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Misiles, drones, intercepciones; palabras que había leído en artículos noticiosos pero que nunca habían formado parte de mi vocabulario cotidiano. Eso fue hasta el sábado 28 de febrero de 2026. Mi hija de siete años estaba en sus cursos de español y yo disfrutaba de un café y un açaí bowl en una cafetería popular de Dubái.
A eso del mediodía, mi esposo —que había quedado de recoger a nuestra niña de su clase— me mandó un mensaje diciéndome que las cosas en la región se estaban poniendo tensas. Revisé las noticias en mi celular y confirmé que Estados Unidos e Israel habían atacado Irán.
Mientras leía los reportes, me llegó un mensaje de una amiga que vive en Abu Dhabi, la capital de Emiratos Árabes Unidos, hogar de la base militar estadounidense Al Dhafra, la más grande del país. «Acabo de escuchar unos balazos heavy» leía el mensaje. «No sé qué es. Muy fuerte. Están diciendo que interceptaron misiles. Y cerraron el espacio aéreo. Se escuchó en todo Abu Dhabi».




