Lluvia. No es solo lluvia. Es el cuerpo que se olvida de cómo respirar, de cómo moverse sin romperse. Se mezcla el agua con el deseo y no sabemos si mojamos las manos o la piel. ¿El amor o la tormenta? ¿Nos mojamos de pasión o de miedo? Gotas sobre la ventana, golpean como dedos que buscan una respuesta que no existe. Un trueno, y nos miramos, sin saber si lo que queremos es callarnos o rompernos en voz. Cuerpos desbordados, se cruzan sin permiso, se sueltan, se pierden en el aire denso, y la pasión se derrite en cada charco. Un respiro, pero es la lluvia la que respira por nosotros, la que tiene la verdad que nunca llegamos a decir. Es un juego sin reglas, como este amor que se disfraza de tormenta. La noche no pregunta, el viento no sabe si es un beso o un grito, y las palabras ya son solo un eco, un suspiro ahogado entre las cortinas, entre la humedad de la piel que no se quita. Y tú, ahí, bajo la lluvia, sin importar si te mojas o si nos olvidamos. El pronóstico es confuso: lluvia o calor. Pasión o destrucción. Nos mojamos igual. En la noche, todo se funde en un charco donde el amor es solo lo que queda de la tormenta cuando ya no llueve.
Antonella Magliocco. Argentina, estudia Derecho. Amante del café y los libros, encuentra en la escritura su refugio más sincero. La poesía la acompaña desde siempre, y con orgullo vio publicados dos de sus poemas en una antología literaria de su ciudad, Miramar. Apasionada, sensible y reflexiva, escribe con el corazón en la mano, convencida de que la palabra tiene el poder de transformar y sanar.






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