Este ensayo fue escrito por Marien Labougle para Perpetuo.
Por siglos, Frankenstein ha perdurado en la conciencia colectiva. Lo hace como un monstruo horroroso, sí, en películas y adaptaciones al por mayor (la confusión de asignarle el apellido al monstruo en la cultura general, se entiende, debido a que el monstruo al no tener nombre, no podrá por ende tener nunca una identidad separada de su creador Frankenstein). Pero también lo hace en círculos de lectura, salones de clase y en lectores que encuentran, fascinados, una novela que contiene diversas aristas de análisis sobre temas existenciales y sociales urgentes. Frankenstein se sigue leyendo de manera apasionada en diversas latitudes. La pregunta es, ¿por qué?
¿Por qué, en un mundo con tantos libros de los que escoger, Frankenstein sigue siendo al que gravitamos? Tal vez porque es la primera novela de ciencia ficción y por ser pionera merece reconocimiento; porque “es la primera aparición de la icónica figura del científico loco” (Sandner, David, 2023, p. ii)1, o podría ser debido a que Mary W. Shelley2 nos presenta a un monstruo con el que podemos empatizar. Quizá por su atractivo de literatura con tintes del romanticismo pero al mismo tiempo del gótico. Es una novela llena de augurios; en donde podemos encontrar elementos muy humanos como la soledad, la ambición, el papel de las mujeres en la sociedad, el hombre jugando a ser dios, la usurpación del rol creador de vida, la maldad, los distintos dobles que un personaje puede tener y que explican distintas facetas de este, el egoísmo. Una obra maestra en pocas palabras.
Mi propuesta a esta interrogante es que Frankenstein es todo lo anterior y más. Es una novela de género pero, también, puede ser entendida como una crítica a la otredad, al colonialismo. Es una novela epistolar que domina, a la perfección, su medio, y también, una novela sobre miedos. La novela se niega a ser solo una interpretación. En su lugar, acepta todas las anteriores con certeza, como acepta a tantos lectores a tantos años de su publicación.
Frankenstein es, por ello, el ejemplo claro de la novela infinita. Una que se presta a análisis nuevos; incluso a teorías que van más allá del contexto en el que fue escrita por primera vez. La forma de probarlo es enfrentarse a dichas interpretaciones de lleno. Por ello, en lo que sigue he recolectado una variedad de las interpretaciones a las que se presta Frankenstein. Con ello, compruebo la versatilidad de Mary W. Shelley en crear una obra que, más que una pintura completa, se asemeja a un lienzo en blanco, donde la novela final es la interpretación que dé el lector en turno. Una novela inagotable, de lecturas que esperan las palabras en el papel.
Primero, a modo de resumen
Antes de comenzar con mis categorizaciones, quisiera brindar un resumen de la novela para, con ella, poder construir los argumentos subsecuentes. (Cabe señalar que el título completo de la novela es “Frankenstein o el moderno Prometeo” pero para efectos del presente texto se usará solo “Frankenstein”)
Frankenstein es una novela epistolar. Por medio de cartas, nos enteramos de que Walton un marinero se aleja de la civilización para concretar sus planes. Las cartas en donde cuenta sus reflexiones y su vida actual se las envía a su hermana Margaret de la cual nunca tendremos respuesta. Un día, Walton rescata a un forastero que resulta ser Victor Frankenstein, perseguido por un misterioso alguien.
La novela epistolar fue una gran elección de Mary W. Shelley. “Las cartas refuerzan la credulidad del lector, establecen rápidamente coordenadas y aumentan el suspenso” (Cross, 2023, en Shelley, p. 16).3 Gracias a las cartas, sentimos más identificación con los personajes; sin un narrador omnisciente pensamos que conocemos personalmente a los que nos hablan.
Victor Frankenstein comienza a contarle su vida a Walton; Victor nos relata cómo nació y creció en una familia estable y llena de amor. Su padre y madre lo apoyaron y quisieron siempre. Adoptaron a la prima de Victor para vivir con la familia (prima que se asumía se casaría después con Victor). Nos enteramos también de que tiene dos hermanos: Ernest y William el más chico.
Somos testigos de cuando Victor (proveniente de Ginebra) se aleja de su núcleo familiar para emprender una carrera universitaria en la Universidad de Ingolstadt. (Es irónico que el hombre que inspiró la figura del “Mad Doctor” o el “Doctor Loco”, utilizada en la literatura para poder destacar cierta bipolaridad en un personaje, ni siquiera se haya graduado de la universidad. Ya que, Victor Frankenstein prefirió usar su tiempo en tentar al destino, las leyes de la naturaleza, jugar el papel de un Dios y dañar indirectamente a sus seres amados, todo al mismo tiempo.)
