La linterna
En la biblioteca del ser, en un rincón
existen fúnebres pasillos grises
conformados por los largos salones
de las amarguras de nuestro corazón.
Penetrar en ellos es sangrar de nuevo,
sin lograr entender lo sucedido,
tratando de observar en lo temido
alguien o algo por quien mantenerse vivo.
El abismo te consume sabes que es solo un recuerdo,
pero por más que uno grite, ya eres presa del anzuelo.
La forma en que debes de entrar es llevando una linterna,
que alumbre a toda persona que te acompañó sin juzgar.
El don sincero de sí puede construir
una sociedad donde el amor reine,
una nación donde la justicia impere,
siendo nuestro mayor tesoro el servir.
Ya que la felicidad no se alcanza
en un encierro a los demás de sí mismo,
lo único que logra ese pensamiento
es precipitarnos hacia el abismo.
La entrega al otro ha de ser nuestra semblanza.
Esa es la linterna de la esperanza.
Aquel hilo de luz que nos ilumina
en la miseria de nuestra existencia.
Dichosa toda persona que la encuentra
pues así sus heridas podrán sanar
y finalmente, del sin sentido escapar.
Este poema fue escrito por Daniel Morán para Perpetuo.



