México y yo tenemos una relación de amor-odio: lo amo los domingos en la tarde, los días de celebración, en las canciones y poesías, en los libros y en María Izquierdo. lo amo porque nos dio a Rosario Castellanos, la casa azul y a Elena Garro. Lo amo, lo amo, lo amo. Pero también le guardo rencor. Porque no puedo transitar sus calles sola sin tener que estar vigilante de mis espaldas. No puedo llevar una falda sin que sea tema de conversación, no puedo decir lo que pienso porque de pronto estoy loca. No puedo hacer casi nada y, sin embargo, puedo escribirle este poema. México y yo tenemos una relación de amor-odio. Estoy segura de que él también me odia a veces. Nos da las jacarandas que duran un mes y nos regala las calles para salir a marchar, pero también nos da una súbita e interminable sensación de que no estamos a salvo. Y es que fue mi culpa, quizá, por salir tan tarde y sin avisar. Fue mi culpa por pelearme con un hombre, por no medir mis palabras (que por cierto “no existen”). Sí, México, si quieres lo llamamos así: un «accidente». Si quieres, todas fingimos que tus gobernantes tienen razón, que queremos “afectar sus reputaciones”. porque para los votos sí cuentan con cuidado, pero para contar mujeres desaparecidas son puros números imaginarios. Qué problema tan grande tenemos México y yo porque lo amo, lo amo Lo amo. Pero está hecho de elementos ácidos, hambrientos de poder tan estresantes, tan surreales, tan mediocres, que más que ayudar a quedarme me obligan a irme, con pocas ganas de volver. Volveré solo por ellas por mi motor y mi soporte. Por las que ya no están y por las que sí. volveré sólo por las jacarandas, por las calles moradas. Volveré, única y exclusivamente para ver al patriarcado arder.
Consuelo González Dávila Boy. El arte y la escritura son los dos ejes que orientan mi vida. Egresada de la Facultad de Psicología de la UNAM, cultivo un profundo interés por comprender la experiencia humana a través de las palabras. Escribir ha sido siempre el lente desde el cual observo, interpreto y experimento el mundo. Entre los cuentos de Cortázar y Garro, los poemas de Castellanos y las novelas de Bolaño y García Márquez, he encontrado refugio, preguntas y caminos. Ahí descubrí mi impulso por crear nuevos mundos a partir de las rimas y la prosa. Mi trabajo busca dialogar con esas influencias mientras exploro las emociones, la memoria y los gestos cotidianos que conforman lo humano. Ah, y tengo una hija, mi cuenta de poesía @rimasamarillas.