Victor, al igual que muchos antes que él, se obsesiona con la creación de la vida.
Sus estudios sobre los alquimistas del pasado, interesados a su vez con el elixir de la vida y su contemporaneidad con científicos dedicados a intentar infundir vida a cadáveres a través de la electricidad, lo llevan a intentar crear algo por su cuenta.
Acompañamos a Victor mientras se convierte en un ladrón de tumbas (un trabajo muy habitual en la época; los estudiantes de medicina y anatomía necesitaban cuerpos para abrirlos y estudiarlos y conocer más sobre el cuerpo humano) y dedica todo su tiempo, energía y pensamientos en moldear un espécimen de más de dos metros de altura.
El monstruo, o mejor dicho, la criatura, está formado por las partes de cadáveres de seres humanos y animales torturados por Victor que logró ir armando como si fuera un rompecabezas.
La criatura contra todo pronóstico cobra vida.
Victor, que en este momento se encuentra en el papel de un dios creador lo rechaza. No solo lo rechaza, le causa repugnancia su propia creación y huye de este nuevo ente: “¿Cómo definir al ser desgraciado a quién había dado forma con infinito esmero y dedicación? Sus miembros eran proporcionados, y yo había elegido para él rasgos bellos. ¡Bellos! ¡Santo Dios!” (Shelley, Mary W. 1818, p. 82)
(Hay algo interesante en el hecho de que no le produzca miedo o terror sino asco, en especial cuando se supone que es una novela de terror. La repugnancia está antes que el miedo, el asco está antes que el terror. Victor nos deja una pista de por qué siente tanto rechazo: él reunió las mejores partes que encontró de los cadáveres, entonces tendría que haberle quedado un ser bello, no una abominación con la piel amarilla tan delgada que apenas cubre la estructura de músculos y arterias, los ojos acuosos, un rostro marchito con labios delgados y negros. El monstruo, a ojos de Victor es feo y la vanidad de su creador no le permite superar ese hecho.)
Victor después de ¿dar a luz? a una abominación y escapar de ella se enferma gravemente, su cuerpo somatiza el malestar que lleva por dentro.
Su mejor amigo de la infancia, Henry Clerval, acude a su lado y lo apoya hasta dejarlo casi en la antigua normalidad. Henry Clerval es importante porque es un ancla emocional para Victor, es la persona en la que más confía y pareciera que a la que más quiere.
Victor después de mejorar anímicamente recibe dos cartas. La primera de Elizabeth, su hermana-prima-prometida que le platica acerca de “Justine” una joven huérfana acogida por la familia que trabaja en el servicio para ellos y es muy querida por todos, pero especialmente por ella.
La otra carta es de su padre, donde le cuenta que su hermano William fue asesinado. Victor regresa a casa para estar con su familia después de no verlos varios años. Él asume que el asesino de su hermano es la criatura que creó, pero aún no puede probarlo. Su hermano Ernest le menciona que la culpable del asesinato de William resultó ser Justine. Victor sabe que Justine no es culpable pero tampoco hace algo para ayudarla y ella es ejecutada por el supuesto crimen.
Toda la familia de Victor intenta superar lo sucedido y se van a un viaje por las montañas, es ahí donde la criatura se le presenta a su creador y le ruega que lo escuche.
Victor no tiene opción más que permitirle contar su historia. (Es en esta plática en donde nos enteramos que efectivamente la criatura si mató a William y, por ende, también condenó a Justine indirectamente). La criatura comienza entonces a explicarnos todas las experiencias positivas y negativas que ha tenido que soportar desde su creación, como un bebé que va creciendo todo lo que ha tenido que ir aprendiendo de la vida. Es así como descubrimos la existencia de los “De Lacey” la familia francesa que la criatura espió durante meses y por la cuál aprende a hablar y a leer.
Los De Lacey son significativos en la vida de la criatura, porque son, coloquialmente hablando la última gota que derrama el vaso. La criatura ya había sentido en carne propia el rechazo y desprecio de los seres humanos conforme comienza a experimentar el mundo, pero cuando vive en el cobertizo de los De Lacey se encariña con ellos y decide ayudarlos (sin que lo vean por supuesto) con tareas domésticas como recolectar leña para que no tengan ellos que hacerlo. La criatura genera un vínculo emocional con ellos a la distancia: con el padre ciego; con Félix el hermano melancólico; Agatha, la hermana y después con Safie, la extranjera comprometida con Felix.
Como Safie es de otra nacionalidad la familia se dedica a enseñarle el idioma que ellos hablan y la criatura se beneficia de esas clases. En el bosque se encuentra después tres libros que son fundamentales para ciertos cuestionamientos filosóficos y existenciales que se hará a sí mismo.
