Este cuento fue publicado en el volumen XI de El creativo, nuestra newsletter de escritura literaria y cultura. Para recibirla directo en tu correo, suscríbete a Perpetuo:
«No importa quién da la noticia primero, importa quién la da mejor. Y no importa quién la da mejor, importa quién se supo que la dio».
-Gabriel García Márquez (con una parte apócrifa que, nos confiaron, dijo el Nobel en confianza)
Si el español es un cuerpo de agua, se asemeja a un lago artificial cercado por una represa de autores antiguos que contienen el devenir natural del idioma. Un estanque que quiere fluir —cuyos cauces, a veces adquieren forma pero, en su andar, no logran más que recorrer un par de kilómetros—; una retención insensata por pesos que se creen pesados pero, en verdad, son solo estorbosos.
Es hora de romper esa presa y dejar las aguas correr.
En Perpetuo, creemos que el español debe moverse. Queremos perforar esos definitivos agujeros que destruyan los límites de la presa que nos detiene y dejen fluir las aguas del idioma, como es su destino.
Por eso, presentamos nuestros principios, a modo de manifiesto. Pensamos en ellos como nuestro cartucho de dinamita con el que contribuimos a desmoronar por fin ese concreto arcaico que retiene el idioma. Sabemos que no podemos solos; que necesitamos de más revistas, editoriales y autores que compartan el deseo de flujo. Esperamos que estos valores sean, para otros, el estallido necesario.
Esperamos que, juntos, podamos detonar diez veces; cien mil.
Esperamos que pronto se rompa la represa.
Esperamos que el español fluya libremente.
Perpetuidad: El nombre de nuestra revista lo dice todo. Queremos una revista que dure para siempre —que perdure; que nos supere a nosotros como sus fundadores—; que sus textos le hablen a la eternidad y que la eternidad los encuentre intrigantes. Lo que publicamos, por ello, debe poder leerse, a la par, en todo momento futuro así como se lee hoy día. Le hablamos a lo que se viene tanto como a lo que es ahora. Todo lo que hacemos es para durar.
Excelencia: Queremos que el Nobel vuelva al español. Que hayan tantos autores que se lo merezcan que en Estocolmo no sepan qué hacer con tantos hispanohablantes. Solo publicamos a los mejores de los mejores. No nos comprometemos. También sabemos que lo mejor no nace, se forja. La excelencia es algo que construimos en una búsqueda constante de mejora, tanto en los textos de Perpetuo como en nosotros como revista. Ayudamos a que los autores lleguen a la excelencia; ayudamos a que el Nobel vuelva al idioma.
Ambición desmedida: Somos la mejor revista. No existen los puntos medios. Tenemos que soñar lo imposible para lograrlo. Si una meta parece que puede lograrse, no es lo suficientemente ambiciosa para ser considerada en Perpetuo. Queremos que todos —autores, lectores; transeúntes— piensen lo mismo.
Eficiencia: Nos movemos rápido. Tenemos plena confianza en nuestro equipo fundador. Para todos aplica el refrán: «más vale pedir perdón que pedir permiso».
Negocio. Negocio. Negocio: Somos un negocio. Las revistas fracasan cuando dejan de serlo. No tenemos que ser un negocio billonario; tampoco tenemos que ser el más grande en medios, pero sí tenemos que generar lo suficiente para vivir nosotros de ello y permitir que autores vivan de lo mismo. No hay que olvidarnos de ello. Perpetuo tiene que generar ingresos. No podemos arriesgarlo.
Comunidad: No somos solo una revista, somos una agrupación de autores y lectores. Más que letras, somos las gentes que escriben esas letras y aquellas que las leen. Tenemos que ser un espacio para lectores y autores por igual. Debemos escuchar sus voces y opiniones, guiarnos por lo que nos indiquen.
Globalismo hispano: El español es nuestro idioma y, a la vez, somos ciudadanos del planeta entero. Escribimos en español, pero escribimos de cualquier tema, en cualquier lugar y de cualquier tiempo. En el siglo XIX, el objetivo era traer el mundo al español. En el siglo XX, fue contar historias del mundo hispano. El siglo XXI será el de contar el mundo en español. Queremos ayudar a ese globalismo; Perpetuo debe ser la revista que empuje las fronteras del idioma a los resquicios no considerados con anterioridad.
Tecnología primero: Muchos de los problemas de las publicaciones nacen de una incompetencia al usar tecnología. Ese pensamiento es antitético a Perpetuo. Al ser una revista del siglo XXI, debemos usar las herramientas del siglo XXI a nuestra ventaja. No le tememos a la IA. La IA trabaja para nosotros.




