Cuando se piensa en la influencia de la literatura en el cine lo que comúnmente se viene a la cabeza son las adaptaciones cinematográficas de algunas novelas. Obras de la literatura han estado presentes desde los inicios del cine, un ejemplo de ello es el Viaje a la Luna (1902) de Georges Méliès inspirado en la novela de Julio Verne. Sin embargo, las tramas que leemos en los libros no son lo único que crea esta comunión entre ambas artes.
El cine es aún un arte joven que puede llegarse a explorar más en cuanto al uso de su lenguaje y parte de que se puedan realizar nuevas aportaciones es gracias a la literatura. Fuera del ejemplo más obvio de las adaptaciones, la literatura ha llegado a contribuir al arte del cine en su lenguaje para el desarrollo de una narrativa e igualmente se puede comprobar su uso en la historia del cine.
El padre del lenguaje cinematográfico D.W. Griffith plasma en sus filmes con el uso del montaje y diferentes tomas algo similar a lo que ya había hecho el escritor Charles Dickens en Oliver Twist. En El nacimiento de una nación (1915) tenemos lo que es un montaje paralelo y que en la novela de Dickens se emplea un recurso que iguala a este tipo de montaje: dos sucesos que acontecen y se llevan de manera paralela para así generar tensión, ya sea en el espectador o en el lector. Es por eso por lo que el filme tiene popularidad en la historia del cine, por hacer uso de nuevas herramientas de la imagen para fortalecer la narrativa de la película. Algo nuevo para el cine, pero ya antes usado en la literatura.
En el ensayo El cine y la realidad, Virginia Woolf expresa una inconformidad con el cine y sus adaptaciones, en particular habla de Ana Karenina de León Tolstoi. Woolf escribe que aquella novela difiere de lo que se le fue presentado en pantalla, que no hay una verdadera conexión de lo que Tolstoi escribió en su novela con las imágenes de la película que solo presentan un “cascarón” de la novela. A lo que nos quiere dirigir Virginia es que el cine tiene una ventaja que no veía que fuese usada, la propia imagen y sus recursos como su medio de comunicación y que ningún otro arte podría igualar. El estilo indirecto libre que usaba Woolf es algo que vio que podría ser usado en el cine, “La semejanza del pensamiento es, por alguna razón, más: bella, comprensible y asequible que el pensamiento mismo” (Woolf, 1927). A estas posibilidades del lenguaje cinematográfico son a las que se refiere la escritora y que el cine con el paso del tiempo ha llegado desbloquear siguiendo el ejemplo del estilo literario de algunos escritores interesados en la imagen que transmiten sus textos en las cabezas de sus lectores y que el cine puede presentarlas sin el uso de la palabra, de una manera concreta, inmediata y de interpretación objetiva, contrario a la literatura.
Otro autor, pero esta vez un teórico del cine, Serguei Eisenstein en Cinematismo presenta una idea sobre el cine y la literatura en la que sustenta que ese vínculo se crea con el lenguaje cinematográfico. Sobre ello explica como al tomar un texto de otro autor para llevarlo al cine y adaptarlo es importante tener en cuenta el modo de pensar y la metáfora del pensamiento del autor. Ello es contrario a lo que se puede pensar al llevar a cabo una adaptación, realmente no es importante el protocolo visual de la imagen literaria. “Así́ pues, al acercarnos nuevamente a la “dramática”, lo hacemos con una amplia cultura cinematográfica, tan calificada como la experiencia literaria”. Y es que lo que nutre a la obra cinematográfica es lo que puede aportar la literatura en cuanto a la manera de evocar las imágenes, no las imágenes como tal.
En la actualidad, pese a algunos avances en el lenguaje cinematográfico para poder plasmar ciertas imágenes en la pantalla, todavía sigue sin ser tan popular su desarrollo de manera innovadora para explotar su lenguaje como se refería Woolf, no obstante, cuando se logra esta construcción existe la posibilidad de apoyarse en la literatura para ir más allá́ de una adaptación de la trama de los textos y tratar de comprender más al autor en los recursos de escritura que hacen que nuestra mente vea las imágenes a la que nos orientan, puesto que la literatura en la cinematografía no solo nos expone la posibilidad de nuevos mundos mediante sus historias, también nos puede guiar a dar forma a aquello a veces difícil de convertir en otros medios y que solo a través de las virtudes del cine es posible transmitir.
Este ensayo fue escrito por Gloria Vásquez Rodríguez.