Cuando la criatura intenta tener un acercamiento con la familia ellos se asustan y lo rechazan violentamente.
La criatura, ahora aún más consciente de su soledad y fealdad, jura odiar a la humanidad y por ende a su creador. Le cuenta todas sus desgracias a Victor y le pide que le construya una pareja. Una pareja monstruosa igual que él, para no estar solo en un mundo tan cruel.
Victor acepta y se va a estudiar de nuevo para poder crear otro ser monstruoso hecho de pedazos.
Cuando está a punto de crearle una pareja a su monstruo entonces Victor comienza a cuestionarse si lo que está haciendo va a condenar a la humanidad y destruye a la pareja.
El monstruo se venga de él asesinado a Henry Clerval y a Elizabeth en su noche de bodas con Victor.
De manera indirecta la criatura también es culpable de la muerte del padre de Victor, ya que este sucumbe a la pena y dolor de tantas tragedias familiares, después de enterarse de la muerte de Elizabeth.
Victor entonces entra en un bucle destructivo en donde su único interés en la vida después de perderlo todo es matar a la criatura. Lo persigue hasta llegar al ártico en donde Walton lo descubre y sube a su barco para ayudarlo a no morir de frío.
Victor es visitado en el camarote de Walton por la criatura que lo ve morir y después escapa por la ventana. No volvemos a saber nada más de la criatura en este final tan triste pero asumimos que murió de la manera en la que le dijo a Walton que lo haría.
Una novela sobre miedos (de antes y de ahora)
En Frankenstein, Mary W. Shelley estaba expresando los miedos de su época. Esos miedos se han mantenido hasta la actualidad con ligeras modificaciones.
Me refiero por supuesto al terror que tenemos los humanos por algo que parezca humano pero que no lo sea realmente. Lo primero que debe venir a la mente en 2025 son los robots.
La persona promedio del siglo XXI no tiene ningún control sobre el avance de la inteligencia artificial y tiene pesadillas con la idea de un mundo futuro en donde los robots tomen las riendas de la civilización. Vivimos en un momento de fuertes avances en el ámbito de la tecnología.
Cuando Mary W. Shelley escribió la novela, la sociedad en la que vivía estaba angustiada, no por robots, pero si por el avance a pasos agigantados de la ciencia.
La ciencia estaba por fin contestando preguntas existenciales del ser humano “¿se podrían aprovechar el galvanismo y las nuevas leyes de la electricidad para infundir vida donde no la hubiera?” (Ruiz Garzón, Ricard, 2018, p. 26) Esta pregunta se la hacían todos y todas quienes tenían acceso a los avances en el conocimiento de la ciencia y la medicina, esta es una pregunta que obviamente se hizo Mary W. Shelley.
Si Erasmus Darwin había sido capaz de mover un trozo muerto de <<vermicelli>> ¿cuál sería entonces el problema de que en un futuro se pudiera infundir vida a un cadáver? Tenemos que aceptar, aún sabiendo que no es posible, que este pensamiento es bastante lógico.
Y no era solo la sociedad en la que Mary W. Shelley vivía, que estaba interesada en la ciencia, ella misma tuvo un contacto cercano con la ciencia desde sus primeros días de vida, cuando su padre la llevó a los 19 días de nacida a un estudio fisonómico. Y después cuando se escapó a los 17 años con quien sería su esposo en el futuro, Percy Bysshe Shelley un hombre profundamente interesado en la ciencia y los cuestionamientos éticos del momento.
Dentro de esos cuestionamientos hay mucho de terror de hasta que punto podría llegar la ciencia y modificar la vida de los seres humanos, hasta que punto lo que los médicos hacían para obtener resultados era ético, ¿en dónde estaba el límite de la ciencia?
La otredad, Inglaterra y la colonia
Además de expresar las angustias de su tiempo, Mary W. Shelley logró hacer un texto en donde podemos percibir los cuestionamientos éticos sobre la otredad.
Inglaterra, el país donde Mary W. Shelley nació y creció estaba en plena etapa de colonización en otros territorios. Si nos fijamos bien, la criatura de Frankenstein podría ser entendida como una crítica a la mentalidad colonial del momento basada en el racismo y la supremacía europea.
La criatura es un cuerpo que no importa, que va a ser rechazado, que va a ser discriminado, alejado, repudiado de la sociedad.
La criatura no pertenece a ninguna clase social, el problema no es solo que sea feo, sino que la sociedad lo iba a rechazar de todas maneras por un tema de clase y por un tema racial; no tiene un lugar en la sociedad.
