Mis piernas tocaban el buró. Desorientado, ¿qué hora sería? ya sentía los primeros indicios de la fiebre. Era octubre, claramente. Por una re-obsesión reciente, temprano, Daft Punk sonaba a un volumen bajo. Me decían que ya era hora de levantarme, pero no quería. Y no quise. Me dieron casi las diez, algo me raspaba la garganta, y algo más me raspaba el cerebro: Cinco años en el mismo trabajo, y no avanzo. Este micromanashment me está enfermando. Sería eso, o el haber convivido con el virus días antes. Le dije cállate al español que ponía la voz de Siri en mi bocina, le dije que parara de tocar aquel álbum viejo: Homework No tenía que recordarme, que tenía bastante tarea por delante. Friolento, siempre, agarré la columbia que compré hace cuatro años. Y a pasear al perro: al Kai, al Kaizen— (Mejora continua) Me recuerda que aún así, con el bicho en la garganta hay que mantenerse positivos. Me contempla mientras escribo. ¿Qué escribes? Seguro piensa O no, solo: Paseemos Y: Dame más premios Quién sabe. Pero litros de agua, y litros de pensamientos positivos, y litros de palabras que forman poemas, o ensayos. O cualquier otra cosa. Historias, de cualquier manera, A pesar de y a causa de historias.
Alfonso V. Acuña. Es productor musical de profesión, escritor y fotógrafo por afición, y actor cuando cae la oportunidad de pararse frente a la cámara. Nació en Torreón, Coahuila, pero esta basado en Ciudad de México desde hace 14 años. Trata de capturar la cotidianidad de la manera más simple e intuitiva que sea para mí en ese preciso momento. Intenta evitar lo grandilocuente y lo cursi a toda costa, con el propósito de no sonar demasiado anticuado o ridículo y evitar que el lector (y él mismo) echen los ojos para atrás.



