Temo que un día he de olvidar tu rostro. Como olas a castillos de arena; cual leñadores a selvas antiguas. Un cerrar de ojos y te habrás ido. Desaparecerás entonces, sin magia ni gritos; te iras con la quietud del principio. Quedaré solo, distante; recuerdos desvanecidos. Triste es la noche de tu partir; involuntaria y cruel, mas certera. Quietos, los astros se difuminan, tu constelación se borra del cielo. Del negro, una estrella opaca al resto. Una luz brillante indica el cambio. Los jinetes del recuerdo inverso: el tiempo, el crecer... ¡el maldito olvido! olvido… Olvido… OLVIDO ¡La frase retumba en mis sentidos! Mundo que trata siempre, sin respiro, de hacerme amena tu despedida. Ignora, en su naturaleza altiva, detalle menor pero preciso. Aún cuando es que te vas, queda en mi amargo recuerdo de tu olvido. Tan traicionero y nefasto olvido. ¡Te repites siempre sin sentido! Pero quizá sea ese el único método de lograr hoy las paces conmigo mismo. No hay otra manera ni hay otros motivos; quedan solo las paces con el olvido. He de sobrevivir a tu andar, sabiendo muy bien que hemos perdido; batallando la crueldad de ese triunfo. Queda solamente imaginar. Soñar con el rostro tuyo hace mucho perdido. Soñar, porque recordarte ya me es imposible. Sentirme protegido en las garras de lo onírico. Solo en mis sueños te recupero de este olvido.
Neftalí Reyes. Es pseudónimo de una autora o autor que prefiere el anonimato. El tiempo lo revelará.