“Frankenstein es una novela que nace en la Era de las revoluciones, una época que sigue absorbiendo las enseñanzas de la revolución francesa que se centraba en el conflicto de clase. Uno de los primeros usos culturales de La criatura de Mary Shelley fue en las alusiones de noticias contemporáneas, ilustraciones de revistas y discursos políticos al miedo a las “turbas” de la clase trabajadora, especialmente las irlandesas, una conexión que habla de la invención de la “raza” así como de la estratificación de clases.” (Sandner, David, 2023, p. ix)
Inglaterra además estaba atravesando un fuerte dilema de racismo; fuera del país en territorios colonizados habían británicos, que a voces y tal vez sin decirlo abiertamente, se estaban cuestionando si los “salvajes” de los territorios lejanos eran seres humanos o más cercanos a los animales y si tenían o no un alma. Ya que si no tenían un alma no habría ningún remordimiento en utilizar a esas personas para fines capitalistas.
Y al igual que estas personas “salvajes” que representan la otredad, ¿qué quiere el monstruo? Ser reconocido como humano.
Sí, es una novela de género
¿Esta novela tiene implicaciones de género? Por supuesto que sí. “Es una novela centrada en hombres creada por la hija de la extraordinaria proto-feminista Mary Wollstonecraft” (Sander, David, 2023, p.ii ). Mary W. Shelley tuvo la sensibilidad de observar a los hombres en la sociedad del siglo XIX, pudo darse cuenta de cómo las decisiones de los hombres afectaban las vidas de las mujeres cercanas a ellos, pudo percibir la misoginia estructural, que su madre había advertido muchos años antes.
Yo me pregunto si acaso Mary W. Shelley no usó a la criatura y a Victor para explorar las consecuencias del deseo masculino sobre las vidas de las mujeres.
Victor destruye a la que iba a ser pareja de la criatura, ¿por qué? Porque la hembra podría tener deseos, podría tener una sexualidad activa y tomar decisiones que nadie sería capaz de predecir y Victor teme: ¿no es este un miedo de los hombres a las mujeres libres e independientes? ¿Mary nos estaba intentando decir algo?
La comparación entre Victor y Elizabeth su prima-prometida también nos permite percibir las diferencias de género que atravesaban las mujeres en comparación con los hombres. Cuando Victor nos habla por primera vez de Elizabeth menciona: “Yo admiraba su inteligencia y su imaginación y me encantaba cuidarla como a un animal favorito; nunca vi tanta gracia de apariencia y de mente unidas con tanta modestia” (Shelley, Mary W. 1818, p. 55) está igualando a su futura pareja a un animal que necesita cuidados, como si fuera un conejito. Y después menciona: “Para mí, el mundo era un secreto que ansiaba descubrir; para ella era un lugar vacío que buscaba poblar con sus propias fantasías” (Shelley, Mary W. 1818, p. 55) Elizabeth tenía que leer libros para “poblar sus propias fantasías” porque no iba a ir a la universidad como Victor, porque no iba a tener las oportunidades que él y otros hombres si tendrían para viajar y descubrir el mundo; las mujeres estaban relegadas al hogar., al espacio privado y a los cuidados. ¿Qué le quedaba más allá de leer para poder llenar su mundo interno?
Elizabeth es sumisa, callada, no protesta, no se queja, acepta lo que Victor le dice casi sin hacer preguntas. Ella es el ideal de modesticidad esperado en una mujer en la época. Sufre pero sigue sonriendo para los demás, ella está ahí por y para su familia. Y ni siquiera es opcional, la madre de Victor le pide en su lecho de muerte que ahora ella los cuide a todos. Los cuidados están relegados a las mujeres.
¿Y el resto de las mujeres además de Elizabeth? Tenemos, primero, a Margaret Walton Saville (no creo que sea coincidencia que tenga las mismas iniciales que la autora). Ella es la destinataria de las cartas de Walton, su hermano, pero a Margaret jamás la conocemos, ni siquiera sabemos si responde o no las cartas. Es una destinataria pasiva que refleja el ideal de privacidad familiar esperado de una mujer en la época.
Margaret es la perfecta madre-esposa de la cuál no nos importa, ni siquiera como lectores, su opinión, Walton le escribe: “No sabrás de mi muerte, y esperarás ansiosa mi regreso. Pasarán los años, tendrás momentos de desesperación, y te torturará la esperanza. ¡Ay mi adorada hermana! Tus expectativas truncas me resultan más terribles que mi propia muerte. Pero tú tienes un marido e hijos adorables: puedes ser feliz.” (Shelley, Mary W. 1818, p. 311)
¿Acaso como lectoras y lectores debemos quedarnos entonces tranquilos? ¿Como Margaret tiene hijos y esposo, entonces ya no importa si no vuelve a ver a su hermano? ¿Seguir el modelo familiar es lo único que importa así estés deprimida de por vida porque no sabes si tu hermano está vivo o muerto? Nos dice muchísimo de lo que se espera de las mujeres y de lo poco que les importaban a los hombres contemporáneos sus opiniones y sentimientos.
