Este texto fue publicado en el volumen XI de El creativo, nuestra newsletter de escritura literaria y cultura. Para recibirla directo en tu correo, suscríbete a Perpetuo:
El cine ha hipnotizado a más de un siglo de humanidad. Sin embargo, pasa que la oferta es abundante; la generación de contenido, abrumadora. Hay muchas buenas películas, también hay muchas malas. Por eso, te traemos un acercamiento a algunos títulos que han rondado la conversación.
Debemos confesar que, sin embargo, tantas películas no alcanzan para nuestros ojos, así que decidimos abrir un espacio para ti… ¿Tienes alguna novedad que compartir? Envía tu propuesta a tomas@perpetuo.global con el asunto «Reseña de cine».
Una vez al mes, publicamos nuestras recomendaciones de las películas que ver y por qué verlas.
Vamos a ello.
Del equipo editorial de Perpetuo para ti…
Bouchra
Las artistas Orian Barki y Meriem Bennani, creadoras de 2 Lizards, vuelven con este hechizante largometraje sobre la vida de una coyote marroquí en Nueva York. Este mundo no-humano, animado con un rigor y una calidad artísticas exquisitas, está lleno de profundidad humana. Las y los animales nos presentan agudas reflexiones sobre la identidad, la creatividad y la vida queer en un paisaje animado entre Nueva York y Casablanca.
¿Por qué verla? Tiene una ambientación para chuparse los dedos. El estilo atmosférico, bizarro y de humor millenial que crearon las directoras tiene aquí su evolución. Aunque no es del todo nuevo, las imágenes y narrativa de Barki y Bennani son originales y refrescantes, mezclando, además de escenas y sonidos realistas con animación, momentos de ficción con otros documentales, entretejiendo una historia entre la ficción y el auto documental de la vida de Bennani.
Coyote vs Acme
Ganó la fantasía de las caricaturas y la alegría de un final feliz con esta película, aunque en la vida de todos los días no siempre sea así. Este gran guiño que Warner Bros hace a los eternos fans de los looney tunes está inesperadamente lleno de profundas lecciones sobre lo que significa ser humano, de la mano dibujos animados. Hay que imaginar al coyote feliz, y aunque esté llena de fracasos, su vida se define por la voluntad de seguir persiguiendo a ese alegre bípedo azul que, después de todo, resulta que es su amigo. Para este punto, James Gunn —con ayuda del gran guión de Sammy Burch— se ha consagrado como un maestro de descongelar y sazonar vieja propiedad intelectual. Tanto convence este nuevo giro de viejo IP que fue imperdible salir a tomar una foto con el coche destrozado por un piano ACME (y placas del Edomex).
¿Por qué verla? Sí, hay melodramas. Y chistes malos. Pero hay diversión animada como no ha habido este año. Las películas vainilla son importantes. La crítica ya nos tiene muy mal acostumbrados a solo profesar amor real a las películas en las que se suicida un conserje rumano después de enamorarse de una prostituta. También hay poesía en lo simple. ¡Perdiste, ACME!
La batalla de Chile
Más que un documental, hay que entender a La Batalla de Chile como un testimonio; una serie de imágenes que, en conjunto, reflejan la erosión del gobierno chileno en el 73 y su eventual colapso ante manos extranjeras. Es, por eso mismo, un proceso lento de poner la cámara en la cotidianeidad chilena y hablar —sea en la calle, el congreso o en los hogares— con una nación dividida entre izquierda y derecha. Hay un momento, al principio de la primera entrega, donde la cámara deambula por las calles de Santiago entrevistando a transeúntes en plena noche electoral; en una misma toma, gente apoya a Allende y a su oposición: el país entero, en la mira de la cámara.
¿Por qué verla? Es, quizá, la mejor recolección de hechos sobre el 73. Es, a su vez, un documental escueto. En ese esfuerzo por retratar el día a día de la eventual crisis, la película se alarga; lo mismo por la falta de injerencia editorial y comentarios para posicionar los hechos.
