insignia de la semana: textos que lees una tarde y piensas toda tu vida. En el pasado, hemos hablado de templos satánicos y osos en peligro de extinción.


Nota introductoria
de JL Sabau
Mañana, los estadounidenses se encaminarán a las urnas —decenas de miles ya han votado anticipadamente por correo—. De creerles a las encuestas, el país se dirige a un maremoto azul: los demócratas podrían superar a los republicanos en una gran cantidad de regiones donde, históricamente, han batallado por conectar con sus votantes y hacerse del control del legislativo.
Detrás de estas elecciones hay algo más profundo: la historia de un país cambiante que lucha por entenderse a sí mismo en una época de democracias en crisis. Esa es una historia que queríamos contar en Perpetuo. Sobre todo, queríamos entender el cambio en la política estatal y cómo los demócratas, tras tanta batalla, parecen estar remontando. Contar la realidad del país entero es imposible en pocas palabras. Por ello, optamos por un solo enfoque: el de James Talarico, un legislador estatal que, parece ser, se encamina a ser el primer demócrata en ganar una elección a nivel estatal en Texas desde 1988. Y entre los perfiles de Talarico, no hay uno más genuino que este de Tad Friend para The New Yorker.
El perfil de Friend se publicó a principios de año, cuando Talarico aún no era el candidato oficial del partido demócrata. Aun así, muestra una faceta personal de Talarico que es, a su vez, la del país entero: la de un intento por cambiar el debate de derechas contra izquierdas a uno de los que no tienen nada y contra los que lo tienen todo. Y de hacerlo en una sociedad multirracial y multicultural donde hacer coaliciones hace que los políticos tengan que ceder sus ideales a favor del pragmatismo.
Es un honor poder reproducirla con el consentimiento de Friend para nuestros lectores.
—JL Sabau, editor general de Perpetuo (todas las opiniones en esta nota son suyas y no corresponden al autor de la crónica).

James Talarico pone su fe en votantes tejanos
de Tad Friend
Después de la misa de las 8:30 a.m. en la Primera Iglesia Presbiteriana de Dallas, el pastor principal Amos Disasa se reunió con dos feligreses para una charla preagendada. Uno de ellos era Mike Rawlings, el afable exalcalde de la ciudad. El otro era un visitante, James Talarico, que está compitiendo por el Senado. Representante estatal de treinta y seis años de Austin, Talarico tiene una plataforma novedosa para un demócrata progresista: el Nuevo Testamento. Aunque ha pasado siete años en la Cámara de Representantes de Texas, tiene el porte de un joven ministro de la iglesia y mucho del entrenamiento; de hecho, está tomando una pausa de sus estudios en el Seminario Teológico Presbítero de Austin, donde le quedan un año de clases por tomar. Su enfoque de la política como un sacramento ha atraído a dos millones de seguidores en Instagram. Cuando declama un aforismo en su voz profunda y calmante —«Lo más cercano que tenemos al Reino de los Cielos es una democracia multirracial y multicultural»— es como un A.S.M.R. cívico para cualquier persona harta de Donald Trump. En un análisis de interacciones en redes sociales entre miembros del partido demócrata, Talarico estaba por detrás de solo dos personas: Kamala Harris y Barack Obama.
Los hombres se acomodaron en sus sillones y se inclinaron para conocerse. Disasa, un inmigrante etíope con voz delicada, le preguntó a Talarico: «¿Qué clase de bienvenida te están dando los evangélicos?». Los evangélicos blancos representan alrededor de una cuarta parte del electorado tejano y, en 2024, casi el noventa por ciento de ellos votó por Trump.
Talarico parpadeó y abrió sus ojos de más, tanteando la habitación. «Creemos que podemos lograr avances considerables con los cristianos», dijo. «Los evangélicos…». Encogió sus hombros.
Rawlings le preguntó sobre su año sabático del seminario: «¿Estás posponiendo el sacerdocio? ¿Dios va a esperar?».
«Aquí es donde me están llamando».
Rawlings mencionó a varios pastores negros que podrían ayudar. Luego entrelazó sus manos y dijo, «Ayúdame a entender tu estrategia».
El mensaje y medio de Talarico están claros. En Instagram le gusta decir: «La división más grande en nuestro país no es de izquierda versus derecha, es de la cima contra la base. Los billonarios quieren que nos veamos a la izquierda o derecha el uno del otro para que no miremos arriba hacia ellos». Como Pete Buttigieg, se desenvuelve con soltura en Fox News. El verano pasado, cuando el presidente Trump trató de modificar los distritos electorales en Texas, Talarico apareció en Fox, donde descolocó al anfitrión preguntando: «Si las políticas republicanas son populares, ¿por qué tienen que redibujar los mapas [electorales]?».
Su estrategia electoral es más complicada. La última vez que Texas eligió a un senador demócrata fue en 1988 y el estado está tan firmemente en las manos de legisladores MAGA que el currículum de sus escuelas primarias permite que se traten las historias bíblicas como hechos históricos. Talarico comenzó su respuesta a Rawlings al notar que, a finales del verano pasado, estaba a treinta puntos de distancia de su oponente, el ex-congresista Colin Allred, en las elecciones primarias. Luego, a principios de noviembre, una nueva encuesta «nos sorprendió a todos. Llevábamos la delantera por seis por ciento».