Las mujeres de Frankenstein (excepto Safie) son débiles; son mujeres cariñosas y entregadas, pero que sufren muchísimo, en silencio eso sí, por las decisiones que toman los hombres a su alrededor.
Safie al menos es decidida, parece independiente, culta, se le ha permitido viajar y conocer el mundo. “Safie es un arquetipo de atractivos físicos exóticos” (Ruiz Garzón, Ricard, 2018, p. 87) Ella incluso se enfrenta a las decisiones de su padre cuando decide irse con Félix al nuevo país en donde vive y deja atrás sus costumbres. Safie es la única que tuvo una madre que la empujó a desarrollar su intelecto además de que impulsarla a ser independiente. Las demás mujeres de esta novela no tienen esa figura de la madre que las anima a la libertad.
Algo importante de la novela y por lo cuál se están violando las leyes de la naturaleza, es que Victor intenta hacer una usurpación del proceso natural del parto. Mary W. Shelley nos está mostrando las consecuencias de generar vida sin la participación activa y necesaria de las mujeres; Victor se quiere saltar el proceso de gestación y desea ser un Dios creador. Victor no es muy distinto a quienes en 2025 consideran que un bebé puede ser gestado por un robot con útero. “Frankenstein es sobre todo la historia de un hombre que quiere ser padre sin necesidad de mujeres” (Ruiz Garzón, Ricard, 2018, p. 39)
Debe llamarnos la atención que ni Elizabeth ni Justine tienen madre. Ni siquiera se hace referencia a que la propia madre de Victor tenga una madre viva. Es más, Victor y la criatura tampoco tienen madre. Esto podría reflejar la manera en la que Mary W. Shelley percibía la vida, ya que ella misma no la tenía. Pero en mi opinión, no tener madre deja a los personajes femeninos en una situación vulnerable frente a los hombres de su vida que toman decisiones por ellas.
Pero, ¿quién es el monstruo?
De todos los cuestionamientos que presenta este libro, he de confesar, uno de mis favoritos es el de la maldad y todas las preguntas que nos deja. Por ejemplo: ¿Si una persona es maltratada y rechazada como la criatura entonces ¿se volverá mala, a pesar de haber nacido buena? Cross (2023) en su comentario a Frankenstein, sostiene que, “Percy B. Shelley, marido de Mary había resumido el espíritu del libro de la siguiente manera: Si a alguien lo maltratan, será un malvado” (p.12)
¿Se nace siendo bueno? ¿O se nace más bien con la maldad?
Y si alguien fue excluido de la sociedad y maltratado y se venga, ¿sigue siendo malo o lo podemos entender y justificar?
¿Qué entendemos por maldad? Porque el “ser malvado” puede ser algo distinto en cada religión, en cada cultura.
A mí, una mujer mexicana del siglo XXI, me queda claro que la criatura o como queramos llamarle no nació con un deseo asesino ni mucho menos de destrucción, sino que, más bien las experiencias diarias con las personas, la soledad, la exclusión social, el sistema que no tenía contemplado que existiera alguien como él lo fueron orillando a un camino de desesperación y crueldad. ¿Eso no convierte esta novela en una denuncia de las estructuras sociales que aíslan a ciertas personas y les limitan las opciones para después etiquetarlas como monstruos? ¿Qué es un monstruo entonces? ¿La sociedad es más bien la monstruosa?
Y si ya estamos hablando de los cuestionamientos que tenemos que hacernos al acabar esta novela, uno de ellos tiene que ser ¿qué nos hace humanos?
Doppelgängers, egoísmo y venganza
Henry Clerval es un “doppelgänger”, es un doble de Victor. Clerval es, de hecho, el lado bueno de Victor, la parte luminosa que convive con la oscuridad que Victor también tiene.
No es el único doble. Walton es el doble de Victor en la ambición, en los deseos de destacarse en comparación a otros hombres, en la soledad, en la alienación de la sociedad, en el deseo de ir más allá de los limites sociales permitidos y superarse.
La criatura también es uno de sus dobles, “reconocemos en el monstruo la imagen especular destructiva o el lado doble o sombra de su creador científico loco” (Sandner, David, 2023, p. ii)
Pero regresando a la criatura: sabemos que al…¿nacer?. ¿Se puede nacer cuando no has sido gestado? Digamos que cuando la criatura cobra vida y se vuelve consciente de su existencia, lo primero que hace es buscar a su creador. Como un bebé buscaría a su madre instintivamente.
