Nunca te gustaron las fotos. Prefiero vivir lo de ahora, no buscarnos en el eco de lo que vivimos antes. Las pocas que conservo fueron tomadas por mí; incluso imprimí algunas. Si el tiempo ha de devorarse todo, no pongamos resistencia. Una vez te entregué una foto de ambos, en una despedida. Me negaba a creer que, en serio, todo se muere. Pero la fotografía, desde su principio, es una técnica engañosa. El ángulo, la luz, la quietud de sus hábitats bajo el truco de encerrar al tiempo en un espacio controlado. Así lo creyeron, lo creímos o lo quisimos creer. Y aún cuando la muerte o el olvido posan junto a nosotros, sonreímos siempre. Por ejemplo, nuestra foto aquella en Teotihuacán: donde yo veo hacia adelante y busco tu imagen y sonrío mientras tú miras hacia otra parte. *** Leo sobre fotografía postmortem. Sobre las técnicas y artificios de simular con vida a una persona que acaba de morir. Pienso en cada padre o madre sosteniendo a sus bebés muertos en brazos pensando: está dormido, está dormida. En cada persona mirando un punto fijo, con la certeza de que toda actuación es vana: los ojos, su expresión de sueño son un maquillaje grotesco, una burla para el corazón que intenta convencerse de que la muerte no es a quien sostengo en mi abrazo; quien está en la silla de junto, absorto; quien está, pero no del todo. Al menos ellos lo sabían. Heridos, quienes tomamos tomaron fotos cayeron caímos en cuenta de que el tiempo es un animal que no vive, jamás, en cautiverio.
Irma Torregrosa. Mérida, 1993. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Autónoma de Yucatán. Autora de Piélago, libro ganador del Premio Hispanoamericano de Poesía San Román 2017. Su segundo libro, Lugar de taxidermia, fue finalista del XXXVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, en España, en 2023 y fue editado por el sello editorial Esdrújula en 2024.





