Mi tren, mi canoa
de Linda E. Aragón
A modo de prólogo
de Alonso Millet
Contemplo las fotografías de Linda como si estuviera ahí, tirado en la arena; haciendo de esas huellas las mías, con el agua abrazando mis pies. Aunque en un territorio colombiano que desconozco, hablar de “Caribe” me resulta familiar. Las contemplo y me veo en ese Caribe mío, enlazado por nombre al blanco y negro de estas imágenes, que no obstante poseen otra orilla, otra gente, otras aves, otro paisaje.
A pesar de las diferencias, hay algo que prevalece en ambas ideas de Caribe: el agua y la celebración próxima. La fiesta latina dentro y fuera de ella trasciende los rostros, los cuerpos; nos une, como se unen las corrientes que van desde mi querida Península de Yucatán hasta aquel rincón en Colombia que Linda llama, con su ojo, hogar. Hogar-gente, hogar-cabello, hogar-agua, hogar-canoa. Y es esta última la trama principal del relato que nos presenta.
Lo que Linda logra en “Mi tren, mi canoa” es la vida en movimiento: el de las aguas entre las aguas y entre ellas o ante ellas, las personas. Las personas y sus cuerpos, las personas y sus canoas.
Mi tren, mi canoa
de Linda E. Aragón
No existe un tren que me transporte a los recuerdos, por eso escogí la fotografía para viajar por mi Caribe colombiano. Documentarlo, narrarlo es una forma de apretujarlo, de meterme en sus vericuetos y de introducirlo más en mi memoria, porque el tiempo va a mil y quizás pueda olvidar cómo era.
Entonces es aquí cuando lo que dijo Susan Sontag sobre la velocidad de la vida me impulsa a seguir mirando y llevando a mi cómplice, a mi cámara, conmigo en cada trayecto: “Todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo”. Cuánta verdad hay en esa frase.
El tiempo no es amigo de nadie, viaja a su manera y agarra lo que le plazca de cada sitio, de cada ser. La fotografía es mi tren para viajar a donde él tal vez no sepa llegar; es mi tren que a veces va lento y otras veces se detiene para invitarme a mirar con calma. Un tren que, con su ritmo, me devela que la memoria no se entiende con la prisa.
Marta Dahó tuvo razón al exponer que “no solo se fotografía aquello que capta nuestra atención, sino que, se ‘es’ aquello que se fotografía”. Soy río, tierra, monte, juegos, plazas de mercado, carnavales, madera, garzas y rugidos…
Sigo en este viaje siendo lo que soy, bailando con la brisa caribe y navegando las aguas que bordean los pueblos a los que voy, porque la fotografía también es mi canoa. Mi confiable canoa.
Canoa y tren. Libertad (y melancolía de vez en cuando).
Linda E. Aragón. Periodista cultural, comunicadora multimedia y fotógrafa documental con posgrado en Gerencia de la Comunicación para el Desarrollo Social. Oriunda y habitante del Caribe colombiano; explora su cultura popular, memorias y cotidianidad.


