Cuando es rechazado entonces decide vengarse. Su venganza es animal e impulsiva, asesinar al hermano de su creador no parece una idea muy bien meditada. ¿Pero podemos culpar a un ser que actúa sin pensar cuando lleva apenas unos meses existiendo?
Ese acto lleva indirectamente a la muerte de Justine por ser culpada por el crimen contra William, ya que la criatura la incrimina de una forma muy cruel poniendo una joya familiar que traía William como collar en el bolsillo de Justine.
Nos dice mucho sobre Victor el hecho de que sospecha que la criatura es el verdadero culpable pero tampoco se muestra muy dispuesto a hacer algo al respecto para salvar a Justine de una condena injusta.
Entonces, no solo no se hace cargo de su responsabilidad como creador de un nuevo ser, sino que tampoco está dispuesto a actuar ante la culpa de ser indirectamente el causante de dos tragedias. Porque, si él nunca hubiera creado al monstruo, William estaría vivo y Justine también. El doble-sacrificio de inocentes existe para desesperar al lector o lectora.
Podemos notar que Victor es egoísta porque no gasta su energía en lo absoluto en hacer justicia, más bien pareciera rendirse ante la situación. Como si al ignorar los hechos entonces estos dejaran de existir por si solos.
Hay también un dejo de crueldad por parte de Victor al no nombrar a su creación. Este hecho de cierta forma no le permite a la criatura tener una identidad separada de su padre creador. Elemento que nos puede llegar a permitir la confusión de quién es “el monstruo de Frankenstein”
El primigenio Adán
El monstruo, en el papel de ser primigenio en esta nueva raza creada por Victor pide hablar con su creador.
En este momento hay un antes y después: la criatura ante nuestros ojos deja de ser monstruosa y comenzamos a verla más humana que a Victor. Nos comienza a contar su vida y todas las experiencias que ha tenido que superar estando completamente solo.
Nos habla del rechazo constante hacia su ser el cuál desencadena en un auto-desprecio y rabia a los demás terrible, nos platica sobre la familia campesina gracias a la cuál aprendió a hablar y a leer; y que gracias a eso comenzó a reflexionar sobre su propia existencia.
Este monstruo no es un bruto, no es una momia egipcia que solo hace gritos guturales o un King Kong que le ahúlla al cielo mientras lo rodean los helicópteros y está desesperado. La criatura de Frankenstein es única y original, no es cualquier monstruo; tiene las mismas capacidades cerebrales que los humanos…básicamente porque tiene partes humanas, es un “casi” humano. Es capaz de pensar, reflexionar, analizar, llegar a conclusiones. Y el rango de emociones de la criatura es sorprendente.
Sentimos una empatía inmediata por la criatura, empatía que de hecho no sentimos por Victor que es un típico narcisista egocéntrico y orgulloso preocupado solo por sí mismo y que, además, no se hace responsable de ningún daño que le cause a los demás.
La criatura pide entonces solo una cosa. Suplica a su creador que le haga una compañera para atravesar juntos la, hasta ahora dura y dolorosa, existencia.
Lo que pide no es una locura, después de que el monstruo se encuentra tres libros en el bosque y uno de ellos resulta ser “El paraíso perdido” de Milton en donde se habla acerca de Adán y Eva no debería ser una sorpresa para nosotros que el monstruo suplique tener su propia compañía, su propia Eva. ¿No es algo intrínsecamente humano el desear compañía? ¿No es esto una prueba de que la criatura es más humana que monstruo? ¿De que si es humana?
“El paraíso perdido despertó en mí emociones diferentes y mucho más profundas[…]Como Adán yo había sido creado sin ningún lazo aparente con ningún otro ser vivo, pero su estado era muy diferente del mío en todo lo demás. El había surgido de las manos de Dios como una criatura perfecta, feliz y próspera, al cuidado especial de su Creador; tenía permitido conversar con seres superiores y adquirir conocimiento de ellos. Yo, sin embargo, era desgraciado y estaba desamparado y solo” (Shelley, Mary W. 1818, p.189)
Victor tiene un atisbo de amabilidad (que dura muy poco) y accede a crearle a una compañera. Pero, cuando está a punto de terminar esta nueva obra, la destruye, en parte porque todos los cuestionamientos que Victor se comienza a hacer acerca de este nuevo ente son bastante lógicos. “Ahora estaba a punto de crear otro ser, de cuyo carácter tampoco sabía nada: ella podía ser mil veces más malvada que su compañero y deleitarse en el asesinato por puro placer[…]incluso podían odiarse; la criatura que ya vivía detestaba su propia deformidad[…] Incluso si dejaban Europa y habitaban los desiertos del nuevo mundo, una de las primeras consecuencias de ese afecto que tanto ansiaba el monstruo serían los hijos , y así se propagaría por el mundo una raza de demonios que harían de la existencia del hombre una condición precaria y llena de terror. ¿Tenía yo el derecho, por beneficio propio, de infligir esa maldición a las generaciones futuras?” (Shelley, Mary W. 1818, p. 245).
