Este poema recibió una mención honorífica en el concurso de poesía Perpetuo 2025.
«Oh, Pan, ¡alegra el ánimo de este
que errante anda por la espesura hastiada
llamada vida! ¡Llévame al otro bosque,
donde saltimbanqui y galante andas;
y a la sombra de los grandes árboles
áureas melodías evocas en gloria pastoril!
¡Llévame a la dicha impetuosa
que se vive, salvaje, entre ríos, maleza
y siestas de mediodía sin turbación!
A ti, que lascivo aprendiste la empresa
manual —¡movimiento voluptuoso!—
de tu padre Hermes: dejaré en tus altares
tres jóvenes insaciables, bellas como Ganimedes,
—¡furcias como no las hay!— para tu habitual éxtasis,
si prestas oído a mis súplicas.
(¡Ellas, ávidas y voraces, desean tus dones de dios!)»
El silencio —arcano e indefinible— cubre los ámbitos.
No hay respuesta al llamado.
[…]
«¿Qué será de ti, Pan, que no apareces,
ni te insinúas ante mi plegaria?
¡Abro mis ojos y entiendo por qué los ramajes ya no danzan,
las ovejas ya no corren (los hombres a Natura
ya no temen)! No hay campos verdes,
solo yermos, por doquier, inhabitables.
Los cuatro vientos ya no llevan el dulce cantar
de la siringa. Solo hay un sollozo ahogado
de ninfas prontas a morir. ¡Oh, magnífico Pan,
las portentosas tierras se vuelven ácidas!
¡No hay rebaño, no hay ovejero!
¡Gran pastor Pan, has muerto!»
Este poema fue escrito por Angelo Chacón Sequeira



