Se cuece el arroz, la lluvia resbala por el vidrio como si supiera que no es vista. Un niño bosteza. Una mujer parte un pan en dos mitades iguales sin saber que eso también es poesía. El reloj no grita, solo sigue. Los platos se secan al lado del fregadero, y el amor, ese animal doméstico, duerme enrollado en el sofá esperando que alguien lo mire sin decirle nada. Todo es tan pequeño que duele. Tan callado que retumba. Alguien piensa en alguien. Alguien ya no está. Un perro ladra a un camión como si eso fuera una forma de vivir. Y lo es. La vida no ocurre en los grandes días. Sucede cuando no miramos: en el olor del café, en las manos que recogen la ropa seca, en la frase que no dijimos pero pesó toda la tarde. Y sin embargo, aquí estamos, sosteniendo lo invisible como si supiéramos.
Antonella Magliocco. Argentina, estudia Derecho. Amante del café y los libros, encuentra en la escritura su refugio más sincero. La poesía la acompaña desde siempre, y con orgullo vio publicados dos de sus poemas en una antología literaria de su ciudad, Miramar. Apasionada, sensible y reflexiva, escribe con el corazón en la mano, convencida de que la palabra tiene el poder de transformar y sanar.