Este es tal vez el único momento no enteramente egoísta de Victor, ya que al menos aprendió que aunque se equivocó una vez, no desea cometer otro error y condenar al planeta.
El monstruo furioso, con absolutamente todo el derecho de estarlo, jura vengarse de Victor.
Pareciera que Victor va brincando por la vida cayendo en un charco en cada paso y equivocándose en cada decisión. No es mi intención poner un peso negativo sobre el lector o lectora acerca del personaje de Victor pero debo aceptar que es difícil no encontrar insoportable su falta de respeto por la vida y ambición desmedida. Él pasa por encima de quien sea con tal de obtener lo que quiere en todo momento, no tiene indicios de responsabilidad moral.
Victor sí es el malo de la historia, pero esta novela presenta un gran problema para el lector, ya que la figura con la que podemos empatizar, la criatura que fue abandonada y despreciada y a la que llegamos a querer es un asesino. Y no deja de serlo aún después de que conozcamos sus razones para generar violencia.
Novela Bisagra
Esta es una novela de varios hilos a la vez, mientras conocemos la historia de Victor se nos presenta la narración de su familia nuclear que se quedó en Ginebra.
Regresando al núcleo familiar de Victor, ya que uno de los temas más atractivos en la novela es el de la familia: Para Ricard Ruiz Garzón “El propio Shelley, en el primer prefacio a la novela, la presentaba como un texto destinado <<a exponer las bondades del amor familiar>>”(p. 37)
Victor tiene, en apariencia, un entorno familiar idílico, lo único que podríamos criticarle desde un lugar moralista sería que su prima es de alguna forma su hermana porque crecen en la misma casa y es al mismo tiempo su prometida. Aunque el incesto era un tema que interesaba a los escritores románticos contemporáneos a Mary W. Shelley, en la actualidad puede saltarnos un poco.
En realidad no solo en la actualidad, en la versión de 1831 revisada y editada por Mary W. Shelley: Elizabeth Lavenza deja de ser prima de Victor para convertirse en una simple huérfana sin ningún lazo sanguíneo que es adoptada por los padres del protagonista. Mary realizó este y muchos otros ajustes para evitar un señalamiento y escarmiento social nuevamente.
La novela de Mary W. Shelley es una novela-bisagra ya que se escribe dos décadas después de la Revolución Francesa y dos décadas antes de la época victoriana. Eso quiere decir que en la revisión del 1831 Mary W. Shelley inteligentemente y para sobrevivir en su sociedad tiene que hacer cambios debido a que la época victoriana cada vez más cercana se destaca por una moralidad mucho más limitante, con muchos más prejuicios, reglas sociales y tabúes.
La eterna Mary
No con cualquier autora podemos decir que su vida es aún más interesante que la obra maestra de literatura que escribió.
Mary W. Shelley tiene a mi parecer una de las vidas del pasado más interesantes, marcada por las tragedias constantes, por el machismo estructural, por una sociedad muy cruel con las mujeres.
Mary W. Shelley al igual que su criatura es un monstruo para su sociedad. Es un monstruo porque es impensable que una adolescente pueda escribir una obra tan magnífica que incluya tantos temas y reflexiones y es un monstruo por su persona en sí y todo lo que hizo ante la mirada social que durante muchos años le costó su reputación y su paz.
La reputación de Mary W. Shelley estaba manchada desde antes de escribir Frankenstein por haberse escapado a los 17 años con un hombre casado, haberse escapado, además, junto con su hermana lo cuál añadía aún más gravedad a la situación; eran un trío para los ojos de la sociedad. Después de que la exesposa de su pareja se suicidara por las presiones sociales de la época que alienaban y menospreciaban a las madres solteras, después de que su media hermana Fanny (la única hermana de sangre que la unía a su madre) se suicidara también, después de haber perdido 3 hijos y un aborto que casi la lleva a su muerte. Después de traiciones, amigos y amigas que realmente eran enemigos, después de ser maltratada emocionalmente por su padre, de que su esposo le fuera infiel varias veces, de sentirse sola aunque estuviera rodeada de personas; después de una vida que se asemeja más bien a una pesadilla, pero que también tuvo cosas bellas y apasionantes… Nos queda clarísimo que su vida personal superó a la ficción.
Algo que nos debe dar gusto es que Mary W. Shelley pudo saber en vida que su novela era un éxito y además pudo ser testigo de cómo saltó del texto a la puesta en escena.