El desconocido del gran arco (L'Inconnu de la Grande Arche)
Una alegoría de un edificio que, muy probablemente, desconoces —y que, al final, es lo que menos importa—. Más bien, una metáfora sobre la pasión desmedida y sus consecuencias. La historia de un arquitecto desconocido que gana el concurso para construir un edificio monumental en París y, acto seguido, se enfrenta a toda fuerza imaginable (dígase política, física o mental) para lograrlo tal y como lo desea. A diferencia de las narrativas de virtuosos y obsesivos, en El Desconocido del Gran Arco la ambición pasa cuenta.
¿Por qué verla? No es la historia predecible de adversidades superadas. Si algo, son adversidades que nos superan. Lo mejor que ofrece el cine francés este año.
Sense and Sensibility
Como el título lo exige, partamos de la sensatez: no muchos en la sala leyereon la novela original de 1811, ni vieron la primera adaptación fílmica de 1995. Ahora sí, los sentimientos: la última película basada en la obra de Jane Austen es de sobra bella y conmovedora. No damos halagos por darlos, pero todo lo que podía y debía salir bien, salió. Las convincentes actuaciones, el diseño de arte y vestuario meticuloso, transportan a los espectadores a la Inglaterra del siglo XVIII. Los diálogos también son una genialidad; es difícil decidir qué tanto crédito darle a la guionista Diana Reid y qué tanto a Austen. Se sale deseando regresar a aquellos romances de miradas a escondidas, de cartas perdidas y de emoción por la simple cercanía física del amado.
¿Por qué verla? La película emociona, seduce sin sexualidad. Te deja llevar tanto que ilusiona pensando en aquel gran amor que habrías tenido de ser una lady en la Inglaterra de hace doscientos cincuenta años; una realidad que, estadísticamente, habría sido otra: menos bailes con grandes vestidos, más enfermedades mortales y luchar por conseguir un pedazo de pan. Poco importa, no es un documental, es una película que enamora.
One Piece: La película (Wan Pisu Eiga)
One Piece es, quizá, la obra más importante de ficción del siglo XXI. Desde sus primeros episodios hasta el presente, ha creado una de las tramas más complicadas y profundas que ofrece la televisión. Las películas de la saga han sido, siempre, su debilidad: refritos televisivos hechos para sacarle un huevo de oro más a la gallina. Esta, la primera de las películas, sigue el mismo patrón.
¿Por qué verla? Nostalgia en formato cine. No más. Es injusto llamarla película; es, más bien, un episodio largo lleno de los vicios tempranos de la serie: tramas imposibles que se resuelven en segundos y personajes unidimensionales. Sirve para recordar cuánto ha progresado la serie, pero no mucho más que eso.
La bachata de Biónico
Biónico es un adicto al crack que vive en República Dominicana. Come lo que puede cuando puede, vive en una especie de comuna junto a otros adictos y está perdidamente enamorado de «La Flaca». En su segunda película, el director Yoel Morales, nos trae una historia que plantea una simple pregunta: ¿puede el amor vencer la adicción? No debería ser spoiler decir que no es tan sencillo.
¿Por qué verla? Las actuaciones son brillantes. Grabada con el formato de un falso documental, La bachata de Biónico constantemente nos hace cuestionarnos si estamos viendo a actores, o a transeúntes que la producción detuvo en la calle. La película está llena de humor incómodo, de escenas visualmente alucinantes, momentos reflexivos, y pequeñas tragedias que retratan cómo viven quienes ya se consideran perdidos. Si llegas al cine y te topas con que esta película dominicana de limitado presupuesto está en la cartelera, entra a la sala.
Hombre al agua
Hombre al agua trata de ser, en iguales partes, una novela sobre clases sociales y el ser extranjero; un thriller político y un conflicto de amoríos; un filme de la ambición cinematográfica y la decadencia de un matrimonio. Todo mientras combina una cantidad de identidades culturales que son, más bien, superficiales —el acento yucateco de algunos actores es fronterizo en lo insultante—. Cualquiera de estas exploraciones daba para una película entera. García Bernal intenta hacer una obra maestra que lidie con todos los temas a la vez y, en su lugar, no resuelve uno solo. Depende de un deus ex machina que, ni siquiera, da la satisfacción de atar los cabos sueltos.
¿Por qué verla? Es difícil clasificar la nueva película de Gael García Bernal. Eso no es un elogio.
