Este texto es parte de Los anteojos, nuestra newsletter de coyuntura. Cada semana, comisionamos dos crónicas de temas que todo mundo habla pero nadie te explica. Para recibirla en tu correo:
Entre gorras rojas y blancas y la icónica canción Y.M.C.A., el presidente Trump ha hecho campaña intentando impulsar al Partido Republicano en lugares clave rumbo a las elecciones intermedias. El presidente aún tiene mucho poder mediático y su base de seguidores parece más fiel que nunca. Podría ser que eso ya no baste. Se augura una derrota electoral de su bando.
En el noventa y dos, durante su campaña, Bill Clinton plasmó un eslogan sencillo: «Es la economía, estúpido». En cuatro palabras, resumía la principal preocupación del votante estadounidense, todavía vigente. A fin de cuentas, el impacto del gobierno en las finanzas personales es muchas veces el tema decisivo para inclinar el resultado electoral. La economía es una de las principales razones por las que Trump pudo regresar a la Casa Blanca y, en unos días, irónicamente, podría costarle el Congreso.
Para defender la idea de que mantiene una economía muy fuerte, el presidente estadounidense ha presentado cifras sobre el crecimiento del mercado bursátil, la inversión privada y el desempeño del mercado laboral. Pero estos datos no generan alivio para quienes se tienen que preocupar por pagar comida, renta, gasolina o tarjetas de crédito.
Precisamente este fue el talón de Aquiles de Joe Biden: el encarecimiento acumulado desde la pandemia y las altas tasas de interés para intentar controlarlo. Para una parte decisiva del electorado, en 2024 el descontento económico pesó más que otros temas. La gente llevaba cuatro años viviendo una inflación que alcanzó un promedio anual de 8% en 2022. Para 2024, ya estaba abajo del 3%. Biden logró enfriarla, pero que los precios aumenten más despacio no significa que regresaran a sus niveles anteriores, por lo que los votantes castigaron a los demócratas y buscaron una alternativa bajo la promesa de «America First» (Estados Unidos primero).
Dos años después, Trump podría tropezar con la misma piedra que le sirvió para sacar a los demócratas de la Casa Blanca. Si bien la inflación ya venía a la baja, este año habrá un repunte, con proyecciones que la ubican entre 3.5 y 4%. Su aumento es multicausal, pero una buena parte se puede adjudicar a una decisión puntual del presidente: la guerra contra Irán.