La primera obra de teatro basada en el libro fue: Presumption; or the Fate of Frankenstein. En el libro “The Monsters” los escritores Dorothy y Thomas Hoobler nos mencionan que “Mary asistió a la obra con su padre William, su medio hermano William y Jane Williams” (2006) seguramente fue en este momento que Mary W. Shelley se dio cuenta de que se había vuelto famosa tanto ella como su novela.
Y aunque eso no le representaba poder recibir una cantidad de dinero con la que podría vivir, debió haber sido al menos un bálsamo en su vida tener la certeza de que las personas querían leerla, a pesar de todo.
Algo que ocurrió en esta obra de teatro y que se ha replicado después en muchas otras producciones culturales como la película “La Novia de Frankenstein” dirigida por James Whale ha sido el hecho de que la criatura no habla. A diferencia de la novela en donde nos explica que ha tenido que soportar, en donde nos suplica que entendamos que es estar solo en un mundo tan cruel…
A modo de conclusión
Este libro ha significado tanto en el arte que ha propiciado distintas obras de teatro y películas desde su creación hasta la actualidad. Todas se han permitido alguna licencia creativa, como por ejemplo crear nuevos personajes como “Fritz” el ayudante de Victor que en la novela no existe. “El que más sufría deformaciones era el monstruo, que pasaba de ser un personaje conflictivo-autodidacta, sentimental y asesino- a una bestia incapaz de articular palabra” (Cross, 2023 en Shelley, p. 11)
No tenemos que ir muy lejos, en octubre de 2025 salió una nueva interpretación en película de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro, más de 200 años después de su publicación la novela de Mary W. Shelley nos sigue dando de que hablar, nos sigue interpelando como seres humanos, sigue siendo completa y totalmente indispensable leerla.
Frankenstein es una historia de hombres en conflicto consigo mismos y con el mundo. Es una novela que indaga sobre “los hombres y el poder, y el significado de la intimidad entre los hombres, explorando una “masculinidad tóxica” en la que el egoísmo y la pulsión de muerte son primordiales.” (Sandner, David, 2023, p. vii)
Frankenstein sigue y seguirá siendo una obra sublime con diversas capas de análisis desde los estudios de género y el papel de las mujeres en la sociedad, una novela que cuestiona el racismo y la otredad, que nos muestra la soledad y la necesidad de reconocimiento social y nos advierte sobre las consecuencias de la ambición desmedida y el constante conflicto entre ciencia y moral.
Marien Labougle es creadora de contenido cultural y gestora de círculos de lectura. Estudió la Licenciatura en Comunicación con especialidad en Escénica por la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Cuenta con experiencia en estudios internacionales en Corea del Sur. Así como con diplomados de Historia del Arte y Literatura de la Universidad Iberoamericana. Su trabajo por medio de redes sociales se enfoca en la divulgación de literatura, historia e historia del arte desde una perspectiva crítica y feminista, combinando análisis académico y creación visual. A través de sus proyectos, busca generar comunidades lectoras y espacios de reflexión colectiva en torno a las voces femeninas.
Bibliografía
-Shelley, Mary. (1818). Frankenstein, 2023, Editorial Fera.
-Ruiz Garzón, Ricard. (2018) Los Monstruos de Villa Diodati. Los espejos de Frankenstein. Reino de Cordelia.
-Dorothy, Hoobler Thomas. (2006). Mary Shelley and the Curse of Frankenstein. The Monsters. Back Bay Books.
-Gordon, Charlotte. (2018) Mary Wollstonecraft Mary Shelley. Circe.
-Sander, David. (2023) The Afterlife of Frankenstein. A century of Mad Science, automata, and monsters inspired by Mary Shelley 1818-1918. Lanternfish press.
-Cross, Esther. (2022) La mujer que escribió Frankenstein. Editorial Minúscula.
Traducción en español por la autora de este trabajo para todas las citas del libro de David Sandner.
El nombre de casada y por el que es reconocida internacionalmente es “Mary Shelley”, pero en este texto he tomado la decisión de utilizar “Mary W. Shelley” ya que la autora en ciertas ocasiones (por ejemplo en su correspondencia) incluía la inicial del apellido de su madre como legado intelectual y admiración por ella. Me parece una postura personal política adelantada a su época y que nos dice mucho sobre la autora.
Algunas editoriales, como Cátedra, han continuado este legado y utilizan el nombre “Mary W. Shelley” para los textos “Frankenstein o el moderno Prometeo” y “Mathilda”.
Esta cita textual se hace de los comentarios de Esther Cross escritora que hace anotaciones dentro del texto de Frankenstein en la versión publicada por Fera Design.