Dogtooth: Canino, a 17 años de su estreno
El pasado 17 de septiembre nos juntamos con Pimienta Films para inaugurar la llegada a los cines de la restauración 4K de la película Dogtooth: Canino. Hemos decidido dedicar nuestra última reseña a esta experiencia, dejando algunas impresiones a dos manos. Pueden revisar la cartelera con exposiciones limitadas en este enlace.
«En unos meses, su madre dará a luz a un bebé, su hermanos y a un perro». En esta frase se puede definir la también titulada Canino, aunque no por esta viñeta. El cine de Lanthimos nace de la náusea de aquel espacio vacío que crea lo absurdo de la interacción social y asoma su cara más grotesca.
Este nuevo surrealismo, que ahora ha venido llamarse la «ola rara de Grecia», se define por su rigor formal. Impone una realidad cuyas condiciones epistemológicas están distorsionadas ligeramente, de una forma concreta, y te exige seguir esa lógica hasta el final.
Quiero mencionar, de paso, esa sonada comparación con El Castillo de la Pureza, que pasó de ser un rumor a un meme y ahora está en boca de todos los mamones del cine, tanto que hasta fue parte de la charla tras la proyección. En defensa de esta película —merecidamente ganadora de la categoría «una cierta mirada» en su estreno en Cannes en 2009— y también del gran Ripstein, esa comparación es espuria; son obras distintas.
Entre El Castillo de la Pureza y Dogtooth hay poco en común. La historia de Ripstein, un anti melodrama que te expone a lo verdaderamente repugnante de esta historia. Parte de la premisa de que es posible. Quiere, por ejemplo, que veas la oscuridad del padre.
Lanthimos trabaja en la dirección opuesta. Los hijos, en cambio, desarrollan, de la mano de los actores, una colorida e intensa vida personal al margen de las reglas del padre.
Más que el conflicto de un niño que vive encerrado, se nos muestra un adulto que vive en un mundo construido de ilusiones.
A 17 años del estreno de Dogtooth: Canino, celebro con el cine de Lanthimos la llegada de un nuevo surrealismo que corta la realidad con bisturí y que expone el horror de lo social a plena luz del día y tras las paredes y los cristales más bonitos.
La película de Dogtooth: Canino es desagradable. Lo es en el mejor de los sentidos. Yorgos Lanthimos logró encerrar un mundo distópico en una casa y enseñarnos dinámicas de poder desde la intimidad. Los desvíos de mirada prevalecen con vigencia para nuevos públicos —yo un poblador entre ellos— diecisiete años después.
Qué violencia, qué inocencia adulta tan explícita.
Las muecas las suscitan inmoralidades cometidas dentro de la familia que, pareciera, tiende a ser a primera vista una familia «común», con ingresos: padre, madre, tres hermanos; hay comida, hay casa con jardín y alberca, hay festejos. No tarda en darnos a entender lo contrario. A pesar de las comodidades hay opresión, hay castigo. La casona hereda las sombras de la caverna que milenios atrás otro hombre, también griego, convirtiera en mito.
Un clásico para los tiempos que han sido y que vendrán.
Reseñas de nuestros lectores perpetuos…
Some Like It Hot
por Bruno Aramburu
Antes de White Chicks (2004) existió Some Like It Hot (1959). Jerry y Joe portando perlas, tacones y altos manerismos se hacen pasar por Daphne y Josephine infiltrándose en una banda de mujeres para salvar sus vidas escondiéndose de la mafia. La banda se los lleva a una playa en Florida en donde, entre el conflicto de su nueva «persona» y sus propios deseos hacia Marilyn Monroe —quien interpreta a Sugar—, deberán repetirse a sí mismos «Remember, you are a girl, you are a girl» o «no pastries, no butter and NO SUGAR» si quieren mantenerse escondidos y no recibir un tiro directo en la frente.
¿Por qué verla? Some Like It Hot fue un éxito en los años cincuenta a pesar de ser acusada de tener un tono demasiado «sucio» o «vulgar» por la asociación de productores hollywoodenses a quienes tal vez hizo enojar que su efecto cómico se crea a partir de la artificialidad del género y del efecto de la imagen en el comportamiento. Ojo que acaba de salir en el catálogo de MUBI.






















