La elocuencia de lo mínimo
por Julián Stubbs de acabados.mx
A modo de prólogo
de Tomás Lemus
Acabados MX, este proyecto que Julián Stubbs describe como un archivo y un ensayo, contiene una mirada profundamente subversiva. Son fotografías de la ciudad, pero tienen más parentesco con la fotografía de guerra que con la de paisaje. Y es que incluso describir el sujeto exacto de Acabados MX es difícil, pero lo que tienen en común es que todas acumulan una subversión de nuestra idea del espacio, abriendo una fisura entre nuestra cómoda práctica espacial y las representaciones que nos hacemos del espacio que habitamos.
En el archivo de acabados.mx conviven fotografías de obras sin terminar; desechos; mobiliario improductivo; la biosfera devorando concreto, postes y rejas; construcciones deterioradas y muchos, pero muchos cables. En conjunto construyen, como Stubbs señala, una elocuente réplica a nuestra forma quizás ingenua de habitar la ciudad—esa que pensamos libre de fantasía—y los símbolos e imágenes que la acompañan.
Lo que emerge es la una imagen de una ciudad accidentada y paradójica, que resiste cualquier narrativa coherente, cualquier pretensión de racionalidad o flujo.
Lo más interesante de este proyecto es nuestra propia capacidad de asimilar esta tensión en la experiencia del espacio construido. Acabados.mx, contiene, desde el principio, la semilla de esa sublimación: convierte el caos y el accidente en experiencia estética, transformándolo en un símbolo y asimilándolo en nuestra forma de pensar, desear y construir la Ciudad de México.
La elocuencia de lo mínimo
de acabados.mx
Acabados.mx nació caminando, a donde fuera pero preferiblemente cuando el rumbo era indefinido. Es un contenedor conceptual de un antojo obsesivo que me ha llevado a fotografiar por años y años los pequeños absurdos que se ocultan a simple vista en esta ciudad de remedos, fracasos y caprichos.
Poco a poco la memoria de mi celular se ha colmado de bolardos caídos instalados ayer, botellas rotas incrustadas como mecanismo de seguridad vernáculo, baches señalizados con estructuras precarias armadas con hojas muertas de las palmeras canarias que pretensiones presidenciales de antaño trajeron al altiplano, timbres enjaulados que ya no suenan rodeados de un sarpullido de baratijas chinas que sí, banquetas tronadas por los árboles tropicales que no debieron ser plantados en primer lugar pero al mismo tiempo rescatan a la ciudad del horror con su majestad incontrolable.
Con el tiempo me di cuenta de que en su conjunto, este archivo revela por acumulación. Es fértil en reflejar mucho de quienes habitamos esta cuenca, de nuestras carencias, aspiraciones y tesoros. La infinita variedad de consecuencias materiales de nuestro cohabitar pueden ser testamento de desigualdades, corrupciones y sueños rotos, pero también pueden ser inspiración por la dignidad del parche, la diversidad estética inimitable de construir y reparar una ciudad poco a poco y la promesa de que en el afecto por lo compartido hay soluciones para vivir mejor juntos.



























