Nuestras 3 crónicas de 2025
(la lista de Perpetuo)
Acá, toca reconocer que hicimos trampa. No podemos escoger, en buena fé, lo mejor de Perpetuo sin caer en métricas o en debates interminables. No es posible. Son tantos—más de 200 textos en los últimos tres meses—y nuestros editores son de opiniones variadas. Así que, en su lugar, hicimos una selección que funciona como un plato de canapés. La idea es que estos textos sirvan como introducción a lo que hacemos en Perpetuo. Si les gustan, pueden recibirlos cada semana en sus correos. Solo tienen que suscribirse.
3. El hombre que inventaba jorobados
(Ramiro Chávez Gochicoa)
Entró al zoológico con la secreta intención de morir. El recinto estaba abierto solo para él y, por lo mismo, las posibilidades de ser devorado por lo que parecía una leyenda inverosímil se multiplicaban.
La noche anterior había imaginado que visitaba ese extraño lugar selvático, en el que pretendía abrazar una ceiba, escuchar el canto sagrado de los saraguatos y “oler la naturaleza”.
“Sería fantástico morir devorado por un tigre que pertenecía a narcotraficantes”, le había confesado a su pareja.
Recreaba con cierta morbosidad los titulares de los periódicos que resaltarían al poeta chileno que, en la tierra de Carlos Pellicer, había perecido descabezado por un narcofelino acostumbrado al sabor de la carne humana.
El Parque Museo La Venta, enclavado en el corazón de la capital tabasqueña y circundado por la verdosa laguna de las ilusiones, se prestaba para sus fines.
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Lee la crónica completa:
El hombre que inventaba jorobados
Esta crónica fue escrita por Ramiro Chávez Gochicoa. Puedes leer más del autor en la biografía al final del texto.
2. No me quiero ir de aquí
(Sofia Otero)
Claudia Ramón Ochoa lleva años sin acercarse voluntariamente al mar. Creció entre las olas, las redes de pesca, los peces y la sal. Ahora, le huye a la marea.
Su primera casa estaba a la orilla, a unos cuantos metros de la costa. Suficiente distancia para poder disfrutar del mar por las mañanas, y no temerle al oleaje por las noches.
Eso cambió.
Las tormentas se convirtieron en amenazas.
En octubre de 2022, el mar se tragó la primera fila de casas de Las Barrancas: una pequeña comunidad afromexicana en la costa de Veracruz. Una de las viviendas desaparecidas pertenecía a la prima de Claudia. Su esposo, marino en la Armada, se la había construido.
“Ni siquiera están los escombros. Nada más les tocó ver cómo todo su esfuerzo se iba, se quebraron sus ventanas, sus láminas, no pudieron rescatar absolutamente nada”, recuerda Claudia cabizbaja.
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No me quiero ir de aquí
Esta crónica fue escrita por Sofía Otero para Perpetuo. Puedes leer más de la autora al final del texto.
1. No es país para nosotros
(Pedro Sosa Tabio)
La primera casa terminará siendo una de las más difíciles. Son dos niñas. Una está verdaderamente entusiasmada por mi presencia. A la otra le duró la atención hacia mí lo que tardé en entregarle sus juguetes, como suele ocurrir.
Llegué por sorpresa hace unos minutos. Hice sonar la campanita que me dieron con el traje. Saludé con la risa redonda característica de mi personaje. Entregué los regalos y les dije que fueran buenas y se portaran muy bien. Eso es todo, pensé, pero llegó la abuela y la visita se torció en un segundo. ¿Este no tiene música ni baila como el del año pasado?, preguntó la señora, sembrando la semilla del mal. La música la ponemos nosotros, acabó de germinarla la madre e hizo sonar, en el televisor, un villancico cualquiera, cantado con voces infantiles.
Formamos un círculo. Tengo a cada niña agarrada por una mano. Tengo, también, una madre, un padre, una abuela, una vecina que por nada del mundo se perdía el show y ninguna puñetera idea de cómo bailar uno solo de los cientos de estilos danzarios existentes sobre la faz de la tierra. Intento teorizar sobre cómo debe bailarse un villancico navideño. No se me ocurre nada. Acabo contoneándome a los lados de forma lamentable, sacando de ritmo más que marcándoles el ritmo a la niña entusiasmada y a la que se sacude para que la suelte y seguir jugando con sus juguetes nuevos. Con cada sacudida cae al suelo un poco de mi dignidad, como el polvo de hadas de Campanilla, pero, en lugar de alivianar las cosas, lo hace todo más pesado y no paro de repetir dentro de mi cabeza: tú puedes, tú puedes, aguanta. Lo peor es que ni siquiera me refiero a soportar esta situación ridícula, aunque un poco también.
Es 24 de diciembre de 2022, la temperatura es la más fría registrada para una Noche Buena en Cuba desde 1991. Pronto empezará a lloviznar, me queda una larga tarde de recorrer el municipio Cotorro en moto, disfrazado de Santa Claus, y me estoy cagando terriblemente.
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Lee la crónica completa:
Nota: La selección fue hecha por el comité editorial de Perpetuo con base en sus criterios individuales y la deliberación colectiva. Para leer más de nuestro proceso y el motivo por el que hicimos esta lista, puedes leer el siguiente texto.










