La falta en la nada del hoyo
de Bruno Aramburu
A modo de prólogo
por Tomas Lemus
En Perpetuo, queremos ser la referencia para todo el arte en español y por artistas que hablan (o piensan) español. Yo sé, aún no hemos publicado una pieza de música académica en exclusiva, ni tampoco tenemos una forma de compartir directamente una escultura con nuestros lectores. Pero para mí, el foto ensayo es un paso en esta dirección. Técnicamente, la literatura puede ser –y siempre ha sido– un medio para comunicar sobre otras artes. Entonces el foto ensayo, que mezcla el poder de conjurar de la palabra, con la capacidad comunicativa de una imagen, es el paso más grande en esta dirección, y es una puerta a una forma híbrida de comunicar todas las artes.
Naturalmente, el paso más corto es el arte contiguo: el cine; fotografía en movimiento. El cine no es nuevo en Perpetuo: hemos cubierto ya las mejores películas del año y hemos hablado incluso sobre los vicios de los “ñoños” del cine. Pero así como perseguimos el Nobel de literatura, también buscamos contar, en nuestras filas, con la próxima Palma de Oro de Cannes. Esta semana inauguramos este esfuerzo con una serie de fotogramas, extraídos del cortometraje La Falta en la Nada del Hoyo, de Bruno Aramburu.
Viendo la obra de Aramburu siempre me siento profundamente vivo. Me siento así porque de pronto me recuerda lo que se siente no estar vivo, lo que es habitar un espacio de experiencia suspendido: olvidar la longitud del tiempo y la inmensidad de un instante, y no saber por qué me llamo de esta o de aquella forma y por qué hago lo que hago. Cada vez que me encuentro con otro de sus filmes, se gesta dentro de mí, el mismo sentimiento que leer a Heidegger o terminar una cubeta de pollo frito del Kentucky Fried Chicken. Indefectiblemente, me pone de frente con mi propia mortalidad y con la inmensidad de mi tiempo. Es una especie de medicina que espero nunca cese de activarme.
La Falta en la Nada del Hoyo, su más reciente dosis, explora la forma en que los agujeros pueden ser receptáculos de nuestro deseo, pero no discriminan y guardan ahí también su forma más pura: la angustia y el deseo bruto destructor. La Falta explora lo que sucede cuando estos agujeros se “destapan” y por ellos comienzan a fugarse las pulsiones del ello, como un ácido que quema y corroe las barreras del yo. Pero oye, esa es mi interpretación. Ahora dejemos que lo cuente Bruno, al tiempo que se llevan una probada del cortometraje con mis fotogramas favoritos.
Nota del director
Este corto nace de la idea de un sonido de vacío (reverberante y opaco) emanando de distintos hoyos; el materno, el del baño y el del golf. Quise partir de la premisa de la NADA como una dimensión real, que invade la dimensión imaginaria del golf, la clase social y la identidad familiar. Este hoyo negro emana el sinsentido y el abandono, y produce un cambio en los órganos de Ángel, nuestro personaje principal.
Acá el cuerpo pierde estructura cuando se le recuerda su origen. Regresa al hoyo donde salió. A esa nada líquida en la que flotaba al ser un feto. El cuerpo se enferma al no poder contener más ese mismo flujo corporal. El sonido del vacío recuerda la fragilidad e inestabilidad de la identidad en esa primera fase en la que te ves al espejo. Todo pierde forma, se borra y se vuelve ilógico: el rostro, el yo e incluso la progresión de este cortometraje, siguiendo el estilo de cineastas como Maya Deren o Mario Peixoto.
La relación de la cámara con el cuerpo en el cine de horror siempre me ha fascinado. La idea de la decadencia física provocada por alguna angustia psicológica es un concepto brillante en el subgénero del body horror; películas como Videodrome, Street Trash, o The River inspiraron este guion. El proyecto mezcla lo anterior con algunas ideas del “esquizoanálisis” de Gilles Deleuze como el deseo codificado, los órganos estructurados y la obsesión por Daniel Paul Schreber.
El cine se hace siempre en equipo y este ambiente sórdido que se mira en los fotogramas no hubiera sido posible sin el departamento de arte (Jessica Urrea) y el departamento de fotografía y color (Andrés Olvera y Adrián Salazar).