Rawlings alzó la mano y dijo: «Eso me importa —pero, eso no me importa. Tu trabajo es ganarle a Ken Paxton». Paxton, un aliado de Trump caricaturescamente nefario, es el fiscal general del estado. De alguna manera, sobrevivió a un impeachment de dieciséis cargos en su contra que abarcaba una mezcla variopinta de irregularidades supuestas, incluyendo el convencer a un donante para que contratara a una mujer con la que tenía una relación extramarital y el tomar represalias contra miembros de su equipo que denunciaron sus prácticas. No obstante, es el favorito para ganar la elección primaria del partido republicano contra el cuatro veces Senador John Cornyn, quien se ha diferenciado, precisamente, por haber servido cuatro veces seguidas en el Senado. «Todos hablan de movilizar la base demócrata, llevar a gente joven a las urnas—».
«Sí—», dijo Talarico, asintiendo.
«¡Hemos intentado eso por cincuenta años!», dijo Rawlings.
«Claro, sí—».
«A mí solo me importa ganar».
«Nosotros tenemos que ganar», dijo Talarico. «La democracia se está marchitando».
«Yo ni siquiera usaría la palabra “demócrata”. Yo solo diría “¡Soy un tejano que puede derrotar a Ken Paxton!”».
«Ese es un gran consejo».
El afán de enseñar de Rawlings parecía devenir en iguales partes de la naturaleza existencial de la contienda y la necesidad evidente del candidato de recibir mentoría. Talarico, pulcro, bien afeitado, usando una de sus tres camisas de vestir de J. C. Penney, parecía que recién acababa de terminar de entregar periódicos en su ruta matutina y estaba emocionado de palear la nieve de la acera de la iglesia. Durante la misa de las diez, saludó a dos docenas de feligreses que hicieron fila para conocerlo. Rawlings negó con la cabeza al ver cuánto tiempo Talarico se tomaba con cada bebé que le acercaban. «No ha aprendido a maximizar sus interacciones», dijo. «Pero es auténtico».
Talarico me dijo más tarde que no planeaba tomar el consejo de Rawlings sobre posicionarse: «No soy muy fanático de estar en contra de alguien. Ken Paxton es un síntoma, no la enfermedad, igual que Donald Trump —son productos de un sistema roto—. Una campaña basada en el amor dura más que una basada en el miedo».
Durante la campaña, Talarico invoca a su madre, Tamara, como la viva encarnación del amor. Cuando él tenía siete semanas de vida, Tamara dejó a su padre, un alcohólico abusivo, y se mudó a un cuarto vacío en un hotel residencial donde trabajó como asistente de ventas. Estaba determinada a criar a su hijo en un ambiente más sano. Una de las frases con las que Talarico suele evocar aplausos es: «Mi madre me mostró que el amor verdadero no tolera el abuso». Pero incluso a Tamara le desconcierta el impulso incansable de su hijo por reparar las cosas. «Yo le diré a Jimmy que estoy enojada con una o ambas de mis hermanas y siempre iniciará con “ustedes tienen mucho más en común que diferencias”», me dijo. «Somos gente normal —somos juzgones y desagradables—. Y él es tan razonable. Se niega a hablar mal de la gente. Y es muy irritante, porque de algunas personas toca hablar mal».

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