Al sangriento luto, ya diario Acuden lluviosas las Marías Como las lágrimas de un polvoriento rosario. Se han cansado de sangrar estas heridas Y como no hay nombre para el desastre Se tendría que llamar muerte a esta vida. Se ha secado el llanto de las madres Se han hartado de perderse los caminos Se ha instaurado como ley el aquelarre. Ahora que vivir es un delito Y nunca jamás es siempre ahora Seguirán los infiernos colmando paraísos. Las madres solo sufren y no lloran. Y yo las oigo, como un dolor de siglos Como un eterno cielo, huérfanas y solas. Ya no hay Marías llorantes de Cristos Y de este exilio de besos solo queda Una jauría de corazones vacíos. Ha muerto la primavera por el frío De un invierno que jamás llega A esta frontera de orillas sin un río. Ahora que los horizontes se alejan Está sediento el desierto de canciones, Y el llanto desgarrado de sus oraciones. Duerme junto al luto del la arena. Ahora que sus marchitas manos Plantan flores en los cementerios. Ahora, esta tierra baldía sobre cuerpos Es una procesión eterna de silencios.
Diego Labrador. Soy de Venezuela y tengo 23 años de edad. Actualmente curso octavo semestre de artes en la UCV. Me gusta escribir poesía aunque llevo poco tiempo tanto leyéndola como escribiéndola, me atrae escribir sonetos y diferentes esquemas poéticos hechos en rima.



